COREA DEL NORTE: ‘Ese arroz ya se coció’ (según Trump)

La imagen del líder norcoreano, Kim Jong-un cruzando la raya de la frontera con Corea del Sur, para estrechar la mano de su par, Moon Jae-in, tuvo un impacto mediático casi tan grande como el que diera Neil Armstrong en la luna y que fuera descrito como “un simple paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. Las imágenes del histórico encuentro entre los mandatarios despertaron la esperanza en el mundo de que al fin se pudiera terminar una guerra civil que ha durado, técnicamente, más de 60 años. ¿Estará fundado el optimismo; significará realmente un cambio en la península, o lo que vimos no fue nada más que un espectáculo patrocinado por el showman, Donald Trump? Lo cierto es que el menos preocupado de que se pase de las imágenes a los hechos es el propio mandatario estadounidense a quien lo único que parece importarle, por el momento, es que la impresión se mantenga el tiempo suficiente para que lo consideren para el Nobel de la Paz.

Otros en Estados Unidos, sí se preguntan qué tan factible es que Corea del Norte cumpla lo que sólo ha sugerido: la desnuclearización. ¿Escrito? Aun no hay nada. Las condiciones, además, son tan laxas que suenan “demasiado buenas para ser ciertas”. En el supuesto acuerdo, Jong-un ni siquiera exige la retirada de las tropas estadounidenses de Corea del Sur porque, según él, entiende que la presencia militar de Estados Unidos es necesaria para sus otros objetivos en Asia—respaldar a Japón y contener a Rusia y a China. Por otra parte, el régimen de Pyongyang si ha exigido garantías para la propia seguridad de su Estado, mientras Estados Unidos mantiene su presencia militar en sur Corea. Y es ahí donde esta el problema. ¿Cómo se pueden garantizar esas condiciones? Sería natural que Jung-un se dijera insatisfecho con las promesas de Washington. Después de todo, ha entrado en escena otro actor de quien Corea del Norte tendría mucho que sospechar. Al flamante asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, se le conoce como un halcón de guerra que insiste en que cualquier acuerdo con Corea del Norte o Irán debe incluir un cambio de régimen.

Dadas las amenazas de Trump con respecto a salirse del acuerdo nuclear alcanzado con Irán en 2015, expertos en seguridad nacional han advertido que de hacerlo, Estados Unidos estarían mandando un pésimo mensaje no sólo a Irán —que según Israel miente con respecto a su programa nuclear—, sino a la comunidad internacional. Dicho acuerdo fue firmado también por el Reino Unido, Rusia, Francia, China y Alemania, a quienes estaría traicionando por igual.

Si, como ha amenazado, la administración Trump no renueva a mediados de mayo el levantamiento de las sanciones contra el régimen de Teherán, el mensaje a Pyongyang sería, naturalmente, que Estados Unidos no cumple con los tratados que firma como PAÍS. Es decir, Trump no esta actuando como un gobierno sujeto a un Estado, sino reafirmando en el escenario mundial lo que ha venido realizando desde que llegó al poder: un desmantelamiento del Estado. Como lo había dicho muchas veces su ideólogo de cabecera, el ahora defenestrado Stephen Bannon, la idea siempre fue atacar al sistema dentro del sistema. Bannon, quien se decía orgullosamente “populista nacionalista” confesaba que, al igual que Lenin, su intención era destruir al Estado. Y a nivel doméstico van muy bien juzgando por la actuación de algunos miembros del “gabinetazo” de Trump.

Hay que ver qué “zorros están a cargo de las gallinas”: Scott Pruitt, Secretario de la EPA (agencia de protección del ambiente), niega el cambio climático, y como fiscal general de Oklahoma, recibió dinero de compañías petroleras y demandó a la EPA porque sus reglas para cuidar el ambiente entorpecían sus negocios. Nancy DeVos, la Secretaria de Educación ha hecho todo lo posible para limitar el presupuesto para escuelas publicas. Y Ben Carson, Secretario de Vivienda y Desarrollo Humano, acaba de anunciar una propuesta para que se le triplique la renta a las familias de menores ingresos.

El problema es que ahora Trump está extendiendo su política a la arena internacional y al negarse a cumplir acuerdos que Estados Unidos firmó como país (aunque hayan sido durante el gobierno de Barack Obama), le esta demostrando al mundo lo que ya estaba clarísimo aquí: Trump esta cumpliendo el sueño de Bannon. Aunque el asalto a las instituciones haya sido en las urnas y no con armas (a base de mentiras y la “ayudadita” de Rusia manipulando la opinión publica con las redes sociales), lo que Trump realmente hizo fue dar un golpe de Estado.

 


Anne Wakefield. Crítica de cine para AARP, la organización no gubernamental más grande de EU, que cuenta con 47 millones de miembros y es parte del Comité de Selección del Festival Internacional de Cine de Morelia y corresponsal de Formato 21. Antes de mudarse a Washington, DC, en el año 2000, trabajó como reportera, conductora y crítica de cine en Televisa y en el Instituto Latinoamericano de Televisión Educativa (ILCE), radio y revistas. En 2002 participó como conductora del primer noticiario de Telemundo en la capital estadounidense.

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