martes 19 enero, 2021
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«COLUMNA INVITADA» Zonas de libre expresión

Óscar H. Morales Martínez

Las plataformas digitales y redes sociales como Facebook y Twitter son, desde la óptica legal, de naturaleza privada, es decir, pertenecen a empresas que “gratuitamente”, conceden su uso al público bajo determinados términos y condiciones.

Pero nada es gratuito en esta vida. Al contrario, estamos pagando un precio muy alto por ser parte de ellas.

Es un tema sumamente complicado definir los alcances de la libertad de expresión. ¿Se puede decir y hablar de todo sin ninguna repercusión o límite?

Dependerá del lugar, el tiempo, las circunstancias, el contenido, la intención, la cultura, la investidura o jerarquía del que lo expresa y tantos factores más, lo que modula la amplitud para expresarnos en libertad.

Las palabras tienen el poder de conectarnos con los demás y construir puentes, pero también tienen una gran fuerza destructiva. Todos pueden hablar, pero pocos saben comunicarse.

La regla general es que la libertad de expresión no puede alterar el orden público, ni atentar contra otros derechos civiles, pero en un mundo donde cada vez hay más nacionalismos, ruptura de colectividades e híper sensibilidad en muchos temas, casi todo lo que se pueda decir afecta a algo o a alguien, de una u otra forma.

Expresarse correctamente es como patinar en hielo quebradizo.

Los recientes eventos ocurridos en el Capitolio de Washington y la decisión de Facebook y Twitter de suspender definitivamente las cuentas de Donald Trump, advierten cuatro problemas: el acotamiento subjetivo de la libertad de expresión, la vigilancia de nuestras actividades, el control de nuestra información y la desprotección a la que nos enfrentamos por no saber quién maneja todo eso.

Nuestras vidas privadas (fotografías, comentarios, gustos, preferencias, familia, amigos, mascotas, compras, etc.) dejan de ser privadas desde el momento que aceptamos usar las redes sociales.

Programas especializados detectan características faciales, voz, huellas dactilares y otros rasgos de identidad que nos vuelven localizables en cualquier parte del mundo.

La propaganda política, anuncios e información nos llega personalizada, de acuerdo a nuestros intereses, por lo que nuestra visión es resultado de un microcosmos que nosotros mismos inconscientemente hemos construido y que por supuesto difiere de otras personas, perdiéndose objetividad y universalidad al radicalizar nuestros pensamientos.

Recientemente publicó en su cuenta de Twitter el Embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau: “Uno de mis grandes placeres ha sido esta comunicación con cientos de miles de mexicanos a través de redes sociales, el nuevo canal de la diplomacia”.

La política ha encontrado una nueva manera de comunicar y hacer llegar su discurso a más personas que en cualquier otra época de la humanidad.

¿Vale la pena luchar por una libertad de expresión cuyo costo es la privacidad?

Más que perdernos en una discusión sobre los límites de la censura en redes sociales, deberíamos replantearnos en la necesidad de seguir utilizando esas plataformas.

Nuestra información está en manos de empresas privadas a las que hemos dado nuestro consentimiento voluntariamente para que se apropien de ella y sea utilizada, incluso, poniendo en riesgo nuestra seguridad personal.

Las redes sociales son peligrosas zonas de libre expresión, que han trascendido territorialmente lo que antes eran espacios públicos o zonas específicas donde la gente podía manifestar sus ideas.

En Londres aún existen los “Speaker´s Corner” (Rincón del orador), siendo el más conocido el que se ubica en el extremo noreste de Hyde Park. Ahí, cualquier persona puede expresar cualquier idea y debatir con el público asistente, siempre y cuando no se viole alguna ley o se ofenda a la Corona Británica.

Grandes oradores como Karl Marx, Vladimir Lenin, George Orwell y William Morris hablaron desde esa esquina.

En otros países como Canadá, Australia, Holanda, Indonesia y otras partes, también existen lugares similares, espacios públicos para expresarse.

En Estados Unidos existen zonas de libre expresión que son utilizadas para hacer manifestaciones, pero esto ha sido considerado como una limitación grave a la libertad de expresión por restringirse a espacios determinados.

En cualquier caso, ya sea a través de plataformas digitales, espacios públicos o cualquier otro medio de comunicación, debe existir una reglamentación ajena a intereses privados o públicos para evitar su mal manejo, restricción o propagandismo, sea cual fuera la ideología.

El nuevo reto mundial será regular el uso de las redes sociales que se han convertido en las nuevas armas nucleares en la guerra de la información y sobre todo en algo más redituable, la desinformación.

 

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