sábado 10 abril, 2021
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

Benito Juárez de puño y letra 

  • Dos veces cruzó Juárez Panamá: de venida y de regreso (1854-1858)

Por. Raúl Jiménez Lescas

En sus Apuntes a sus hijos, Benito Juárez recordó su travesía por el Istmo de Panamá: “Viví en esta ciudad [Nueva Orleans] hasta el 20 de junio de 1855 en que salí para Acapulco a prestar mis servicios en la campaña que los generales don Juan Álvarez y don Ignacio Comonfort dirigían contra el poder tiránico de don Antonio López de Santa Anna. Hice el viaje por La Habana y el Istmo de Panamá y llegué al puerto de Acapulco a fines del mes de julio” [de 1855]. Así de fácil, pero en realidad fue toda una travesía de kilómetros por mar y tierra. Más de un mes de travesía. Toda una odisea política, fue la ruta por la Revolución de Ayutla.

El istmo centroamericano estuvo ligado al destino político de Juárez en dos ocasiones. La primera, porque debió cruzar Panamá para embarcarse a Ayutla, donde se gestó una revolución con el general Juan Álvarez al frente; la segunda para pasar del Pacífico al Mar Caribe (en el Atlántico), para instalar su gobierno liberal y constitucional en Veracruz. La primera vez (de venida) fue en 1854, la segunda (de ida), cuatro años después. En esos años no existía el Canal de Panamá, puesto que fue inaugurado hasta agosto de 1914. Así que la travesía de Juárez por el estrecho istmo centroamericano fue un largo, penoso y sinuoso camino.

Juárez no dejó en sus Apuntes a sus hijos sí usó el ferrocarril de Panamá que se había construido a través del istmo (1850 y 1855), con unos 75 kms de extensión, desde Colón en la costa atlántica hasta Panamá en el Pacífico o una parte la recorrió a “pata”. Es probable que la travesía para alcanzar el pacífico haya sido más accidentada. Para Juárez era normal, puesto que caminó por la Sierra Norte de Oaxaca para alcanzar su objetivo. Igualmente, aplica para el Istmo de Panamá. Juárez no se quejaba ni era remilgoso. Llegaba a su destino, aunque el camino fuera un impedimento.

Entonces Panamá era parte de la Gran Colombia y no existía el actual Canal de Panamá. La llamada “Revolución de Independencia” de Panamá ocurrió después, auspiciada por los yanquis. Pero eso es harina de otro costal.

Pero las cosas fueron más dramáticas que las que yo he narrado. Veamos en puño y letra de Juárez. Según los Apuntes de Benito, las cosas sucedieron más o menos así: “Luego que en 1852 dejé de ser gobernador del Estado se me nombró Director del Instituto de Ciencias y Artes y a la vez catedrático de Derecho Civil. En esos días ya había estallado el motín llamado revolución de Jalisco, contra el orden constitucional existente y en favor del Partido Retrógrado. Aunque yo no ejercía ya mando ninguno en el Estado, fui sin embargo perseguido no sólo por los revoltosos que se apoderaron de la administración pública, sino aun por los mismos que habían sido mis correligionarios y que bajo mi administración había yo colocado en algunos puestos de importancia.”. Como vemos, Juárez llamó a los conservadores “Partido Retrógrado” y lo eran. Representaban al viejo régimen, al viejo y caduco poder de dominación iniciado por la familia Cortés.

La aprehensión y deportación de Juárez por la dictadura de Santa Anna fue narrada por su protagonista: “El día 25 de mayo de 1853 volví del pueblo de Ixtlán donde fui a promover una diligencia judicial en ejercicio de mi profesión. El día 77 del mismo mes fui a la Villa de Etla distante cuatro leguas de la ciudad a producir una información de testigos a favor del pueblo de Teococuilco, y estando en esta operación como a las doce del día llegó un piquete de tropa armada a aprehenderme y a las dos horas se me entregó un pasaporte con la orden en que se me confinaba a la Villa de Jalapa del estado de Veracruz. El día 28 salí escoltado por una fuerza de caballería con don Manuel Ruiz y don Francisco Rincón que iban igualmente confinados a otros puntos fuera del Estado”.

Empezó entonces el peregrinar de Benito: “El día 4 de junio llegué a Tehuacán en donde se retiró la escolta. Desde ahí dirigí una representación contra la orden injusta que en mi contra se dictó. El día 25 llegué a Jalapa, punto final de mi destino. En esta villa permanecí setenta y cinco días, pero el gobierno del general Santa Anna no me perdió de vista ni me dejó vivir en paz, pues a los pocos días de mi llegada ahí recibí una orden para ir a Jonacatepeque del estado de México, dándose por motivo de esta variación el que yo había ido a Jalapa desobedeciendo la orden del gobierno que me destinaba al citado Jonacatepeque”.

Pero en realidad fue el pretexto de la dictadura para “mortificarme porque el pasaporte y orden que se me entregaron en Oaxaca decían terminantemente que Jalapa era el punto de mi confinamiento. Lo representé así y no tuve contestación  alguna. Se hacía conmigo lo que el lobo de la fábula hacía con el cordero cuando le decía que le enturbiaba su agua. Yo me disponía a marchar para Jonacatepeque cuando recibí otra orden para ir al Castillo de Perote. Aún no había salido de Jalapa para este último punto cuando se me previno que fuera a Huamantla del estado de Puebla, para donde emprendí mi marcha el día 12 de septiembre; pero tuve necesidad de pasar por Puebla para conseguir algunos recursos con que poder subsistir en Huamantla donde no me era fácil adquirirlos”.

