«EL VERDADERO NORTE»: Terror y odio en Canadá

Canadá comprobó que los daños de una bomba de fabricación casera pueden ser de alcance internacional. Un mes después del atropellamiento masivo con una camioneta que dejó 10 muertos en Toronto, los reflectores del mundo se posaron de nuevo sobre este país por el estallido de un artefacto explosivo en el restaurante de comida india, Bombay Bhel, de la ciudad de Mississauga, que dejo un saldo de 15 heridos.

Aunque no fue un ataque letal, la onda expansiva resquebrajó la imagen de Canadá como un país tranquilo y seguro. La fotografía de dos sujetos con el rostro cubierto cargando el improvisado dispositivo, los momentos de pánico entre los comensales y la destrucción del lugar tuvieron resonancia internacional.

A nivel interno, el acontecimiento ha generado tensión social a unos días de las elecciones provinciales del 7 de junio en Ontario, en las que el Partido Conservador parece que le arrebatará el poder al Partido Liberal después de 15 años. En tanto, incidentes como el sucedido la noche del jueves 24 de mayo reabren el debate entre quienes están a favor y en contra de la inmigración.

A unas horas de los hechos, la Policía se apresuró a decir ante la prensa que no se trató de un acto terrorista o un crimen de odio, aunque versiones extraoficiales apuntan a crecientes tensiones y disputas entre la comunidad sud asiática en Mississauga.

Las autoridades han sido muy cuidadosas en no usar esos términos en los recientes ataques registrados en Canadá. Uno de los motivos es que la nación se ha venido construyendo a partir del multiculturalismo, una política de puertas abierta a la inmigración, que tiende a propiciar un entorno donde diversos grupos étnicos puedan convivir y prosperar, en tanto contribuyen al desarrollo del país.  Tanto el terrorismo como los crímenes de odio representan un desequilibrio en este ideal y una descomposición del tejido social.

Más allá de los términos políticamente correctos, nadie dudaría en asegurar que los dos recientes ataques en Toronto y su zona metropolitana han estado cargados de odio hacia la vida humana y han sembrado terror entre los habitantes de la región. En ese contexto, son hechos aislados pero con una conexión muy clara: odio y terror.

Por si esto no fuera poco, estos acontecimientos han demostrado la fragilidad de la seguridad pública en el área de mayor desarrollo económico de Canadá y han dejado a la población con la zozobra de caminar por las calles o cenar tranquilamente en un restaurante.  En tanto, para el resto del mundo, la idea de Canadá como país seguro, está por decirlo lo menos, puesta en duda, mientras no se detenga a los responsables y se aclare el móvil del atroz ataque.

 


Gabriel Ramírez. Periodista mexicano en Canadá.

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