«EL ARCÓN DE HIPATIA»: Hombres, ¿de armas tomar?

Una mujer, Nasim Aghdam, abrió fuego el martes 3 de abril contra varias personas en la sede central de  YouTube en San Bruno, California. Aunque distintos medios locales daban por hecho que una de ellas era su marido, en lo que pudiera ser un móvil de despecho amoroso, la policía terminó por negarlo. Tras herir de bala a cuatro empleados de la compañía, la agresora se suicidó de un disparo, según la hipótesis inicial relatada por el jefe del departamento de Policía, Ed Barberini.

La investigación tomó después un rumbo inesperado: las pesquisas apuntaron a que Aghdam, que se describía a sí misma como activista de los derechos de los animales, atleta y artista vegana, actuó porque estaba enojada con YouTube.

La mujer, que según varios reportes nació en Irán y creció en Turquía, pero residía legalmente en Estados Unidos desde hace dos décadas, era youtuber y sostenía varios canales para la difusión de sus videos. Su ira surgió porque, según ella, YouTube discriminaba y filtraba sus publicaciones para que tuvieran menos visualizaciones, lo que afectaba sus ingresos por este concepto.

Pero lo que más llamó la atención ese día es que fuera una mujer la autora de la balacera, una notable excepción en la ola de incidentes con armas que ha azotado en los años recientes a Estados Unidos y que involucra casi siempre a hombres. Fue un rasgo que hizo notar la prensa internacional, que recordó estadísticas al respecto.

De acuerdo con el estudio mundial sobre el homicidio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), publicado en 2014, cerca de 95% de los homicidas a nivel global son hombres. En un informe publicado en marzo por el Consejo Económico y Social de la ONU sobre las tendencias de la delincuencia a nivel mundial, se afirma que alrededor del 80% de las víctimas de homicidio intencional en todo el planeta también son hombres.

Los hombres, ¿nacen violentos o la sociedad los torna violentos?

Según William Pollack, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, los hombres son biológicamente más propensos a la violencia, pero la forma en que son criados y las presiones que la sociedad impone sobre ellos también incide radicalmente.

“Hay una gran incógnita sobre por qué pasa y no hay una explicación. Los criminólogos, los psicólogos y todos los que se han acercado al fenómeno no han sido capaces de dar una respuesta satisfactoria (…) Hay más disenso que consenso”, dijo al portal BBC Mundo Antonio Andrés Pueyo, profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Barcelona.

Definitivamente, no podemos negar que existan predisposiciones físicas o trastornos psicológicos que detonan la violencia en un ser humano. Pero, más allá de eso, lo que los números nos gritan es que estamos educando hombres violentos.

No se trata de generalizar, es cuestion de concientizar. La culpa no es una carga genética sino cultural: ese rol del hombre fuerte, macho, aguerrido, que se ha sembrado hasta el cansancio.

A propósito, cito un manifiesto difundido por el blog Mamá También Sabe, en el que se resume cómo empezar un cambio: “¿Y si empezamos a educar entre todos a hombres nuevos? Hombres que no tengan miedo de cuidar, de cuidarse, de ser cariñosos, de expresar sus sentimientos”.

“Así desarmamos la homofobia que les controla, eliminamos la violencia hacia las mujeres, reducimos la cantidad de crímenes violentos, el número de personas en las cárceles, reducimos el gasto militar y ampliamos el tiempo y la calidad de vida de todos. Mucho que ganar, nada que perder”.

¿Será? Vale la pena intentarlo.

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