«DOLCE ÁLTER EGO»: ¿Y si nos vamos de picnic?

Terminado el periodo vacacional volvemos a padecer del ritmo de la vida citadina, presas del tráfico, la inseguridad y el estrés.

¿Será que podremos sobrevivir a la tensión añadida que nos generan las campañas presidenciales, hasta las próximas vacaciones del verano? O, ¿necesitaremos echar mano de algunas escapadas metafóricas y reales para salir ilesos de la contienda?

Creo que la respuesta definitivamente es “sí”, y por eso les propongo un día de tregua al mes, de aquí al 1 de julio.

¿Y qué tal si nos vamos de picnic familiar?

Una salida al campo de vez cuando anima a cualquiera, pero no siempre se puede y, por fortuna, no todos los días de campo tienen que ser fuera de la ciudad. En los alrededores de la CDMX hay espacios verdes en los que se permite organizar una comida familiar, como el Bosque de Tlalpan, el Desierto de los Leones, los Dinamos o el parque ecológico de El Batán.

Parte del éxito de un día de campo radica en la organización, y en ese sentido lo mejor es pedirle a cada integrante de la familia o del grupo de amigos, un artículo específico.

Es imprescindible contar con una nevera portátil para las bebidas, así como llevar todas las frutas y vegetales frescos previamente lavados. También contar con un mantel amplio en torno al cual puedan sentarse cómodamente.

Una vajilla de melanina que “vista la mesa” puede conseguirse en cualquier supermercado. Hay infinidad de juegos a tono con las estaciones, a precios accesibles.

Sobre los alimentos, hay que olvidarse de platos con salsas o jugos que puedan derramarse. De las ensaladas, es mejor preparar una a base de vegetales y huevo cocido; por ejemplo, una ensalada rusa o un arroz frío con salsa pesto y tomates cherry, o con frutos secos.

Aunque los sándwiches son de lo más socorrido, también resultan muy aburridos. Es mejor llevar unas chapatas o minibaguettes rellenas con lomo o jamón serrano y quesos maduros. Otra opción son las tortillas españolas que se comen frías y que por su alto contenido graso resisten la interperie.

Al centro pueden colocarse botanas a base de latas de palmitos, aceitunas, elotitos, patés, así como la jarrita de la vinagreta.

Aunque siempre imaginamos los picnic con muchos postres decorados, llevar pasteles y bombones no es buena idea. El calor y los mosquitos les quitarían todo lo romántico. Lo mejor es terminar la comida con fruta fresca de temporada o frutos secos, como dátiles o ciruelas pasa. En todo caso, se pueden llevar galletas de chocolate tipo brownie, que a todo el mundo le gustan.

En cuanto al vino (de preferencia blanco o rosado), lo mejor es averiguar si el parque acepta su consumo y, después, asegurase de llevar un sacacorchos y copas desechables.

Si el paseo es con menores de edad, habrá que entretenerlos con juguetes, pelotas y cuentos. También los adultos pueden divertirse con los juegos de mesa, y en lugar de discutir sobre los candidatos, practicar su agilidad mental.

Si llevan una canasta, sería grandioso que todos dejaran dentro sus celulares, hasta el regreso.

Si hay un artista en la familia, este picnic puede ser la ocasión ideal para que cante, baile o actúe sin la presión de un teatro.

Lo importante es convivir y desconectarse. Tomarse un momento para apreciar la naturaleza y recargar batería.

Si la idea les late, pero con su pareja, entonces vayan a las noches de picnic del Jardín Botánico de Chapultepec, un sábado al mes. Próxima oportunidad, el 14 de abril.

¿Nos vamos de picnic?

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