miércoles 14 abril, 2021
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«2020: EL AÑO DEL ENCIERRO» La vida en tiempos de COVID

 

Era marzo cuando empezaron a llegarnos todas las noticias de la campaña de ‘Quédate en casa’, hicimos memes de Susana distancia, en todos los grupos de WhatsApp se “agregaba” un coronavirus al grupo: Temerosos y con el humor que nos caracteriza empezamos a tomar las medidas, sin dimensionar lo que venía.

Yo jamás había trabajado desde mi casa, era impensable. Ni siquiera tengo el espacio físico adecuado para ello, porque siempre estaba en la oficina, no tenía necesidad de disponer de un lugar de casa para improvisar mi lugar de trabajo.

Se acabaron las clases presenciales. En abril se determinó que se suspendían los plazos y nos fuimos a casa, por 20 días. El regreso estaba previsto para el 20 de abril y así lo creí. Me fui a mi lugar de origen, para estar junto con mis hijos, que por las actividades laborales y escolares siempre estamos separados, pasamos pues, los siguientes casi 5 meses juntos, encerrados, empezamos por un rompecabezas, armamos legos, cocinamos juntos, limpiábamos los productos del supermercado que pedíamos en línea, atendíamos tareas escolares y reuniones de oficina. También hicimos maratón de películas, retomamos una serie que veíamos mamá e hijos. Reímos juntos. Pasamos dos cumpleaños solos los tres, nos dimos cuenta que la cosa estaba complicada cada día que veíamos los reportes del número de muertes y contagios, pero no tanto, como cuando no encontrábamos un pastel para festejar.

El sueño se fue. Ya no dormía por las noches, lo peor es que ni en el día, porque no me gusta. No entendía, estábamos sanos los tres, se supone que nada me debía preocupar. Tuvimos que salir un día a otro Estado a que uno de mis hijos hiciera su examen de ingreso a la universidad, me dio mucho miedo. Fue de las primeras salidas. Lo sufrí.

Estar encerrada me hizo reflexionar. Supe de familiares de mis amistades y personas queridas que se contagiaron, algunos no lo superaron. Dejé de ver las noticias. Ya no leía el reporte de Covid, ni el oficial ni el que mandaban de la oficina. Mucho menos seguí comparando números con lo que pasaba en Europa, mis dudas solo eran pensando en el regreso a las oficinas.

Con el arranque del proceso electoral sucedió que en agosto regresamos, con muchas medidas de cuidados, protocolos de acceso y de atención a la ciudadanía, el autocuidado es vital. Decidí usar las escaleras, el elevador me daba miedo. La vida empezó a tomar algún tipo de normalidad, no la misma de antes, pero ya acudía a mi lugar de trabajo.

Ahí vino la otra reflexión: no fue fácil trabajar en casa, compartir el internet con los hijos e hijas estudiantes, prefería trabajar en la noche, de ahí la perdida de sueño. El gasto de servicios se duplicó. Pero también ha sido la ocasión para observar las múltiples desigualdades con las que vivimos.

Valoré como nunca antes tener un espacio de expresión como el que me permite Mujer es Más, pude decir todo lo que analizaba en mis clases de derechos humanos, porque vaya que hablamos de cómo el Covid estaba afectando a los grupos de mayor vulneración y que requieren atención. Pero entonces, caías en cuenta que en casa era necesaria la contención de emociones, hablar de que la pandemia para nosotros fue un regalo porque pudimos estar juntos y minimizar así los efectos de tener hijos jóvenes universitarios que no pueden salir y ver a sus amigos y amigas.

Pero en otros hogares fue una verdadera tragedia, porque las mujeres fueron más violentadas, hubo más abusos sexuales. Ya no solo era el tema de la complicación que vivían los niños y niñas por sus clases en línea, lo difícil de aprender a distancia, ahora teníamos el ingrediente de la violencia.

El tema del desempleo y la incertidumbre. Algunas personas haciendo fiestas clandestinas, otros en los hospitales. Saber del cansancio de médicos y médicas, del personal de enfermería, laboratoristas, químicos y personal de intendencia de los hospitales es devastador. Saber que han estado en la primera línea defendiendo la vida de otros se agradece y valora profundamente.

Hasta que llegó el contagio a casa. Llegó el miedo más grande que he sentido, debo reconocer que mis síntomas no fueron de una gravedad considerable, pero la angustia no te permite pensar, estás frente a lo desconocido, me aislé en mi propia casa, nunca salía a ningún lugar, no fui a fiestas ni reuniones, no acudí al mercado, solo a mi oficina. Pudo ser ahí, debió ser ahí, era lo único que mi cabeza razonaba, si a lo lejos escuchaba estornudar a mi hijo, la sangre se me helaba, pude haberlo contagiado, fue una semana muy triste.

Me di cuenta que de nada sirve que te tomen la temperatura en los centros comerciales, oficinas, hospitales, farmacias y cualquier lugar, pues no siempre tienes fiebre, yo jamás tuve, solo dolor de cabeza. La medida de tomar la temperatura no impide que acudas a cualquier lugar ya con el virus en tu cuerpo. Me cayó totalmente el veinte del quédate en tu casa. Solo si estás ahí no te vas a contagiar y tampoco contagiaras a nadie. Afortunadamente ya estamos con diagnostico negativo, no contagié a nadie de mis seres queridos y personas colaboradoras. Doy gracias por ello.

Gracias nuevamente a Mujer es Más por permitir la libre expresión, por convocar a escribir algo de este pandémico año, me quedé con la agenda en blanco, pero llena de experiencias y de personas que amorosamente estuvieron conmigo, jamás olvidaré los mensajes de Paty F., Susana C., Claudia G., Jorge S., Lili S., Surit, Cande, Carmen, Abigail, Miriam G., Edna M., Kary P., Sandy B., Rocío D., Claudia I., Norma A., pero sobre todo y ante todo a Magda que amorosamente me alimentó.

Gracias por su amor y compañía a mi equipo de trabajo Diana, Luz, Carmen, Toño y Hugo.

Tengo una nueva oportunidad para hacer muchas y mejores cosas. Gracias Mujer es Más.

 

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