«ABREVADERO DE LETRAS»: El vía crucis de Iztapalapa

30 marzo, 2018

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  • ¿Algún día se realizará el milagro?

Se presiente incertidumbre, pero también alegría; algunas mujeres y niños hasta lloran emocionados. Corren a su encuentro con un solo pensamiento:  Esta vez se realizará el milagro.

Eran las once de mañana, y al grito de ¡ahí viene! ¡ahí viene! el gentío se asoma a través de puertas y ventanas con ojos de severa mortificación, al escuchar enérgicos sonidos. Aquello parecía un concierto de trompetas imperiales, con el rigor de un sol que besaba el suelo con sus rayos como si fueran de lumbre.

Poco a poco y con el desconcierto reflejado en sus rostros, la multitud comenzó a formar una larga procesión para ir a su encuentro. El gesto desafiante de algunas mujeres se fue transformando en miradas de alivio. Por aquí y allá se alcanza escuchar: Por fin, por fin. Luego de un breve silencio, la impaciencia ha sido reemplazada por la felicidad y, ya frente a él, quienes se han reunido ahí comienzan a recibir el preciado tesoro.

Montado en su poderoso corcel de hierro, con la cara enrojecida y sudorosa, escuchó a una joven señora, sin muestras de sentimiento alguno.

– ¿Señor algún día terminará este calvario?

– No lo creo, es un episodio que une a todos nosotros y ya es conocido en todo el mundo. Además es el orgullo de Iztapalapa.

– No señor hablo de otro calvario, el de nosotros; no el que organiza la Delegación con algunos vecinos y donde ahí si hay mucha agua para regalar y regar el Cerro de la Estrella con pipas y pipas.

– Lo que pasa es que es Semana Santa.

Convencido de que estaba hablando de temas diferentes con aquella mujer, el émulo del Mesías apuró a sus apóstoles, perdón, a sus ayudantes quienes atendían a legiones y legiones de angustiados colonos que intentaban colocar bajo sus gruesas mangueras tinacos, tinas y cubetas. Sin darse abasto, la pregunta lo sorprendió.

– ¿Y a nosotros por qué nos cobran el agua que nos traen las pipas?

Sabemos de casas grandes con cisterna o de unidades habitacionales

que dan su buena lana y rapidito les traen su agua.

– ¿Quééé? Eso no es cierto. No la cobramos, todo mundo que es buena onda nos da un donativo voluntario.

Lo cierto es que existe congoja entre los habitantes de las más de 55 colonias con escasez. Y las trompetas pertenecen al imperio de la Delegación y sus autoridades. Empleados de la demarcación que no quisieron dar su nombre por temor a represalias, aseguran que una pipa puede llegar a costar hasta mil pesos, en una de la “Las Garzas”, sitios donde se abastecen las pipas.

El pasado 22 del presente, Dione Anguiano Flores, jefa delegacional de Iztapalapa, durante el Día Mundial del Agua organizó en uno de los patios de su representación un numerito casi privado y ante escasos asistentes exhibió una manta con la leyenda: “¿Qué se siente tener agua todos los días?” ¿Las parroquianas (fueron mayoría) asistentes a dicha reunión se creyeron la broma de mal gusto y se conformaron con la botella de medio litro de agua que les regalaron? Es pregunta.

Mientras hay mujeres que buscan perpetuar su especie, políticamente hablando, hay otras dedicadas a desarrollar distintas habilidades para captar y racionalizar el uso del agua, como ocurre en Iztapalapa. La Maestra Juana Martínez, especialista en Sostenibilidad de la UNAM, es un ejemplo de estas últimas. La investigadora universitaria busca acreditar la resilencia (capacidad de las mujeres para adaptarse positivamente a las situaciones adversas) en la demarcación ya tratada.

 

 

 


Cut Domínguez. Periodista cultural. Ha dirigido espacios como la jefatura de Prensa de Difusión Cultural de la UNAM; coordinador de Prensa en la Ciudad de México del Festival Internacional Cervantino; Subdirector de Difusión del Polyforum Cultural Siqueiros; Jefe de Prensa de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Asimismo, ha sido colaborador de diarios y revistas nacionales.

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