martes 26 octubre, 2021
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

«ReVOTANDO Ideas» Los procesos electorales y la participación ciudadana en tiempos de COVID19

 

La expansión e intensidad de la pandemia derivada del virus COVID-19, ha traído consigo cambios importantes en nuestras relaciones personales, laborales, en nuestros proyectos y nos sitúa ante diversas problemáticas en torno al tema que nos ocupa en el Instituto Electoral de la Ciudad de México; las elecciones y la participación ciudadana. 

Comparto algunos datos y experiencias sobre la situación de los procesos políticos y de la participación ciudadana en tiempos de la pandemia que estamos viviendo por el virus COVID-19. 

De acuerdo con datos del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (International IDEA), a escala global hasta el 11 de junio de 2020, al menos 66 países han decidido posponer sus procesos electorales. No obstante, 33 países optaron por mantener el calendario electoral original. En América Latina, 14 procesos han sido pospuestos y algunos esperan reprogramación.  

Algunas de las elecciones pospuestas en lo que va de 2020 son:

  • Elecciones para presidente, vicepresidente, senadores y diputados en la República Dominicana, programadas en un inicio para el 17 de mayo; postergadas para el 5 de julio, con una eventual segunda ronda el 26 de julio.
  • Elecciones generales en Bolivia, originalmente programadas para el 3 de mayo; postergadas para el 6 de septiembre.
  • Referendo constitucional en Chile, previsto para el 26 de abril.
  • Elecciones para elegir mil 400 Juntas de Acción Comunal en Colombia, originalmente programadas para el 26 de abril.
  • Elecciones locales en Coahuila e Hidalgo, México, previstas inicialmente para el 7 de junio.
  • Elecciones primarias en Paraguay, previstas para el 12 de julio.
  • Elecciones municipales en Paraguay, originalmente programadas para el 8 de noviembre, diferidas para 2021.
  • Elecciones primarias en Puerto Rico, planeadas en principio para el 29 de marzo.
  • Elecciones departamentales y municipales en Uruguay, previstas originalmente para el 10 de mayo.

Por otro lado, en los países o ciudades donde se ha determinado continuar con los procesos electivos, se han desarrollado distintos esfuerzos de adaptación y protección de la salud que las autoridades electorales han tenido que implementar para procurar unas elecciones libres de riesgo de contagio y, a su vez, garantizar el ejercicio de derechos político-electorales. 

En Estados Unidos, por ejemplo, 15 estados realizaron elecciones primarias y en varios se ampliaron algunas modalidades relevantes para esta ocasión. En Kansas y Washington, las elecciones se llevaron a cabo completamente por correo. Asimismo, y a fin de ampliar el acceso a toda la ciudadanía, las autoridades de Rhode Island decidieron enviar a todos los votantes una solicitud de voto postal con timbre pagado (IDEA, 2020).

Lo ocurrido durante el proceso electoral del pasado 7 de abril en el estado de Wisconsin, abre de nueva cuenta el debate en torno al ejercicio efectivo del derecho al voto y la integridad de los procesos electorales. Y lo menciono así, ya que en dichas elecciones se sentó un importante precedente en torno a las aplicaciones móviles de transmisión de resultados, tuvieron fallas estrepitosas y, además, la muy cuestionada decisión de la Suprema Corte de los Estados Unidos, la cual determinó que para que el voto de la ciudadanía contara, los votos deberían de ser enviados por correo a más tardar a las 20:00 horas del día de la jornada electoral o emitir el sufragio de manera presencial. Ello llevó a que la ciudadanía de Wisconsin saliera a las urnas en medio de una emergencia sanitaria global para elegir no solamente al candidato presidencial demócrata, sino también a titulares de casi cuatro mil cargos locales.

La jornada, en medio de una crisis sanitaria, tuvo como resultado que se reubicaran o suprimieran un número importante de casillas. Una cantidad sin precedente de personas solicitó emitir el sufragio por correo, sin embargo, derivado de la sentencia de la Corte de Justicia, los derechos político-electorales de la ciudadanía se vieron limitados. Con el número de casillas reducido y las limitaciones para ejercer el sufragio por correo, muchas personas debieron soportar largas filas para poder emitir su voto. 

