jueves 06 mayo, 2021
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«POLÍTICA DE LO COTIDIANO» ¿Qué nos enseña el episodio John-Sabina?

 

Un episodio de conflicto como el sucedido el martes 10 de noviembre en el programa de Canal 11, John y Sabina, y que según narran ambos conductores en las redes o medios, se fue gestando meses atrás, tiene dos aspectos centrales a reflexionar. La polarización y politización de las opiniones, y el cuestionamiento sobre si se trata o no de violencia de género.

¿Una co-conducción implica igualdad?

Más allá de contratos, acuerdos (y desacuerdos) que conozcamos o no, creo que el nombre del programa es muy claro ¿no? Lleva el nombre de los dos conductores, co-conductores, por tanto. Si no fueran co-conductores, el programa se llamaría John y sus invitados, o las variantes que les gusten. El programa con casi un año de estar al aire, parece que un buen tiempo funcionó en el formato de co-conducción, pero luego ese formato se fue “descomponiendo” hasta llegar al episodio de la fecha citada, en el que lo que todos vimos fue al conductor ignorar por completo la existencia de su co-conductora. Negándole la palabra, ignorando sus preguntas, no permitiéndole despedirse, o sea, como si no existiera.

Estos hechos, causaron gran indignación en buena parte del público. Las críticas a lo que se llamó machismo, misoginia, violencia de género, inundaron las redes; al mismo tiempo, otra parte del público empezó a defender al conductor, alegando tres cosas: la utilización de los opositores al gobierno de este hecho para realizar un golpeteo político a un rostro conocido de la 4T; la negación de una violencia de género; su descripción más bien como un pleito “entre iguales”; y las acusaciones a Sabina como la verdadera grosera o provocadora.

¿Nos sumamos a la polarización?

Es muy probable que los miembros de la sociedad en los extremos más polarizados a favor o en contra del gobierno y/o de John Ackerman, no estarán abiertos a oír más argumentos que sus propias filias y fobias; para ellos John será el mejor aliado del feminismo y de los derechos humanos, o un hombre prepotente y misógino. En estos niveles los argumentos ya no se escuchan sino que solo se ve de quién provienen y cuál sería su oscura intención oculta. Es inevitable esta polarización, pero nos pierde de lo importante.

¿Hay violencia de género o no?

Sí. Esta polarización y sobre simplificación, desafortunadamente, pone en riesgo la posibilidad de ver la importancia de este hecho en términos de la violencia de género y su impacto simbólico en la sociedad. 

La violencia de género tiene varios grados y formas, y todas ellas están conectadas. Está basada en una desigualdad histórica, el lugar privilegiado que han tenido los hombres sobre las mujeres por siglos (lo que se llama el sistema patriarcal), esa desigualdad se sostiene por el sometimiento físico o psicológico que ejercen los primeros sobre las segundas, esa es la violencia de género. Hablamos de grados porque el sometimiento puede ser muy sutil, como burlarse, callar, interrumpir continuamente a las mujeres, o tomar formas graves hasta llegar al feminicidio. En general hay poco debate (salvo que se politice, o por franca ignorancia) sobre la existencia de los feminicidios. Pero la mayor parte del tiempo, las mujeres viven esos sometimientos de “baja intensidad”, porque los hombres las interrumpen, ocupan más espacio que ellas en la casa, el trabajo o el transporte público, se ponen de maestros y les explican cosas que no les preguntaron, las castigan dejándoles de hablar o simplemente las ignoran. Los teóricos de la comunicación de Palo Alto como Paul Watzlawick (1921-2007) llamaron a este fenómeno “desconfirmación”, y es considerada como una comunicación patológica que ocasiona grave daño en quien la recibe de forma sistemática porque le manda el mensaje de que no existe. Es sin duda una forma sutil pero grave de la violencia.

¿Se trata solo de un conflicto mutuo, entre iguales?

No. La escritora Sabina Berman es una mujer con privilegios, que cuenta con voz en los medios y redes de simpatía y apoyo en la sociedad civil, sin embargo eso no impidió que en su ambiente laboral, el académico Ackerman hiciera uso de una diferencia de poder para callarla, para quitarle la voz e ignorarla. He ahí que por muy empoderadas que parezcan las mujeres, siempre pueda haber una coyuntura en la diferencia de poder para ejercer esta anulación de su voz. 

“Pero es que ella también es grosera”, argumentan algunos. En los años que tengo de trabajar con parejas que viven violencia (principalmente heterosexuales y siendo principalmente el hombre el ejecutor de la violencia) siempre encuentro el argumento de “ella también”. Cuando preguntamos sobre las características de estos episodios (ojo, sí hay mujeres que ejercen violencia), son en general ellas las que, aunque griten o “se defiendan”, llegan a sentir temor de los hombres, es en la menor de parte de los casos que es al revés, y esto se debe a la diferencia de poder: simbólico, económico, físico. El que quita la palabra es el que tiene más poder y por tanto mayores probabilidades de ejercer violencia.

¿Es solo un escándalo mediático o un mensaje para hombres y mujeres?

La importancia de que un hombre de la política y la academia calle a una escritora en un programa de televisión es relevante para toda la audiencia porque manda un mensaje en el que se legitiman esas prácticas. Por eso su importancia no radica solo en la afectación a Sabina sino para todas las mujeres que se ven reflejadas en que eso “se vale”.

¿Entonces, hay golpeteo político o no?

Cualquier hecho mediático que involucre a personajes destacados de la política puede ser usado para el golpeteo. Pero éste es un efecto secundario y no debe perderse de vista lo principal para quienes trabajamos desde diversos ámbitos para visibilizar las violencias y construir un mundo de relaciones respetuosas, igualitarias y pacíficas, lo importante es señalar y condenar el acto irrespetuoso, conectado con todas las violencias de mayor alcance, sin que eso implique denostar al actor.

 

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