lunes 14 junio, 2021
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«SEXTO SENTIDO» ¡Un día sin médicos!

Por. Adriana Luna

México no ha superado la pandemia del COVID-19, de hecho está entrando a una tercera ola de contagios, que según los especialistas, será mortal. ¿Podría usted imaginarse un día sin médicos? Los doctores están agotados, estresados, emocionalmente abatidos, se sienten discriminados y heridos. La desesperación y frustración están al grado de cuestionarse si vale la pena su labor. ¿Cómo llegó México a menospreciar al personal de salud, cuando en otros países son los héroes?

Tristemente, el mismísimo presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y quien debiera ser el doctor más ejemplar durante la pandemia; junto con Hugo López Gatell, se ha encargado de corroer su fortaleza, y es que con su insensibilidad, mediocridad e ineficiencia, ambos matan las últimas esperanzas de nuestros médicos. Y con ello, merman la esperanza de vida de los enfermos.

De entrada, señor presidente, se le olvida que usted gobierna para todos los mexicanos, pero se ha convertido en el principal discriminador oficial. No es la primera vez que lo hace. Distingue al “pueblo bueno”, en el que sólo caben sus simpatizantes; todo el que no concuerda con su visión es visto como el enemigo. ¡Hace política separatista! El mismo Plan Nacional de Vacunación es un ejemplo de discriminación, divide al personal médico entre sectores público y privado, a los hospitales entre COVID y No COVID. Solo unos tienen el privilegio de recibir una dosis contra el Coronavirus y con una ineficiencia tal, que ni siquiera los médicos de primera línea en hospitales públicos gozan de tener sus dosis completas.

¿Qué hay de los médicos que atienden en servicio privado, acaso para usted son ‘doctores fifís’? Ellos también atienden a pacientes enfermos de Coronavirus, todos corren el mismo riesgo, ¡todos están en primera línea, no solo los que están en instituciones públicas!

No señor presidente, no se trata de discriminar, ni de privilegiar, simplemente proteger a nuestro personal médico es cuestión de humanidad y hasta sobrevivencia. Han muerto miles de médicos en el último año, se están convirtiendo usted y su séquito en criminales. Ellos no mueren tras contagiarse en una fiesta, se enferman por atender a pacientes.

Si algo nos ha enseñado esta enfermedad es que el dinero no garantiza la salud, la iniciativa de creer que el sector privado tiene mayores beneficios en atención ¡es una enorme estupidez!

“¿Acaso valemos menos? ¿Quién va a cuidar de los enfermos si nosotros morimos? ¿Cree que porque practicamos la medicina privada contamos con dinero para acudir al hospital de paga? ¡No queremos respuestas estúpidas del Gobierno Federal, es un asunto serio!”, dicen los profesionales al urgir vacunas para todo el personal médico.

Muchos médicos y enfermeras, sin abandonar su bata blanca, dejaron los hospitales y salieron a las calles a manifestarse y exigir sus vacunas. ¡Es criminal, por donde quiera que se vea! Es una vergüenza, mientras en otros países se les aplaude, se les rinde homenaje, se les trata como héroes, aquí la hipocresía y la ineptitud los está matando. No hay mejor reconocimiento a su labor que darles protección a su salud, a su vida, en lugar de mandarlos a la guerra sin fusil y al frente de la batalla.

Además, no es aislado que en los municipios sobren dosis de vacunas, tan solo otro ejemplo increíble de la falta de organización, ¿por qué no se aplican esas vacunas al personal médico? ¿por qué no les protege la vida a quienes cuidan a los enfermos? ¿por qué les niega a los médicos (de todas las especialidades) el derecho a la salud? ¡Ellos atienden a enfermos potencialmente transmisores de la enfermedad! Imagínese en los asilos de todo tipo, hay geriatras, nutriólogos, enfermeros, cuidadores que no tienen la vacuna.

Y qué decir del equipo de protección que les dio a los médicos para enfrentar la cruenta batalla, fue de tan mala calidad que ellos mejor optaron por comprarse sus propios materiales.

Hay miles de especialistas dedicados al sector salud que llevan un año sin vivir con sus padres para protegerlos del virus porque trabajan en hospitales o en laboratorios donde se practican exámenes para detectar el COVID.

Le voy a explicar con peras y manzanas… no, mejor con el único lenguaje que al parecer usted entiende: ¡Los muertos no votan, los médicos sí! ¡Ellos y sus familias saben ahora por quién no votar en las próximas elecciones, téngalo por seguro!

 

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