«DOLCE ÁLTER EGO»: Campari mío

No recuerdo cuál fue la primera vez que sentí su sabor “amargo dulce” en mi paladar, pero recuerdo bien el impacto que entonces me causó su intenso e indescifrable sabor. La mezcla de hierbas fuertes, especies, naranjas, toronjas y jengibre en el Campari Bitter me atrapó para siempre.

Como sucede con todas las cosas que nos gustan, hay periodos en que nos alejamos de ellas y otras en los que nos obsesionamos. Y este año he vuelto a ser fan absoluta del Campari, el aperitivo creado por un tal Gaspare en un café de Milán, allá por 1860.

De acuerdo con la página oficial de la marca, Campari es “una bebida espirituosa que se obtiene de la infusión de hierbas amargas, plantas aromáticas y frutas en alcohol y agua”.

Hasta hoy nadie sabe con exactitud el número total de ingredientes que contiene la bebida, pues su receta sigue siendo un secreto bien guardado por la familia Campari.

Varios de los cocteles más famosos creados en distintos momentos del siglo XX se preparan con una base de Campari. El inolvidable “Garibaldi” (Campari, jugo de naranja y hielos), fue bautizado así por los “camisas rojas” y la vestimenta del militar Giussepe Garibaldi, el unificador de Italia. O el clásico “Negroni” (ginebra, Campari y Vermut rojo), mi favorito, que fue creado en 1919 por el Conde Camillo Negroni, quien de regreso de un viaje a Londres pidió a su barman sustituir la soda de un “Americano” con Ginebra.

Me parece refrescante y sensual.

 

A un año del 100 aniversario de su creación, celebro desde ya al bendito Conde y cada viernes le hago los honores correspondientes con mi Old fashioned glass en mano.

Varios de los personajes en la serie “Mad Men” que recrea el Nueva York cosmopolita de los 60, incluyendo el protagonista encarnado en el exitoso publicista Don Drapper, disfrutan de cocteles a base de Campari en comidas de negocios y horas de oficina. Son varias las escenas en las que el atormentado Don sonríe mientras disfruta de un “Negroni” en compañía de alguna de sus conquistas.

La marca echó mano del séptimo arte, en la década de los 70, al contratar al emblemático Federico Fellini para dirigir uno de sus comerciales. Aún en los 80, los cocteles Campari fueron sinónimo de estatus. Era la bebida que la gente “cosmo” pedía en la happy hour para “dejarse ver” y hacer contactos de negocios.

Pero también algunos de sus anuncios publicitarios han estado a la vanguardia, como el que filmó el famoso director indio Tarsem en los 90 y en el que se mostraba –por primera vez en la televisión italiana– a una pareja homosexual.

A partir de la década de 2000, infinidad de actrices han sido imagen de la marca tanto en anuncios como en su calendario anual –fotografiadas por el mismísimo Mario Testino–, entre ellas Salma Hayek, Eva Mendes, Jessica Alba, Kate Hudson y Penélope Cruz.

Para la campaña de 2016 la marca apostó por la palabra clave “Bittersweet”, preguntando a la gente con qué lado del aperitivo se identifica más. Amargo o dulce.

Yo me quedo con los dos. Su amargura actúa como detonante del apetito. Su dulzura genera adicción. Los opuestos se atraen y complementan. Si tuviera que definirme o identificarme con un trago, definitivamente sería un “Negroni”.

Ahogaré mis penas y el calor de esta primavera acompañada por el italiano más internacional, il mío Campari.

Comentarios

comentarios