«EL BENEFICIO DE LA DUDA»: ¿El fin de los partidos?

A dos meses de las elecciones vemos señales claras: grupos de intelectuales y empresarios anti-lopezobradoristas llamando al voto reflexivo, el que derivaría de la conciencia más allá del enojo que ha producido el gobierno de Peña Nieto.

Por otro lado, están quienes, al considerar inminente no sólo la victoria de López Obrador, sino de manera abrumadora el triunfo de Morena en el Legislativo Federal, en la mayoría de las gubernaturas y en cientos de posiciones locales, conciben que el “tsunami electoral” (Loret de Mola) implicará no solamente un cambio de partido sino un cambio de régimen (Jesús Silva-Herzog). Estos, prefieren de una vez “pactar”, “alinearse” e incluso “aportar su granito de arena” para el triunfo de la “democracia honesta”.

En cuanto a los otros candidatos presidenciales, todos siguen en su papel, pero cada vez importan menos. Pese a que Anaya no pudo capitalizar la renuncia de Margarita Zavala; pese a que se ha estancado en las encuestas en un lejano segundo lugar; pese a que se vive una guerra civil al interior de su equipo de campaña, el candidato sigue sonriendo y afirma que irá hasta el final, que no declinará por nadie y al contrario, pide al candidato del PRI que sea él quien decline.

Meade, que se mantiene en tercer lugar, insiste en que ya empató al segundo -según algunas encuestas que sólo él y su grupo cercano conocen- y que pronto irá a la caza del López Obrador.

‘El Bronco’, ha tenido una leve mejoría, atribuida por algunos analistas a la renuncia de Margarita Zavala. Pero pronto dejará de avanzar porque tendrá que concentrarse en su defensa legal, después de las acusaciones formales de desvío de recursos del Gobierno de Nuevo León para la obtención de las firmas que le permitieron ser candidato.

No es que Meade ni Anaya sean optimistas o ingenuos sino que, al asumir la candidatura al Ejecutivo se comprometieron a impulsar también todas las candidaturas de sus respectivos partidos.

Los candidatos a la Presidencia cuentan con recursos y estructura, pero la más formidable estructura es la de los actores locales. Ellos conocen su territorio, saben en quien se puede confiar y en quien no; saben de la fuerza de cada liderazgo; saben en dónde se puede y en dónde no comprar el voto; cuentan con recursos económicos y con las redes para distribuirlos; cuentan también con recursos humanos. En pocas palabras y para decirlo en el lenguaje de la política, “saben operar la elección”.

Sin embargo, es incierto cuantos puntos de votación puede aportar esta “operación”. Los enemigos del PRI han hablado de una elección de Estado, incluso han dado cifras: “el PRI puede movilizar hasta 18 millones de voto”, afirmó el representante de ‘El Bronco’ para el diario Reforma, el 23 de abril. Algunos personajes, como Santiago Nieto insisten en que habrá un fraude masivo en favor de Meade.

Pero un análisis más realista nos dice otra cosa. Las cúpulas del PRD, el PAN, el PRI, el PANAL y el PVEM han desplazado a cientos de sus líderes más importantes. Algunos de ellos se han puesto abiertamente la camisa morenista, muchos otros “operan desde adentro”. Es decir, cientos de panistas, priistas, perredistas, pvemistas y panalistas trabajan en las sombras para López Obrador. ¿Habrá purificación también en las cloacas del sistema? ¿Llegará hasta ahí el rayo de esperanza?

Las maquinarias partidistas nunca han sido homogéneas, pero ahora son más heterogéneas que nunca. Los gobernadores blanquiazules vacilan en su apoyo a Anaya; algunos parecen más inclinados a Meade. ¿Usarán sus maquinarias para apoyar al candidato del tricolor? ¿Cuántos puntos significará este apoyo? Por otra parte, ¿algunos mandatarios locales priistas pondrán su maquinaria electoral al servicio de AMLO? ¿Blanquiazules con el PRI y priistas con López Obrador? ¿Y Anaya? ¿Será el huérfano de los “operadores”? ¿Se desplomará el día de la elección?

¿Qué tantos panistas que votarán por Martha Erika Alonso votarán por Meade? ¿Cuántos priistas de Sonora votarán por López Obrador una vez que Don Beltrones envía señales claras? Más aún, al ver la mudanza de algunos gobernadores tricolores a Morena, ¿no seguirán el ejemplo algunos panistas?

Si el triunfo de Morena es tan contundente como las encuestas pronostican, ¿no le conviene de una vez a la clase política, claro está -menos a quienes ya están como candidatos-, cambiar de piel y comprar una franquicia que si vende? Es una estrategia que ya ha sido usada en numerosas ocasiones. A veces, ahí en donde la marca PRI sufre de un profundo desgaste la élite tricolor postula a su candidato por otro partido. ¿No es esto lo que vimos en el caso de Malova en Sinaloa?

Las élites locales priistas, panistas, perredistas, e incluso la élite pvemista que gobernó Chiapas, buscan que sus gallos ganen las gubenturas y los demás cargos de elección popular. Y no, no les importa por qué partido lo hagan.

A los ciudadanos más nos conviene entender quien postula a quién, quién está detrás de la candidatura de quién, a qué grupo corresponde tal o cual candidato. Eso, y no la franquicia de un partido político nos dice realmente quién es quién y sobre todo, qué se puede esperar de un candidato una vez en el poder. Pero, los partidos se encargarán de que esto no ocurra, porque son un gran negocio y sus dueños no quieren perderlo.


Jorge Federico Márquez Muñoz. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Doctor en Ciencia Política, ganador del Reconocimiento Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Docencia en Ciencias Sociales. (2012) y es autor, entre otros, de los libros: Envidia y Política en la Antigua Grecia, Más allá del Homo Oeconomicus y las Claves de la Gobernabilidad.

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