«EL ARCÓN DE HIPATIA»: Cuando les dicen a las mujeres ¡no inventen!

Por cada diez patentes presentadas por hombres, sólo hay una solicitada por una mujer. A pesar de que el porcentaje es más aceptable en patentes suscritas en equipo, la brecha es una constante a escala global.

Hoy, un estudio con casi 2.8 millones de patentes trasciende el dato ya conocido y muestra que las patentes presentadas por una mujer o equipos de mayoría femenina tiene menos probabilidades de ser aprobadas. El sesgo se reproduce en otras métricas, como las reclamaciones aceptadas. Incluso, una vez aprobadas, son menos citadas y tienden a ser menos renovadas. Y todo por llevar un nombre de mujer. Al menos así lo afirmó un equipo de tres investigadores de la Universidad de Yale, publicado en Nature Biotechnology y difundido por varios medios internacionales, entre ellos el diario español El País.

El equipo recopiló 2.79 millones de solicitudes de patentes presentadas desde 2001 en la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO, por sus siglas en inglés). Usando tres bases de datos diferentes, las separaron según género. Tras diferentes métricas pudieron concluir que las solicitudes realizadas por mujeres resultaron tener un 21 por ciento menos de probabilidades de ser concedidas. Con todo lo demás igual, las patentes solicitadas por grupos formados en su mayoría por mujeres tenían un 2.5 por ciento de menos opciones de ser apeladas si eran rechazadas.

¿Estamos ante un verdadero caso de discriminación por género en el proceso de aceptación o hay procesos que previamente no se han atendido y propician estos resultados?

La investigadora de la Universidad de Lausana, Gema Lax Martínez, solicita prudencia a la hora de valorar los resultados de este trabajo, ya que los datos no permiten analizar las características (como educación o experiencia) de los inventores. La economista española lleva años estudiando la cuestión del género y las patentes.

Porque los sesgos comienzan en el colegio, alimentados por viejos estreotipos. Un estudio de las universidades de Nueva York, Illinois y Princeton, publicado en Science en 2017, llegaba a la conclusión de que una edad tan temprana como los seis años, las niñas se vuelven menos propensas a asociar la brillantez con su propio sexo y tienden a rehuir las actividades catalogadas para niños ‘muy inteligentes’.

Esos mismos sesgos llegan hasta los laboratorios, donde las mujeres reciben menor financiación, tal y como mostró un estudio holandés publicado en PNAS en 2015.

En Europa existen propuestas como Hypatia, un proyecto coordinado por NEMO, el museo de ciencias de Ámsterdam (Países Bajos) y que cuenta con la participación de 15 países, incluido España.

“El objetivo es crear actividades relacionadas con el género muy sencillas que cualquier entidad, como colegios, museos, centros de investigación y empresas, pueda descargar y hacer”, explica la responsable del proyecto, Sonia Garcinuño, del Área de Investigación y Conocimiento de la Fundación La Caixa. Ya sea con juegos de cartas o tomando café con científicas, la idea es que los jóvenes de entre 13 y 18 años vean que “todavía tenemos estereotipos aunque no lo creamos. No hay que pensar que una chica va a estar mejor en biología que en una ingeniería”.

Hay que ir al fondo del problema. El registro de patentes es la punta del iceberg. Es tiempo de hundir el barco de cargado de estereotipos y clichés. Hay que surcar en el mar contracorriente por una nueva ola de científicas reconocidas.

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