jueves 24 junio, 2021
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COLUMNAS COLUMNA INVITADA

«COLUMNA INVITADA» Francisco Toledo: Juchiteco universal

 

Hoy 5 de septiembre de este emblemático año 2020 es también un buen momento para celebrar la vida de Francisco Toledo. Este día se cumple un año de que el maestro partió a seguir dibujando sueños, realidades fantásticas, poemas de colores, más allá de los límites del tiempo y el espacio. ¿Tiene algo que decirle Francisco Toledo a los ciudadanos del mundo en este emblemático año 2020? Yo creo que sí. Van estas letras escritas con admiración, que tienen como telón de fondo la música y los versos de La Martiniana, ese son istmeño al que le compuso versos el maestro Andrés Henestrosa para recordarnos alguna forma de inmortalidad.

Francisco partió un 5 de septiembre, emblemática fecha para el pueblo juchiteco que precisamente un día como hoy, pero de 1866, enfrentó y derrotó al batallón francés conocido como “Cola del diablo”, bajo las órdenes del coronel Máximo Pineda con sus guerreros zapotecas. Mi tía Delia Santiago Pineda me ha contado que ese es el origen de nuestra Vela Pineda (la fiesta que celebra nuestra raíz común). Chico Toledo –como lo llama tía Delia– también estaba emparentado con una rama de los Pineda y al morir en esta emblemática fecha creo que ha quedado ligado con esa raíz para la eternidad.

Pero ese lazo invisible con Juchitán viene de mucho antes y yo creo que habrá de permanecer más allá de eso que llaman muerte. Toledo fue cosmopolita. Vivió en París, en Barcelona, Nueva York; en la Ciudad de México y Oaxaca capital. Sin embargo, conservó siempre el lazo con su raíz istmeña, dándole al istmo y su cultura su dimensión universal. Tía Delia siempre me dijo que lo que más le gustaba de Chico Toledo era que sin importar cuántos premios recibiera en el extranjero, él siempre buscaba sus raíces para que esa conexión le diera vida a su pintura. Juchitán también conoció su generosidad cuando el terremoto de 2017 destruyó muchos de sus lugares más emblemáticos: el Palacio Municipal del siglo XIX; la iglesia de San Vicente Ferrer, al lado de la cual estaba la Casa de la Cultura que se fundó por iniciativa de Toledo. A pesar de algunas discrepancias con autoridades locales, Toledo no abandonó a su gente y se ocupó de que en el barrio de pescadores, donde vivió de niño, se instalara una enorme cocina comunitaria para que la gente pudiera no sólo alimentar el cuerpo, sino también alimentar el alma y construir la esperanza.

Sobre los Pineda que nos hacían parientes conversamos una tarde de abril de 2015, cuando Isabel Grañén y Alfredo Harp nos abrieron las puertas de su casa a mi madre y a mí, así como a Paloma (cuidadora de mi madre). Conocer a Francisco Toledo, charlar, observarlo, sentirme observada, creó un ambiente difícil de describir y de olvidar. Fue una tarde que también sirvió para crear una bella complicidad en el apasionante arte-oficio de escrivivir.

Todo eso pienso mientras mis ojos recorren el texto que Isabel ha publicado en el primer número del Boletín Digital de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO), que tiene un bello textil en rojo y negro en la portada. 

Mi mirada va abrevando del texto inaugural: “Recuerdos de Francisco Toledo” en donde Isabel deja correr la apasionada nostalgia por la huella que el maestro grabó en mente, corazón y vida. Nos habla Isabel a sus lectores cómplices y le habla a Francisco, y se habla a sí misma: 

Recuerdos entrañables vienen a mi mente cada vez que pienso en Francisco Toledo. Hubiera querido darle un abrazo fuerte por sus 80 años y, aunque no fuera su cumpleaños, también me hubiera gustado dárselo. Y es que me cuesta trabajo saberlo ausente, cuando lo siento tan presente en los tonos de un atardecer, en las calles de Oaxaca, en las paredes del IAGO, en los libros de su biblioteca, en la mirada de sus cinco maravillosos hijos, en los colores difuminados de la grana y el nopal o en una pequeña hoja comida por los insectos. En cada detalle lleno de belleza y amor encuentro a Francisco. Así era él: detalles de amor y de belleza, la sensibilidad a flor de piel.

Isabel comparte la perspectiva privilegiada de un recuerdo que la conecta con un tiempo en que Francisco fue su guía, su maestro, para aprender a sentir e intuir con el hemisferio derecho del cerebro, porque sólo así se podía conectar con su magia. Su texto es un manantial de anécdotas, vivencias, que permiten descubrir el lado humano, profundamente humano y solidario del gran Toledo.