El peregrinar de Juárez aún no terminaba: “Logrado mi objeto dispuse mi viaje para el día 19; mas  a las diez de la noche de la víspera de mi marcha fui aprehendido por don José Santa Anna, hijo de don Antonio, y conducido al cuartel de San José, donde permanecí incomunicado hasta el día siguiente que se me sacó escoltado e incomunicado para el castillo de San Juan de Ulúa, donde llegué el día 29. El capitán don José Isasi fue el comandante de la escolta que me condujo desde Puebla hasta Veracruz. Seguí incomunicado en el castillo hasta el día 9 de octubre a las once de la mañana en que el gobernador del castillo, don Joaquín Rodal, me intimó la orden de destierro para Europa entregándome el pasaporte respectivo”.

Juárez había enfermado y se aprestó para su exilio en el extranjero: “Me hallaba yo enfermo en esta vez y le contesté al gobernador que cumpliría la orden que se me comunicaba, luego que estuviese aliviado; pero se manifestó inexorable diciéndome que tenía orden de hacerme embarcar en el paquete inglés Avon que debía salir del puerto a las dos de la tarde de aquel mismo día y, sin esperar otra respuesta, él mismo recogió mi equipaje y me condujo al buque. Hasta entonces cesó la incomunicación en que había yo estado desde la noche del 12 de septiembre”.

Zarpó el oaxaqueño a Cuba: “El día 9 llegué a La Habana donde, por permiso que obtuve del capitán general Cañedo, permanecí hasta el día 18 de diciembre que pasé para Nueva Orleans donde llegué el día 29 del mismo mes. Viví en esta ciudad hasta el 20 de junio de 1855 en que salí para Acapulco a prestar mis servicios en la campaña que los generales don Juan Álvarez y don Ignacio Comonfort dirigían contra el poder tiránico de don Antonio López de Santa Anna. Hice el viaje por La Habana y el Istmo de Panamá y llegué al puerto de Acapulco a fines del mes de julio”.

El general Santa Anna fue duro con los exiliados: “Lo que me determinó a tomar esta resolución fue la orden que dio Santa Anna de que los desterrados no podrían volver a la República sin prestar previamente la protesta de sumisión y obediencia al poder tiránico que ejercía en el país. Luego que esta orden llegó a mi noticia hablé a varios de mis compañeros de destierro y dirigí a los que se hallaban fuera de la ciudad una carta que debe existir entre mis papeles, en borrador, invitándolos para que volviéramos a la patria, no mediante la condición humillante que se nos imponía, sino a tomar parte en la revolución que ya se operaba contra el tirano para establecer un gobierno que hiciera feliz a la nación por los medios de la justicia, la libertad y la igualdad. Obtuve el acuerdo de ellos habiendo sido los principales: don Guadalupe Montenegro, don José Dolores Zetina, don Manuel Cepeda Peraza, don Esteban Calderón, don Melchor Ocampo, don Ponciano Arriaga y don José María Mata. Todos se fueron para la frontera de Tamaulipas y yo marché para Acapulco”.

Para el estudioso de la Revolución de Ayutla, Raúl González Lezama, “El último gobierno de Antonio López de Santa Anna resultó ser un auténtico fracaso, lejos de lograr la unidad y estabilidad política que se esperaba obtener cuando se le permitió establecer un gobierno fuerte que se creía necesario para obtener esos objetivos, consiguió un gobierno tiránico que lastimaba a todas las esferas de la sociedad. Salvo algunas manifestaciones menores que fueron duramente suprimidas, la mayoría de los grupos carecían de las armas y la organización necesarias para oponerse al dictador”.

Recordó la historiadora Doralicia Carmona, “En medio de esta lucha entre liberales y conservadores, en mayo de 1853 Santa Anna envía a Juárez prisionero a San Juan de Ulúa, luego a La Habana y de ahí se le deporta a Nueva Orleans donde para sobrevivir, trabaja en un taller de imprenta –enferma de fiebre amarilla– y como torcedor de tabaco. Ahí, durante dieciocho meses, consolida sus ideas liberales y su acercamiento con personajes como Melchor Ocampo, hombre inclinado hacia el socialismo utópico, que mayor influencia ejerció sobre Juárez; y de intelectuales como Ponciano Arriaga, liberal social; de José María Mata, radical liberal, y de José Guadalupe Montenegro, también exiliados. Todos buscaban terminar el estado colonial persistente –estamental y corporativo– para implantar un nuevo estado nacional laico y tolerante –republicano, federal y democrático–; crear una verdadera ciudadanía –libre de fueros militares y clericales– mediante una educación racional no religiosa; y sacar de la ruina al erario público por medio de la secularización de los bienes eclesiásticos, y reanimar así la economía mexicana estancada desde la independencia”.


Fuentes

Benito Juárez. Apuntes para mis hijos. En: https://bivir.uacj.mx/BenitoJuarez/ApuntesParaMisHijos.pdf
David McCullough. Un camino entre dos mares: La creación del canal de Panamá. 1870-1914.  Espasa Calpe, 2004. Colección Espasa Forum 261437.
Doralicia Carmona. Benito Pablo Juárez García. 1806-1872. Memoria Política de México. México. Edición perenne. Digital.
INEHRM. Aportaciones de Juárez. Expedientes Digitales. En: https://inehrm.gob.mx/es/inehrm/Aportaciones_de_Benito_Juarez
INEHRM. La Revolución de Ayutla. Expedientes Digitales. En: https://inehrm.gob.mx/es/inehrm/La_Revolucin_de_Ayutla
Olmedo Beluche. La separación de Panamá de Colombia. Mitos y falsedades. Reflexiones sobre la patria. Tareas no. 122. CELA, Centro de Estudios Latinoamericanos “Justo Arosemena”. Enero-Abril 2006. ISSN: 0494-7061. Disponible en la World Wide Web: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/panama/cela/tareas/tar122/06beluche.pdf

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