«ACTOS DE PODER»: ¿Se gana votando por el segundo?

La estrategia de final de campaña de Ricardo Anaya es la de convencer a quienes no quieren el triunfo de Andrés Manuel López Obrador de votar por el que está en segundo lugar.

Aún con la advertencia que hace Roy Campos de que interpretar una encuesta como pronostico llevará a una equivocación segura, en la muestra de la primera quincena de junio de 2018 en su medición “Preferencia Efectiva” Ricardo Anaya está en el segundo lugar con el 26.1 por ciento de las preferencias. Sin embargo, está a 21.7 puntos de distancia del primer lugar que es Andrés Manuel López Obrador.

Solo aventaja con 4.1 por ciento a José Antonio Meade.

Anaya ha demostrado que es buen polemista, pero no tiene las calificaciones de Diego Fernández de Cevallos, por ejemplo. Se prepara para los debates pero sus argumentos no prenden.

Anaya es un operador político que pasa por encima de sus adversarios al costo que sea, aunque hasta el primero de julio sabremos si Margarita Zavala, Rafael Moreno Valle y Felipe Calderón le cobran la factura, intereses incluidos, por su “agandalle” en el PAN desde donde logró la nominación.

Aún tengo dudas de que los perredistas de tierra voten por un candidato como Anaya: panista, sin experiencia de gobierno, excluyente.

Tampoco me queda claro que el panismo, el que se dedicó a reventar siendo presidente de ese partido, vaya al cien por ciento con él.

Movimiento Ciudadano ya ganó. Tendrá más representación en el Congreso como nunca lo había tenido antes.

¿Quién gana al votar por el segundo lugar en las encuestas? ¿El PAN? ¿El PRD? ¿Los empresarios que ya dieron la cara por él? No queda claro.

Anaya no ha convencido que es un buen prospecto para liderar este país. Primero porque los ataques desde el PRI-Gobierno sí han afectado su credibilidad y segundo, porque él no ha dejado suficientemente claro que no se benefició de las triangulaciones financiaras en las que lo involucran.

El argumento de que no lo han llamado a declarar en la PGR y que el tribunal electoral ya dijo que esa dependencia intervino en el proceso electoral, no implica que lo dejen fuera de las investigaciones en contra de la familia Barreiro.

Ricardo Anaya no es un buen candidato. No lo ha demostrado hasta ahora. Si en el debate de hoy en Mérida tiene su mejor desempeño en lo que va de su vida política, necesitamos ver cuánto lo levantan en las mediciones y si eso es suficiente no para tirar, sino para ponerse cerca de AMLO.

Algo que sí debe hacer Ricardo Anaya es dejar de usar el discurso mitotero de que López Obrador ya pactó con Enrique Peña Nieto. No bastan segundos de un discurso o de una entrevista en la que AMLO diga que su interés no está en perseguir a políticos del actual régimen, sino demostrar con hechos quiénes, dónde y en qué pactaron el puntero de las encuestas y el presidente de México.

En síntesis, Anaya debe dejar claro que es inocente de lavado de dinero y demostrar sin dejar dudas el presunto pacto que involucra a sus adversarios.

Tiene el debate para hacer ambas cosas.

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