miércoles 23 junio, 2021
Mujer es Más –

 

Por fin, para arrancar el quinto mes del año 2020, sí en el siglo XXI celebramos que, las mujeres y niñas de Sudán, dejarán de ser violentadas en sus derechos fundamentales, pues se ha penalizado la mutilación genital femenina.

Sin lugar a dudas es muy tarde para generaciones completas de mujeres, muchas de ellas niñas y jóvenes que tendrán que vivir con el peso de una cultura que decidió que su cuerpo podía ser mutilado, sin ser merecedoras de una acción así, como si su cuerpo fuese imperfecto, sin su consentimiento, decisiones basadas en creencias que permiten modificar lo que ha nacido perfecto.

Desde 2008, la iniciativa Saleema apoyada por la UNICEF, ha trabajado con el objetivo de poner fin a la mutilación, basándose en una palabra con un poderoso significado: “intacto”, “en una condición dada por Dios”, apoya la protección a que las niñas no sean violentadas en su dignidad, poniendo en riesgo inclusive su vida.

En 2012 y 2014 la Asamblea General de la ONU se pronunció para exhortar a las naciones a abolir la mutilación genital femenina, considerando que la misma produce desigualdades basadas en el género y en normas sociales y culturales que discriminan a las niñas y mujeres en su sociedad. Además de que se refirió a la obligación de los Estados Parte, de legislar de conformidad con la Convención Sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, para evitar prácticas nocivas que las vulneren.

En ese 2014 que se presentó el Informe del Secretario General respecto a los avances en el tema de eliminar la mutilación genital femenina, aborda los 29 países africanos y de Asia, donde esta práctica es común en esas regiones y que afecta a casi 125 millones de niñas y mujeres; sumando 30 millones más de menores en situación de riesgo.

La práctica en esas regiones tiene que ver con creencias o costumbres de las comunidades, sin embargo desde hace más de una década se han intensificado acciones de organismos internacionales e instituciones por erradicarla, ya que además de vulnerar derechos humanos, pone en riesgo la vida y salud hasta la edad adulta de las niñas a las que se les práctica.

Trabajar desde 2008 por concienciar y sensibilizar a gobiernos para lograr una armonización legislativa no ha sido tarea fácil, pero si se debe a un cambio de criterios y a un razonamiento respecto de los derechos humanos de las mujeres y niñas, sobre su cuerpo y dignidad humana, el derecho superior a la vida y a que esa vida sea saludable.

Después de la emisión de la resolución 67/146 de la Asamblea General de la ONU, se diseñó una estrategia, la cual en una primera fase del Programa Conjunto concluyó en 2013, con la aceleración de la eliminación de esta práctica, por lo que 15 países abandonaron la ablación genital femenina.

La siguiente fase, que concluyó en 2017, fue para evaluar el Programa Conjunto y la creación de un marco que permita que la siguiente generación de mujeres pueda no ser sujeta a la mutilación genital femenina.

Por supuesto que debemos festejar que Sudán haya determinado tipificar la mutilación y que por lo menos sancione con tres años de prisión a quien la practique, ya que la lesión a los órganos femeninos exteriores no tiene justificación médica alguna.

Esta aberrante práctica tiene que ver con cuestiones sociales o culturales, en los que las lesiones a los genitales femeninos tienen que ver con el honor de las familias, atentando contra la sexualidad, dignidad, salud y hasta la vida de las niñas y mujeres.

Alterar los genitales femeninos, tiene que ver con estereotipos de género, con lo que se controla la sexualidad femenina, tratándose más de un ritual que pone en riesgo la integridad física de las niñas, aunado a ello, están las cuestiones psicológicas que acompañan de por vida a quienes han sido mutiladas.

La UNICEF pretende que la mutilación genital femenina se elimine en el 2030, por ello la determinación de Sudán resulta relevante, pues la brecha se acorta para lograr la meta proyectada.

Saleemizar a las niñas, es decir, dejar intacto su cuerpo es un reconocimiento integral a sus derechos fundamentales, es respeto y protección a su vida, el derecho a la dignidad, a la libertad, a la salud, a vivir su sexualidad.

 

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