miércoles 22 septiembre, 2021
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BÁRBARA LEJTIK COLUMNAS BLOGS

«CEREBRO 40» Otra visión sobre el aborto

 

Vamos a hablar del tema y vamos a llamar a las cosas por su nombre.

En la Cuidad de México se han realizado desde 2007, que se aprobó la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), 209 mil 353 mil procedimientos legales y gratuitos en clínicas públicas.

En los 32 estados de la República Mexicana es legal si el embarazo es producto de una violación, en 29 cuando el embarazo pone en inminente riesgo la vida de la madre y en cinco es perseguido penalmente, si no obedece a cualquiera de estas dos razones.

La realidad es que millones de mujeres viven embarazos no deseados y pretenden por una razón u otra interrumpirlo.

Muchísimas son las opiniones al respecto, tantas como historias; la verdad es que nunca nos pondríamos de acuerdo y la reforma a la ley tiene que ser un asunto constitucional a la vez que personal.

¿Es un tema sólo de mujeres?

No forzosamente, en muchísimos casos no hay un padre involucrado, pero en muchos si y esto hace la detención del embarazo un asunto de dos.

¿El aborto es la interrupción de la vida?

Hay tantas respuestas como posturas religiosas y morales, hay quien asegura que no hay conciencia ni vida en un producto de 12 semanas de gestación, hay también posturas opuestas.

El hecho real y vamos a dejarnos de rodeos, si una mujer desea abortar, por la razón que sea, por no estar segura de querer enfrentar la maternidad, por no querer dejar de trabajar, por continuar con sus estudios, porque el embarazo es producto de una violación o simplemente de una relación no consensuada, por salud, por ideología o por la razón que sea, lo va a hacer.

Poco sabemos o tal vez no queremos enterarnos sobre los métodos que utilizan miles de clínicas clandestinas o casas, o personas que aseguran tener los conocimientos para interrumpir el embarazo.

Los métodos más monstruosos e inhumanos, inimaginables e inenarrables, en los que no se observa ningún tipo de respeto a la integridad de la madre, medida de higiene y mucho menos conocimiento.

Éstos van desde introducir hiervas por la vagina, los cuales pueden generar fuertes infecciones; hasta el uso de instrumentos punzocortantes no esterilizados, provocando hemorragias internas, esterilidad e incluso la muerte; botellas para hacer vacío, ganchos de alambre, actos forzados de violación por parte del practicante. Eso es lo que recibirá la paciente, quien al acudir en secreto a estos sitios clandestinos no podrá, en el mejor de los casos, denunciar de lo que fue víctima y por quien nadie responderá en caso de pérdida de la vida.

La respuesta para sus familiares al no volverlas a ver con vida será el esperado “ella se lo busco”.

El tema del aborto a menudo es sacado de contexto y se pone sobre una mesa de debate moral en lugar de ser visto y contextualizado como lo que realmente es, un tema de salud pública que nos rebasa y el cual constituye una de las primeras causas de muerte materna en nuestro país.

Debemos partir de la base en la cual México ocupa el primer lugar en abuso sexual infantil. Cinco millones de niñas y niños abusados por año.

También ocupamos el primer lugar de embarazo infantil entre los países de la OCDE.

En México, mientras se abren debates acerca del feminismo, el vandalismo y la libertad de decisión para abortar, el inicio de la vida sexual de muchas mujeres está sucediendo justo ahora, a los 12 años de edad.

En este país de fantasía, mientras cae la indignación por muros rayados y ráfagas de humo, lamentablemente una de cada cuatro niñas serán violadas antes de cumplir la mayoría de edad.

Por otro lado, y de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente un millón de niñas menores de 15 dan a luz cada año y en su mayoría bajo la sospecha de que esas niñas fueron abusadas sexualmente. Asimismo, tres millones de adolescentes de entre 15 y 19 años se practican abortos clandestinos en el mundo para interrumpir un embarazo no deseado.

La gran mayoría de ellas, debe hacerlo en ambientes no seguros, ya que el aborto se realiza en un contexto no solo prohibido, sino penado por la ley.

Son muchos, muchísimos delitos los que podrían derivarse de esta laguna gigante que, por más que nos esforcemos en “defender la vida” sucede, está ahí, ahora en la clandestinidad con una niña de 12 años muerta de miedo en las peores condiciones de salubridad.

El primero de ellos y tal vez el más evidente, es el enriquecimiento ilícito de las “clínicas clandestinas”, donde la mayoría de ellas piden sumas de dinero, joyas, bienes, etc., aprovechándose de la ignorancia, miseria o desesperación de quien busca abortar. Es un enriquecimiento que proviene de una de las formas más bajas y ruines de especulación, pero también, un enriquecimiento que responde a una realidad: a millones de mujeres que, legalmente o no, forzadas o no, desesperadas o no, lo realizan día con día.

El segundo delito o problemática es que la invisibilidad que el aborto clandestino facilita es precisamente que los violadores pasen inadvertidos, ya que no genera un registro de las razones por las cuales la niña, adolescente o mujer se realiza un aborto. En un país con índices tan altos de abuso sexual, en la mayoría de las ocasiones incluso, el violador se encuentra dentro de la propia familia y son las madres o familiares de la embarazada quienes acuden al aborto clandestino para evitar la sanción de quien perpetúa un ciclo vicioso de abuso sexual y psicológico.

Por eso es importante poner las cartas sobre la mesa y decir las cosas como son.

Porque la mayoría de las niñas o mujeres no se lo buscaron. Muchas, millones de ellas viven en círculos de abuso, violencia y pobreza. Ellas, nuestras mujeres, no merecen morir en una plancha en manos de otro criminal disfrazado con una bata.

La legalización del aborto no se trata de incentivar el aborto, sino de disminuir la muerte materna; se trata de salvar a niñas embarazadas, de denunciar los embarazos adolescentes no deseados, de denunciar agresores, de proteger la vida de quienes apenas y pueden proteger la suya; la legalización del aborto se trata de atrevernos a quitar el dedo que tapa el sol, por muy doloroso que sea.

Con una mujer adulta y consiente se puede hablar sobre prevención, pero ¿a una niña violada qué es lo que le tenemos que decir?

Seguir cerrando los ojos ante una realidad que nos persigue y anteponer respuestas religiosas y moralistas cuando no somos nosotros los que estamos viviendo la tragedia, nos impide ver con objetividad la dimensión del problema, no solo es el fin de la vida feliz de la madre, es también la continuidad de generaciones marcadas y reguladas por la violencia y la inequidad.

Si, defendamos la vida, pero también respetemos la de todas las mujeres.

Es un compromiso social cuidar y respetar la integridad de cada niña y cada mujer, y eso abarca desde la violencia hasta el reconocimiento de sus derechos y decisiones.

 

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