sábado 19 junio, 2021
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

«COLUMNA INVITADA» 53 años sin el Che IV

 

  • ¿Cuándo bautizaron a Ernesto Guevara como Che y por qué? ¿O cuánto es 28 por 26?

 

Por. Raúl Jiménez Lescas

En México, claro. Acá lo apodaron Che los exiliados cubanos, pero antes déjenme contarles algo: El viaje de Luna de Miel de los recién casados: el exiliado argentino, Ernesto Guevara e Hilda Guedea, exiliada peruana ocurrió a fines de 1955, es decir, cuando el futuro Che, tenía casi un año de haber pisado suelo mexicano. Por supuesto que los exiliados no lo consideraron como un viaje de Luna de Miel, sino de exploración muy esperado, sobre todo, porque ambos estuvieron en Guatemala, uno de los países que, junto a México, albergan buena parte de la obra de los Mayas.

¿Recuerdan cuándo llegó a México, Ernesto Guevara y por dónde? ¿Cuándo se casaron los exiliados y en dónde? Es muy importante saber quiénes fueron los padrinos, porque en México no a cualquiera se le hace compadrito o comadrita. ¿Estamos de acuerdo? Porque los compadres o comadres te llevan a bautizar al retoño o retoña y, se pueden hacer cargo de ellos en caso de ausencia de los padres (claro, sin son religiosos). Todo eso ya lo han leído en los episodios del 1 al 3 de esta primera temporada (que será la única hasta las 13:20 horas del 9 de octubre de 2020).

La Luna de Miel o viaje de expedición fue muy a la mexicana: por Veracruz, Mérida, Chichen Itzá, Uxmal y Palenque, eso nos chismeó Paco Ignacio Taibo II. En Veracruz, al parecer estuvo a punto de los golpes con unos borrachitos para defender a su reinita. Así era el futuro Che, en este caso más mexicano que argentino, aunque una simbiosis.

Guevara tomó muchas fotos y como niño con juguete nuevo subió las pirámides (en Argentina no existen), y nos heredó un poema:

¿Qué fuerza mantiene más allá de los siglos/viva y palpitante como en la juventud?

¿Qué Dios sopla, al final de la jornada/ el hálito vital de tus estelas?

La fuerza del poema denota que estaba tanto de luna de miel como impactado con el viaje y sobre todo con las pirámides mayas. ¿Y quién no estaría feliz en su Luna de Miel y sobre todo en Palenque? La región maya impacta a propios y extraños. Yo creo que todo mexicano debería ir una vez al año a esos lugares y rematar en Cancún o Isla Mujeres, Playa del Carmen o Cozumel.

Después de la Luna de Miel a la mexicana, Ernesto Guevara, el futuro Che, tenía asignada la cátedra de Fisiología en nuestra Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Así que también fue “pumita”, aunque la UNAM no reivindica al Che como su catedrático y, creo yo, no sé ustedes, debería. El Che docente de la UNAM.

Muy presente lo tengo yo, año de 1956: Guevara se convirtió en padre de familia, estudió ruso en el Instituto de Relaciones Culturales México-URSS, leyó el primer tomo de El Capital, estudió algo de mecanografía, aprendió a distinguir entre el primer movimiento de la Quinta y la Novena de Beethoven, quería aprender a tocar la guitarra y terminó con sus experimentos médicos, claro siguió escribiendo cartas a su madre y algunos poemas y, bueno, también cayó preso de la policía mexicana.

Fidel Castro había regresado de su gira por el norte para recaudar fondos y apoyos para la Revolución Cubana. El rinconcito mexicano donde se fraguó el plan de invadir la isla, según Taibo, fue un departamento cerca de una tienda llamada La Antillana: calle de Francisco José de Emparán 49 C, colonia Tabacalera, Centro Histórico de la Ciudad de México (¿Quién fue Emparán?, un noble español del siglo XVII).

Dice Taibo y, yo estoy muy de acuerdo con él, que toda revolución no sólo tiene alma, espíritu y fuerza, sino también una casa, aunque sea un pequeño depa rentado del fabuloso Centro Histórico de la capital de la República Mexicana.

Ahí en el depa de Emparán maduró la idea de Fidel Castro de hacer la expedición por el Golfo de México a Cuba para derrotar de forma armada al dictador cubano, Fulgencio Batista. ¿No es una paradoja que en la calle dedicada a un noble español se haya fraguado una revolución? Así es la historia llena de paradojas que luego no entendemos porque se sigue creyendo que la historia es memorizar nombres y fechas.

Para organizar tal empresa se necesitaba multiplicar 28 por 26. No se alarmen, no estoy hablando de matemáticas: eran los 28 revolucionarios exiliados del Movimiento 26 de Julio, pero de los 28, solamente dos fueron mexicanos y uno español (excoronel republicano), finalmente partieron a Cuba 82 revolucionarios, entre ellos el Che como médico.

¿Ven? 28×26=82.

El entrenamiento fueron largas caminatas por el norte de la ciudad de los palacios (ahora casas, departamentos, plazas comerciales) del entonces cine Lindavista a Zacatenco; subir el Ajusco, prácticas de tiro en Los Gamitos. Y, después, en un rancho de Chalco (hoy, Chalco Solidaridad) llamado Santa Rosa de un ex villista, apellidado Rivera.

Fue en esos días de 1956, cuando los cubanos exiliados bautizaron a Ernesto Guevara como “Che”.

¿Por qué Che?, dice Paco y estoy de acuerdo, por esa costumbre argentina de poner la interjección “che” por delante. “Che boludo”, “Che Ernesto”. Así como en México todo es “güey”: “pinche güey”, “güey, no seas güey” y, a diferencia de los argentinos que no se les ha ocurrido inventar el verbo che, a los mexicanos sí: Güey, vino a güeyearme ese güey. Verbo, sujeto y complemento.


Fuentes:
Hilda, Gadea. Mi vida con el Che. Txalaparta. 2017.
José Natividad Rosales. ¿Qué hizo el Che en México? Famosos documentos desconocidos a 5 años de su muerte. México. Editorial Posada. 1973.
Miguel M. Delgado. Abajo el telón. México. Película con Cantinflas. 1955.
Paco Ignacio Taibo II. Ernesto Guevara, también conocido como el Che. México. Planeta. 1996. Capítulo 7. Estaciones de paso.
Pierre Kalfon. Che: una leyenda del Siglo XX. Buenos Aires. Edhasa. 2010.

 

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