viernes 15 enero, 2021
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BORIS BERENZON GORN BLOGS

«RIZANDO EL RIZO» “Regalo Rosa” o todos los caminos llevan al ‘reality show’

 

Muchas son las críticas que pesan sobre las redes sociales; se habla de la superficialidad de los análisis que permiten, de su falsa capacidad de incidir en la política y del papel que juegan en el discurso de la “mitología de la liberación”, que sostiene que la verdadera vida de la humanidad empezó con la web 2.0 (Nicholas Carr dixit). Del otro lado, desde el que ocupan quienes tienen su dinero creciendo a través de ellas, lo que llueven son elogios. Las venden como si fueran la apoteosis de la democracia, aseguran que han permitido el surgimiento de nuevas formas de comunicación o hasta de arte y afirman que nuestra vida en sociedad ha alcanzado un mejor nivel gracias a ellas. Lo cierto es que las redes sociales son una herramienta más como las muchas que ha inventado la humanidad, antes o durante la era de las telecomunicaciones.

Son una herramienta perfectible, pero potencialmente benéfica; sin embargo, la cuestión aquí es que, como tantas otras herramientas, ésta se encuentra coartada por unos cuantos mercaderes que se han esforzado por resaltar sus beneficios al grado de la ficción, mientras ellos mismos la utilizan para despojar a los usuarios, cada vez más adictos y cada vez más carentes de contenido, de su información personal y del control sobre sus propias vidas. El resultado final es que tenemos una herramienta a la cual le atribuimos la capacidad de instaurar el Estado democrático, mientras lo que inaugura en realidad es la fase más desarrollada del panóptico. Creemos que nuestros derechos políticos han llegado a la cima gracias a ellas, pero esa creencia se basa en la nada. No las usamos más que para mentar madres, acto al que llamamos pomposamente participación, y eso sólo en sus mejores días, porque la mayor parte del tiempo lo que hacemos con ellas es ver videos de gatitos, memes de la película de moda, y adorar contenidos vacíos y a sus generadores.

La semana pasada sucedió entre los usuarios de Twitter españoles un fenómeno que, para mi gusto, es de las mejores representaciones de la ola que se atribuye “primaveras” (revoluciones), pero que en la práctica hace poco más que entretenerse escarbando en los detalles nimios de las vidas ajenas. El 22 de mayo, una usuraria de Twitter (cuyo nombre omito en una invitación a generar reflexiones éticas en torno al uso de las redes sociales) publicó en esta plataforma que la habían metido por equivocación en un grupo “random” de WhatsApp en el que no conocía a nadie, donde la conversación versaba sobre un regalo que un grupo de madres haría a una maestra. El grupo conocido como “Regalo Rosa” se hizo famoso al poco rato. El tuit que lo hizo público por primera vez alcanzó rápido los miles de retuits, llegando al día de hoy a los 18 mil, con más de 43 mil “me gusta”. El contenido era prácticamente nulo: un grupo de señoras había agregado por error a la usuaria y ahora sus seguidores eran partícipes de lo que las primeras creían una conversación privada pero que, al suceder en los terrenos de los reyes de Silicon Valley, siempre son susceptibles de ser públicas. “Veamos hasta cuando (sic) dura mi infiltración”, sentenció la usuaria que asegura de sí misma en su descripción que “sólo digo tonterías” y que “hacemos música para vivir. Es así de simple. Nada más importa”, dando inicio a un reality show involuntario.

Por accidente, una mujer añadió a una conversación de WhatsApp el número telefónico de la persona detrás la usuaria que iniciaría el hilo. En el grupo en cuestión se debatía un tema de lo más cotidiano para las amas de casa que también son madres: qué regalo darle en una fecha especial a la profesora de sus hijos. La usuaria “infiltrada”, mientras tanto, participaba en la conversación como si fuera una madre más, al tiempo que hacía públicas a través de Twitter las conversaciones del grupo. La usuaria en cuestión se hizo popular gracias a los tuits en los que publicaba las capturas de pantalla de las conversaciones, dando cuenta de su participación y añadiendo una narrativa tipo reality que sedujo a cientos de usuarios. La popularidad alcanzó a los medios españoles, pronto Antena 3 Noticias, El Huffington Post y otros hacían notas subiéndose al tren como si la privacidad de nadie hubiera sido vulnerada. La usuaria, además, presumía este 31 de mayo que pronto sería entrevistada en el radio como si hubiera hecho algo en la vida o alcanzado alguna meta. No estoy aquí para analizar las razones por las cuales una conversación así puede hacerse viral, para mí la respuesta es que hay usuarios que gustan de pensar que tienen vidas mucho más complejas que las de la gente de a pie, que sus problemas son mil veces más trascendentales que las de las mujeres que dedican su vida a la crianza, y que, simplemente, nos encanta meter las narices en la privacidad de los demás, sobre todo cuando no pueden darse cuenta o se encuentran vulnerables. Estoy aquí para ser de las únicas personas en alarmarse.

