miércoles 14 abril, 2021
Mujer es Más –
COLUMNAS COLUMNA INVITADA

«HIPERREALISMO FEMENINO» Arte para reivindicar

 

El arte y sus infinitas posibilidades simbólicas, en varios momentos históricos ha sido un mecanismo de protesta caracterizado por su capacidad para visibilizar, sensibilizar y movilizar respecto a diversas problemáticas sociales. En los últimos días, han sucedido algunas manifestaciones artísticas, a partir de las cuales se han develado formas de discriminación y violencia que nuestro país todavía adolece gravemente. 

Es el caso de la intervención pública “Un violador en tu camino”, que se ha realizado en distintas ciudades de México y el mundo. Resulta incómodo para muchas personas, precisamente porque señala y cuestiona la visión patriarcal que protege a los agresores y revictimiza a las mujeres; porque pone el foco en la urgencia de abordar la violencia contra las mujeres no sólo desde las mujeres, sino desde la modificación de conductas e ideologías por parte de los hombres y las instituciones. Incomoda porque al apropiarse del espacio público, se convierte en una rebelión ante el lugar que esa misma ideología patriarcal, ha insistido en asignarles a las mujeres. 

Desde luego el señalamiento genera reacciones porque es precisamente la estructura de fondo la que se está cuestionando, el discurso que este performance propone es: la violencia contra las mujeres es “políticamente incorrecta” e inadmisible, por eso resulta tan ofensivo para muchos sectores que lo han normalizado tanto que desde luego resisten a cambiar de sitio y modificar sus prácticas.

A partir de estas movilizaciones masivas, los sectores más machistas y misóginos de la sociedad, están reaccionando con más violencia, cabe aclarar que esto no es nuevo, esas posturas han existido históricamente, lo nuevo es poder visibilizarlo con tanta claridad y nombrarlo.

Desde el arte, también se generan propuestas para modificar las formas en que nos explicamos y organizamos el mundo, lo cual podemos ver en la obra titulada “La Revolución” del artista mexicano Fabián Cháirez.

En este caso, la propuesta del artista abre espacio a la crítica de lo establecido: a la figura simbólica del “héroe” mexicano y la masculinidad; a los dispositivos que componen y condicionan al género y la sexualidad; evidenciando así el peso cultural de la heteronormatividad.

Observamos en los últimos días cómo saltaron a la luz las posturas más homofóbicas y misóginas que configuran la cosmovisión de muchas y muchos mexicanos.  A la obra le juzgaron de “denigrante” ( que deslustra, ofende la opinión o fama) y demandaron “quemarle”, exponiendo de esta manera el repudio a lo que representa la obra, es decir, lo que socialmente se reconoce como homosexual y femenino. 

Esas opiniones revelan que en este país existen sectores que consideran que las personas homosexuales y lo femenino resultan “denigrantes”, y de ahí las múltiples prácticas que precisamente buscan eliminarles de la sociedad (ojalá fuera una exagerada interpretación de la que suscribe, pero puede usted corroborarlo en cientos de opiniones expuestas en redes sociales).

Las reacciones son evidencia del ritmo desigual en el que se gestan los discursos en pro de la igualdad y la mal llamada “inclusión”, por un lado se reconocen derechos, se nombran las discriminaciones, la violencia se convierten en agenda política y de seguridad pública, pero por otro lado, en las entrañas de este país se siguen sosteniendo las desigualdades más lacerantes, y los discursos de odio que continúan dictando agenda en las instituciones sociales de este país. 

Es necesario enfatizar algunas cuestiones: ni el performance propuesto por el colectivo chileno LasTesis, ni la obra de Fabián Cháirez, son responsables de los discursos de odio, desacreditación y amenaza que surgieron: la discriminación y la violencia son responsabilidad de quienes la ejercen.

Y a propósito de responsabilidad, no nos sumaremos al discurso de criminalización y polarización, porque estas violencias en algunos casos, se gestan desde grupos que también han sido históricamente discriminados, racializados y despojados; así la complejidad de cómo operan estos mecanismos. En lugar de ello, podemos apropiarnos de la efectividad movilizadora del arte y darle oportunidad de que afecte nuestras ideologías y prácticas.

El carácter político de estas expresiones artísticas, tiene una potencialidad transformadora que nos invita a abandonar los antagónicos a los que este sistema nos acostumbra –a conveniencia–, al tiempo que nos convoca a revoluciones contemporáneas que son apremiantes para restaurar algunas de las fracturas sociales de este país. Ya sabemos que las posiciones antagónicas anulan la posibilidad del diálogo y la co existencia desde todas las experiencias. 

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