Al terminar la lectura de ese texto me quedé con las ganas de más recuerdos. Entonces recurrí a las líneas que surgieron de mi alma, un año ya. Entonces escribí un texto que titulé: Francisco Toledo: espíritu libre y generoso hecho de amor, de sueños y misterios; un enigmático hombre universal.

Dice el primer párrafo: 

La noche del 5 de septiembre de 2019 Francisco cerró los ojos para sumergirse en el sueño de la eternidad. Su alma abandonó aquel cuerpo ya inerte para proyectarse en su viaje hacia el infinito. Esa noche terminó el recorrido que su ser humano fue construyendo por este territorio incierto que llamamos vida, y el ser cósmico traspasó el umbral para dar paso plenamente al hombre mito; al cuerpo de la leyenda.

Desde que mi hermano Andrés me dio la noticia de su muerte, mi mente no dejaba de pensar en Francisco Toledo. Conocido pintor de las grandes galerías del mundo, pero también hombre-maíz, hombre-papalote, hombre-pájaro, hombre-barro de Oaxaca. Francisco Toledo, gran creador de espacios íntimos, personales pero también universales; espacios que conectan presente, pasado, futuro, eternidad. 

En el texto que escribí aquella tarde-noche de su partida describo mi encuentro con el maestro en casa de Alfredo e Isabel.  Acudimos mi madre y yo a aquel encuentro en que se cerraron antiguas heridas sin saber que esa tarde no sólo hablaríamos de letras, pinturas, tradiciones, escritores y escritoras enigmáticos, sino también del hilo de Ariadna que los guía en el encuentro con su destino. 

Fui convocada por Isabel para que le ayudara a comprender la relevancia de unas cartas que Francisco se empeñó en que fueran conservadas en la biblioteca Francisco Burgoa de Oaxaca. ¿Cómo explicar y dar sentido a un impulso, una intuición de Francisco Toledo?  Eso lo hizo Isabel mejor que nadie durante toda una vida y así lo narra en su texto ya arriba comentado.  A mí me costó tiempo, mucho tiempo y mucho esfuerzo entender que las cartas entre Adolfo y Esperanza López Mateos con Gonzalo de Murga y Suinaga tenían que conservarse como la prueba de su amor y cercanía. Andrés Henestrosa me convenció de escribir la historia de esa relación entre Esperanza, la traductora del enigmático escritor anarquista B. Traven y su hermano Adolfo que llegó a ser presidente de México, con Gonzalo, un negociante con alma de poeta que fue dueño del Ingenio de Santo Domingo y también fue mi abuelo.

Poco antes de terminar de escribir Un Quijote en México me di cuenta de que contar la historia de Gonzalo de Murga, Esperanza y Adolfo López Mateos ayudó a que se reconstruyeran los lazos de amor que mi madre había perdido con su padre, Gonzalo.  Años después del encuentro en casa de Alfredo e Isabel tomé conciencia de que contar la historia de las cartas que Francisco Toledo rescató sirve también para reconciliar a los habitantes de Istmo de Tehuantepec con Gonzalo de Murga y Suinaga, ese hombre que decía de sí mismo que era “un español injertado zapoteca”, que amaba profundamente la tierra que lo acogió y que murió asesinado en 1934 en el ingenio azucarero de su propiedad.

De ese encuentro en casa de Alfredo e Isabel hay una imagen especialmente significativa para mí. La escena en que mi madre toma la mano de Francisco y la mía y las une. Esa imagen quedó inmortalizada en una fotografía. Esa escena y su significado profundo es parte del libro que alguna vez escribiré y del que hoy adelanto un fragmento, pequeño, mínimo quizás, pero que sirve de conexión con infinitas posibilidades en el universo de la creación literaria.

Gracias Isabel. Gracias, Alfredo. Gracias Martha Núñez y gracias, Paloma Estanislao (sin cuya intervención no se hubiera obtenido la foto). Gracias a todos los que me pusieron en el camino de escribir Gonzalo de Murga y Suinaga: Un Quijote en México.  Pero sobre todo, en este sábado 5 de septiembre, 2020, gracias, Francisco Toledo.  Muchas gracias por tu vida.


Regina Santiago Núñez es licenciada en Comunicación Social por la UAM-X y maestra en Historia por la Universidad Iberoamericana. Estudia la maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Salamanca. Es directora de la consultoría en comunicación política CIAM,S.C. y presidenta del observatorio ciudadano de medios OMCIM, S.C.  Escribió el libro “Transición 2000: Frágil, ¡manéjese con cuidado! (UIA 2000) y “Gonzalo De Murga y Suinaga: Un Quijote en México” (Porrúa 2005). 

Twitter: @regi_santiago

Facebook: Regina Santiago Núñez

 

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