«POLÍTICA DE LO COTIDIANO»: Nuestras inseguridades

4 abril, 2018

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Todos, todas, tenemos inseguridades. Abarcan diferentes áreas de nuestra vida y en diferentes proporciones. Algunas se notan mucho y otras casi solo las conocemos nosotros. Las diversas dificultades que llegan a consulta invariablemente develan en algún momento formas de inseguridad. De muchas de ellas se puede decir que las personas las manejan aceptablemente la mayor parte del tiempo. No son necesariamente indeseables; nos pueden hacer cautos para decir o hacer cosas que no haremos adecuadamente ante los ojos de los demás o ante los propios. Sin embargo, existe una carga extrema en algunas inseguridades que pueden desde obstaculizar hasta paralizar partes o a veces el total de nuestras vidas.

El terapeuta y teórico narrativo Michael White (1948-2008) reflexionó sobre lo que sintetizó en la idea de “fracaso personal” como una de las vivencias más opresivas producto del poder moderno: “Me refiero a esas acciones rutinarias que se toman como reflejo de la identidad de las personas, en formas que las construyen como fracaso por definición: un fracaso personal en lo que respecta a cómo hacen su vida; en cuanto a reproducir una vida que refleje las normas deseadas de lo que significa ser una persona ‘real’; en cuanto a encajar en los proyectos de identidad favorecida por la cultura contemporánea… Hablo de la sensación de inadecuación, incompetencia, insuficiencia, déficit, atraso… (Michael White, 2002, Narrative Practice and Exotic Lives: Resurrecting diversity in everyday life). Considero que esta idea de “fracaso personal” tiene como una de sus manifestaciones importantes las múltiples expresiones de inseguridad de los consultantes actuales y por tanto de la sociedad en general.

Lo que White dice es que el poder moderno se expresa en una cultura dominante que moldea una forma normativa sobre cómo debemos ser, cómo es una buena madre, cómo es una mujer exitosa o un hombre exitoso, cómo es una familia feliz o “funcional”. Y con base en esas formas normativas, en la medida en que no nos acercamos a ellas, sufrimos porque consideramos que somos un fracaso y esto se expresa en los terrenos en que nos sentimos inseguros. Secretamente creemos que todos los demás, o la mayoría, alcanzan esos modelos, menos nosotros.

Esos modelos de la cultura dominante nos apabullan en los medios masivos, en las redes sociales o por lo que dicen nuestras tías. Es así que las personas cuentan en la intimidad sus inseguridades por no tener el cuerpo adecuado; por no rendir como madres; por no ser tan inteligentes o seguras o eficientes como los otros creen que son; por ser tan inadecuadas como para no tener pareja o para tener una tan mala; o, llevado al terreno de lo que los hijos dicen de nosotros y nuestro “fracaso”, al no ser como esperábamos, o como espera la cultura dominante que sean porque divergen de ésta, en su condición mental o corporal, en sus identidades de género, en su elección o falta de pareja, en su elección profesional, en lo que se considera ser exitoso o “auténtico”.

El sufrimiento y la sensación de inseguridad o fracaso entonces no proviene de la propia identidad sino de la presión social por parecerse a un modelo. Por lo anterior, y siguiendo la propuesta de White, el trabajo íntimo y social consiste en resistir a estos modelos para construir las personas que queremos ser de acuerdo a lo que más valoramos personalmente. ¿Valoramos la relación con nuestras hijas e hijos o sus “éxitos”? ¿Valoramos nuestra paz o nuestro peso? ¿Valoramos “conseguir” una pareja o ser las personas que queremos ser, ya sea que llegue o no una pareja? Aunque sé que las respuestas a estas preguntas de “esto o lo otro” simplifican los dilemas que son más complejos, algunas personas entenderán lo que planteo a pesar de que la respuesta no es simple, porque sin duda valoramos más la relación con nuestras hijas e hijos pero también queremos que sean exitosos, y así todo lo demás. Pero el problema es que vivimos atrapados por el modelo dominante y alejarse de él también conlleva sufrimiento en la medida que la sociedad lo condena. Por lo que el trabajo cultural y social de validar y representar en el imaginario colectivo muchas, todas las formas de ser persona, y no solo algunos modelos, sigue siendo una tarea necesaria para sacar a muchas personas del sufrimiento por sus inseguridades.

 

 


Adriana Segovia. Socióloga por la UNAM y terapeuta familiar por el ILEF.

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