Si bien estos son algunos ejemplos de las prácticas que se han implementado en otras ciudades, no hay que olvidar que para la determinación que tenga que tomar cada país o ciudad habrá que considerar el marco jurídico, las capacidades de las instituciones y autoridades electorales, y el contexto político y cultural de la región.

International IDEA junto con la Red Mundial de Justicia Electoral, cuya secretaría la ejerce el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de México, constituyeron un grupo de personas latinoamericanas expertas en materia electoral que han realizado distintas reuniones virtuales para analizar la problemática y plantear distintas posibilidades o vías de actuación ante la pandemia y el calendario electoral de la región. 

En estas discusiones han identificado las siguientes consideraciones básicas para órganos electorales: 

  1. Siempre debe estar en primer lugar la salud pública. Cualquier decisión debe tomarse con base a lo que establezcan los especialistas de salud, de manera que se pueda asegurar tanto el derecho al sufragio, como la salud de la ciudadanía. 
  2. Deben considerarse los riegos políticos, financieros y legales de modificar la fecha de un proceso electoral o de participación. 
  3. Debe tomarse en cuenta el impacto que tendría el cambio en el ciclo electoral. 
  4. Asimismo, deben tomarse en consideración las particularidades políticas, históricas y geográficas de cada país y sus diversas regiones. 
  5. Finalmente, el grupo de personas expertas también ha destacado que cualquier cambio debe estar acompañado de las fuerzas políticas, de gobiernos y oposiciones, de autoridades y de ciudadanía. 

Una de las características más notables de los sistemas democráticos es la participación de los ciudadanos en la elección de sus representantes. Este proceso constituye un elemento esencial de las democracias, ya que representa el medio más común de participación política, además legitima y fortalece el sistema político. 

Irina Alberro (2004) sostiene que los ciudadanos que votan incrementan sus probabilidades de estar representados e influir en las decisiones de políticas públicas adoptadas. En este sentido, una representación desigual de los ciudadanos puede llevar a la desigualdad en la influencia política, surgiendo problemas de representatividad entre los grupos sociales. Esto último cobra relevancia en situaciones como la que estamos viviendo, hasta qué punto la crisis sanitaria podría llevarlos a una situación como la descrita anteriormente. 

Me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿Podríamos predecir un incremento en el abstencionismo? Recordemos a Dieter Nohlen, quien señalaba que uno de los posibles efectos del abstencionismo sobre la democracia es el debilitamiento de la legitimidad. 

En México, diversos estudios han documentado que la tasa de participación electoral es relativamente baja y que no es la misma entre los diferentes tipos de elecciones. La tasa de participación en las cuatro últimas elecciones presidenciales (incluyendo la de 2018) ha sido en promedio de 64 por ciento, mientras que la tasa de participación promedio en las cuatro últimas elecciones intermedias ha sido de 52 por ciento. Una tasa de participación electoral baja representa serios riesgos para la continuidad y el fortalecimiento del sistema democrático. 

Autores como Nohlen (2004), y Aarts y Wessels (2002) argumentan que mientras más baja es la participación electoral, más bajo el nivel de legitimidad de la democracia; es decir, a mayor participación electoral mayor calidad de la democracia. Asimismo, en los últimos años algunos estudios han relacionado la calidad de la democracia con los niveles de bienestar de la población. 

En este sentido, creo que estamos ante un arma de doble filo, ya que en diversas ocasiones diferentes expertos se han manifestado sobre el hecho de que tanto realizar las elecciones como retrasarlas o posponerlas conlleva riesgos, no sólo para la salud pública, sino también para la democracia (Hollingsworth y Seo, 2020).

Al respecto, Toby James, profesor de ciencia política de la Universidad de East Anglia, sostuvo respecto a la postergación de las elecciones que de forma intuitiva podríamos creer que la postergación de las elecciones suena a una práctica antidemocrática, pero en realidad la democracia, de alguna manera, podría verse socavada por la celebración de unas elecciones bajo circunstancias extraordinarias como a las que nos estamos enfrentado. 

Sin duda nos encontramos ante una encrucijada y ante una realidad que por mucho nos sobrepasa.

https://www.youtube.com/watch?v=PYsezwbl3EQ

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