«ELLAS EN EL RETROVISOR»: Las horas más oscuras

La producción cinematográfica reciente nos ha permitido acercarnos a ese monstruo de la política que fue Winston Churchill.

Tanto la película Durkerque como Las horas más oscuras, y la serie The Crown, proyectan a un primer ministro de Gran Bretaña que combina pasión y talento por el arte de gobernar.

Diversos son los aprendizajes en torno a ese personaje clave en la historia mundial. Pero vale en nuestra enlodada coyuntura electoral destacar tres características que, en el caso de Churchill, alcanzan niveles excelsos.

De entrada, el atributo de la palabra, de la capacidad de comunicar, de convencer y, sobre todo, de conmover.

Con la reconstrucción de Churchill en las tres producciones citadas se confirma el valor insustituible que tiene para un político el contar con un discurso personal y entendible para el gran público.

Deberían resultar ejemplares para nuestros candidatos esas escenas que, particularmente en Durkerque y en Las horas más oscuras, muestran a un gobernante ocupado y preocupado por lo que habrá de decirles a los ingleses.

Se trata de un recordatorio fundamental sobre el peso que en la conducción de un país y en la disputa por el respaldo popular tienen los argumentos, las razones y los pronunciamientos.

Un segundo elemento de este Churchill que la cinematografía nos regala es la recreación del peso que los acompañantes del político tienen en la resistencia y la toma de decisiones.

Además del intercambio con su esposa Clemen, capaz siempre de llamarle la atención, el emblemático primer ministro se alimenta de las relaciones cotidianas con sus colaboradores más sencillos, como es el caso de la secretaria que toma dictado de sus discursos.

Esta capacidad de conectarse con la gente más sencilla es subrayada en la película Las horas más oscuras, donde se da cuenta de un tercer atributo determinante para el éxito de un político: la capacidad de escuchar sin intermediarios al pueblo.

Conmovedora, la escena es un llamado a los gobernantes contemporáneos para que vuelvan la mirada y el diálogo al ciudadano común y corriente.

Nos referimos al momento en que Churchill conoce el metro y conversa con un grupo de pasajeros que esperan una victoria frente a la Alemania nazi.

El intercambio del primer ministro con los ingleses ocurre cuando en el Parlamento lo quieren convencer de negociar una salida con el gobierno de Hitler.

Pero las razones que Churchill escucha en el trayecto del metro resultan suficientes para convencerse de que ceder ante el nazismo alemán sería perder la dignidad de Inglaterra.

Ese tramo de la película resume las tres características citadas: el talento de comunicar con voz propia, la sensibilidad de escuchar a los cercanos y hacer que éstos también sean los gobernados.

Se trata de un personaje y de una historia pertinente en esta hora de competencia electoral marcada por la guerra sucia, promesas inalcanzables y miedo a las encuestas.

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