«DOLCE ÁLTER EGO»: Reduce el desperdicio de comida

Apenas la semana pasada, mientras disfrutaba de una comida casera y sencilla con mi familia, seriamente les dije: “Me declaro reina del menú de sobrinas”, que es como llamamos en casa a los sobrantes de guisados que guardamos en el refri a lo largo de semana.

Esa tarde, reutilicé los sobrantes para nuestro menú. Un guardado de picadillo fue a parar como relleno de la lasaña y una ensalada muy básica del día anterior subió a otro nivel cuando le añadí apio, nuez, aguacate, queso suave y unos crotones hechos a partir de un pan de ajo que ya estaba duro.

Cuando llegó la hora del postre, recordé que había una lata de duraznos en la alacena y los serví con la crema ácida que quedaba en el refri.

Esa fue nuestra comida semanal de “aprovechamiento”, y es que NO nos damos el lujo de desperdiciar nada bajo una ética que va más allá del cliché de que uno no puede tirar los alimentos cuando “hay tantos niños que NO tienen qué comer”. Por supuesto que nuestra “cruzada contra el desperdicio” sí tiene que ver con el cuidado de la economía doméstica, pero también, en mi caso, se debe a un sentimiento de gratitud hacia todos los seres vivos que hacen posible mi propia existencia y que forman parte de la cadena de producción alimentaria.

Por ejemplo, el jugo de naranja que disfrutamos en el desayuno, llega a nuestra mesa tras un largo proceso que inicia con la labor de un agricultor. Al final, hay un vendedor (empresa o persona física) que dispone las naranjas en una estantería para que podamos llevarlas a casa. En medio de esa cadena alimentaria intervienen otros sujetos.

De acuerdo con el pensamiento budista, los agricultores son las personas que acumulan menos karma negativo durante su vida, por el solo hecho de cultivar alimentos que permiten la vida de los demás. En contraparte, un ganadero se encuentra en el lado opuesto, al acumular karma negativo por matar reses, entre otros animales.

Sea por economía o por mística, creo nuestro deber es insistir a los hijos en el NO desperdicio, dentro y fuera de la casa.

Recuerdo amargamente una época en la que invitaba a comer a una amiga con problemas financieros. Ella, encima de que casi siempre ordenaba lo más caro de la carta, invariablemente dejaba la mitad del plato. Su inconsciencia simplemente me arruinaba el día.

En un reporte sobre este tema publicado el mes pasado por la Revista del Consumidor se cita este dato de la Cruzada Nacional contra el Hambre: en 2016 en México se desperdiciaron alrededor de ¡30 mil toneladas! de alimentos al día, una cifra equivalente a 37 por ciento de los que se producen en todo el país.

Y la verdad es que, desde nuestra propia cocina, todos podemos contribuir en algo a la reducción de esta cifra, inculcando hábitos de aprovechamiento y cero desperdicio.

En ese sentido, el mismo reportaje ofrece unos consejos muy prácticos, algunos que pongo en práctica desde hace mucho y otros que retomaré. Aquí algunos.

  1. Elaborar menús. Antes de hacer el súper, hay que tener claridad sobre los menús a preparar y así comprar únicamente los ingredientes necesarios.
  2. Cocinar frutas maduras. Muchas de las frutas que pierden color o brillantez pueden ser usadas en repostería o para jugos y licuados. En mi caso todos los fines de semana horneo un pan de plátano, o bien, hago una mermelada de naranja.

Ahora que están de moda los “bowls” para el desayuno, ¿por qué no ofrecerlos y decorarlos con perlas de papaya o melón maduro?

  1. Tostar pan o tortillas. Todo el pan de barra seco o las tortillas que llevan días en el refri, pueden hornearse para ser usados como crotones (para ensaladas y cremas) y tostones (para chilaquiles o snack).
  2. Control de alacena. Elaborar un inventario de la alacena contribuye al ahorro. Infinidad de veces me ha pasado que por no checar me traigo del súper otra lata de garbanzos o un frasco más de aceite. Prometo llevar un control.
  3. Refrigeración ordenada y óptima. Hay muchos tips para el almacenaje correcto de alimentos preparados o perecederos en el refri, por ejemplo, vale la pena congelar sobrantes de consomés y caldos, ya que pueden ser reutilizados como base de salsas o cremas. También es buena idea colocar al frente de los cajones de verduras, aquellas que deban consumirse primero. Las hierbas de olor y la cebolla, durarán más si las guardamos en un frasco con un poco de agua y una bolsa de plástico por encima.

Si desean conocer más consejos como éstos, vayan a: 

https://issuu.com/profeco/docs/revista_del_consumidor_marzo_2018

Como pueden ver, alimentarse sin desperdicio es bastante fácil. Sólo hay que tomarse el tiempo necesario para organizar la despensa y el menú diario.

Ojalá que también seamos capaces de vivir una vida sin desperdicio.

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