«CUARTO PISO»: ¿Se habrá cocido el arroz?

Quedan 17 días para las elecciones, el uno de julio se acerca cada vez más rápido y con los ánimos más crispados.

Las campañas negras, la guerra sucia y los ataques verbales entre los candidatos presidenciales subieron de tono, así como han subido, las ofensas entre los seguidores de los tres principales candidatos. El Bronco es tema aparte. Inexistente.

En el Gran Museo del Mundo Maya, en Mérida, ocurrió lo que se esperaba: descalificaciones, acusaciones, señalamientos y ausencia de propuestas claras. Respuestas inconclusas por el formato del debate, que en momentos se volvió aburrido.

Otra vez, Andrés Manuel López Obrador solo fue a cumplir con el llamado del INE. Se le vio incómodo y hasta molesto cuando lo enfrentó y lo retó Anaya. Evadió respuestas, gastó su tiempo en anuncios y se colgó de su muletilla una y otra vez: “terminando con la corrupción y con austeridad republicana” se tendrá dinero y alcanzará para cumplir todas sus promesas de campaña.  

Y si, también como era previsible, José Antonio Meade y Ricardo Anaya fueron a pelearse el segundo lugar, en busca del voto útil. Ni más ni menos.

A Anaya no se le vio con la tranquilidad y seguridad de los otros dos debates. Muy probablemente el nuevo video que salió minutos antes de las nueve de la noche, mermó su capacidad, pero no dejó de insistir en que lo atacaban porque amenazó con meter a la cárcel al presidente Enrique Peña Nieto.

Ni el formato “francés” sirvió para que los candidatos contestaran las preguntas sobre todos (incluso demasiados) los temas que se pretendieron abordar en este tercer debate:  Crecimiento Económico, Pobreza y Desigualdad; Educación, Ciencia y Tecnología y Salud, Desarrollo Sustentable y Cambio Climático y los señalamientos que se sacaron de la manga los candidatos.

Acusaciones que se lanzaron de frente, buscando conectar un buen golpe.

Jaime Rodríguez, sin nada que aportar, ni perder, dividió acusaciones. Calificó de corruptos a los otros tres candidatos.

A López Obrador, Meade lo señaló de corrupto y Ricardo Anaya por poco lo saca de quicio cuando lo retó a que confesará si pagó contratos por 170 millones de pesos al contratista José María Rioboó. Aunque rechazó la acusación, AMLO se desconcentró, cuando Anaya lo interrumpió de manera insistente.

A José Antonio Meade le recordaron que es cómplice de casos de corrupción como la “estafa maestra” y “Odebrecht, entre otros casos. 

A Ricardo Anaya, Meade le dijo “indiciado” y ante la insistencia contra López Obrador de que pactó con Peña Nieto su perdón, Andrés Manuel le dijo que no se preocupara, que tampoco a él, lo iba a meter a la cárcel. Pero el mayor golpe, quizá había llegado un día antes y desde su propio partido. El revés, en el tema de lavado de dinero, ya se lo había propinado Ernesto Cordero, al denunciarlo ante la PGR.

¿Habrá servido este último debate para que los indecisos se definan? Seguramente no.

Tampoco parece que modificará las encuestas.

El ejercicio, por lo menos debió haber servido para que el domingo uno de julio salgamos a votar, de manera razonada.

En nuestras manos está decidir quién de los tres que se acusaron de corruptos merece llevar el rumbo de la nación.

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