«EL ARCÓN DE HIPATIA»: Trata de personas, la necesaria visión de género

El traficar personas, especialmente mujeres, es al día de hoy una de las industrias delictivas crecientes más redituables a nivel global y es una de las tres actividades más lucrativas del crimen organizado, sólo equiparable al tráfico de armas y de drogas. Pero, de manera contradictoria, es la menos castigada de las anteriormente mencionadas.

Según el más reciente reporte de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNODC), publicado en diciembre de 2016, cada año más de 21 millones de personas son víctimas de las redes de trata que operan hasta en 124 países. Las tendencias mundiales del tráfico de personas muestran que 38% es víctima de explotación para trabajos forzados, 54% es víctima de explotación sexual y el restante 8% de otras formas de explotación como venta de niños, niños utilizados como soldados, matrimonios forzados y venta de órganos.

Es importante mencionar que del total de víctimas en el ámbito internacional, 51% son mujeres, 21% hombres, 20% niñas y 8% niños. Esto es, casi 80% del total está integrado por mujeres y niños. Además, se destaca que el tráfico de personas tiene una relación directa con los flujos de migración entre los diferentes países, aproximadamente en 60% de los casos. Cada año miles de mujeres son traficadas en México dentro y fuera del país como si fuesen objetos.

En días pasados tuvo lugar en Monterrey el V Seminario Internacional de Sustentabilidad Social referente a la Esclavitud y Trata de Personas, promovido por la Universidad Autónoma del Estado de Nuevo León (UANL). En la academia y las organizaciones no gubernamentales se ha dado un lugar prioritario al combate de este delito por medio de la reflexión. Pero este esfuerzo no se refleja de la misma forma en el ámbito legislativo y en el cumplimiento de sanciones.

En la trata, las víctimas no sólo sufren la pérdida de su libertad sino también de su identidad y su derecho a vivir como cualquier ser humano. La ONU asegura en su informe que México es tanto punto de origen como de destino final para las víctimas de este delito.

Lamentablemente, este tema sigue sin estar en la agenda de los candidatos presidenciales. Tal vez desconocen que, de acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos, las estimaciones sobre el número de personas víctimas de trata en México varían entre 50 mil y hasta 500 mil casos (CNDH, 2013). Asimismo, el número de niños y niñas sometidos a esclavitud sexual varía de 16 mil a 20 mil. Otras cifras indican que los menores sujetos a explotación sexual en México ascienden a 70 mil, de los cuales 50 mil son explotados en las zonas fronterizas y 20 mil en el resto del país (CNDH, 2013).

Es necesario trabajar en el imaginario cultural. No sólo penalizar, sino cambiar nuestros discursos sociales y visión de género. Si bien, tanto hombres como mujeres pueden ser víctimas de trata, las mujeres, particularmente las niñas, adolescentes y jóvenes, son más susceptibles a ser blanco de ese delito, lo que se traduce como una vulneración de derechos humanos altamente feminizada y una forma de violencia con base en el género (CNDH, 2013; OEA, 2017).

Las mujeres no somos vulnerables per se. Es la sociedad la que nos torna vulnerables, el sistema que institucionaliza la impunidad aun en crímenes tan horrendos como la trata.

Ante tal escenario, sólo resta preguntar: ¿hasta cuándo?

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