La privacidad de un grupo de mujeres fue vulnerada. ¿Sobre un tema trivial que no pone en riesgo, en primera instancia, su seguridad? Sí. ¿Por un error propio? También. Pero fue vulnerada, a fin de cuentas. Una usuaria mete las narices en su privacidad e interactúa con ellas haciéndose pasar por una madre más. ¿Si en vez de usuaria hubiera sido un hombre gordo escribiendo desde el ático de su madre nos habría parecido lo suficientemente aterrador? Yo creo que sí. Encima de eso, hace públicas sus conversaciones. No pone sus números telefónicos ni nombres completos, es cierto. ¿Pero es que encima hay que darle gracias por no vulnerar su privacidad al máximo cuando hubiera podido? ¿Hay que darle gracias por ser mínimamente decente después de no serlo a dos manos? Al final, le revela a la madre que se equivocó el error y hace berrinche porque la mujer no lo encuentra divertido. ¿Cómo podría encontrarlo divertido? Repito, si fuera un hombre, la mujer seguramente habría cambiado la cerradura de su casa, habría renovado su número de teléfono y habría contratado un sistema de alarmas de seguridad. Los medios corren como perros detrás del clickbait dándole a la usuaria sus cinco minutos de fama y así el traspaso queda legitimado.

¿Quieren saber qué pasa después? La usuaria empieza una campaña para buscar a la profesora a quien se haría el regalo y muy probablemente a las mujeres que pertenecen al grupo. Lo demás está por verse, pero en mis previsiones, quienes conocen a estas mujeres, encantados por la fama, las instan a hablar con los medios o directamente les dan sus datos a los mismos. Ellas, sin mayor proceso de reflexión, se terminan dejando seducir también por las cámaras y normalizando la vulneración a la privacidad de la que fueron blanco, agradeciéndola incluso. ¿En dónde (Kafka) hemos visto historias similares? Así la vida en tiempos de las primaveras y de democracia digital.

Manchamanteles

¿Life Style versus ideología? ¿Todo se define en el estilo? Alfred Adler, propone estilos de vida como modos de pensamiento. Georg Simmel se plantea procesos de individualización, identificación, diferenciación y reconocimiento, La pregunta se volvió cada vez más efímera impertinente y el aparente corchete de una nueve era, incluso hubo excesos, se habló del fin de las ideologías, vamos, hasta del fin de la historia y la antropología y muchos más fines que no llegaron. La pirotecnia teórico-metodológica en eso se quedó.  La realidad una vez más se impuso y no dejo pasar el huracán del vacío.  El mundo llamado “light” que pretende un modo de pensar y pasar la vida desde una convite a no criticar, impedir la estabilidad argumentativa establecer los procedimientos tecnológicas como prioritarios, los problemas de la vida cotidiana en donde prevalece lo inmediato con cero profundidad de tiempo, y con ideas estéticas estáticas y el fin de la memoria como recurso vital como lo ha dicho muchas veces Georges Steiner.  La vida light ha tenido un aparente éxito en torno a la globalización mediática; la geopolítica, la economía y a veces hasta en la cultura. El triunfo esta la oferta de abandonar la densidad y la existencia. Allí el espacio de los “Reality Show”. Cada uno sabrá cuál es su Life Style.

Narciso el Obsceno

Una de las peculiaridades más peligrosas de los seres que sufren personalidad narcisista, esos que tocan los bordes, esos que no les importa el bien común, y apuestan por la individualidad, el logro personal, ya sea en la economía, en el poder, el prestigio y algunos hasta en el sexo.  El tema siempre es grave. Lo es más cuando Narciso el Obsceno tiene invitado especial: a lo largo de algunos años en muchos medios y desde diversas posiciones teóricas de los analistas de la pisque coinciden que el que vive en la Casa Blanca, si el señor “más poderoso del mundo”, vamos que el tuitea temprano. Donald Trump es un peligroso narcisista, que goza de cabal salud.

 

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