«A LO QUE VOY»: Indolencia o discapacidad

16 febrero, 2018

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No hay peor ciego que el que no quiere ver o peor sordo que el que no quiere oír. Estados Unidos ha vivido decenas de experiencias con balaceras o ataques de diferentes magnitudes, y ni así se atreven sus funcionarios a tomar una decisión de peso.

El tiroteo de este miércoles pasado en el instituto de Parkland, Florida, ha dejado hasta el momento en que escribo esta columna, 17 muertos y alrededor de 50 heridos.

En Parkland, ciudad declarada la más segura  del estado en 2017, ocurrió lo menos pensado cuando Nikolas Cruz, joven de 19 años, fue identificado como el autor del tiroteo masivo en una secundaria.

Utilizó un fusil AR-15 para disparar a sus excompañeros, pues Nikolas ya había sido expulsado hace un año de ese mismo plantel.

Pero para no irnos tan atrás, apenas tuvimos el incidente de Las Vegas, el pasado 1 de octubre, cuando en un festival de música country, Stephen Paddock de 64 años, abrió fuego contra la multitud desde el piso 32 de un hotel, dejando un saldo escalofriante de 59 muertos y 527 heridos.

Podrían pasar más años o lustros, y los gobiernos norteamericanos dejarán escurrir la sangre. No sabemos. Lo que sí es palpable, es que a pesar de estas tragedias, las armas continúan comercializándose en la unión americana y del otro lado de su frontera sur, México.

El gobierno estadounidense no se compromete a regular el uso y venta de armas de fuego ni tampoco de las municiones o balas, que realmente son las que matan y lastiman. Pocos se querrán enfrentar a la Asociación Nacional del Rifle, organización que posee cerca de cinco millones de poderosos socios.

Una arista que también resalta en el caso de Parkland, es que vuelve a presentarse un caso de jóvenes que participan como verdugos en estas masacres. Ya no se trata del militar retirado y veterano que quedó afectado por cuestiones bélicas, o del yihadista que quiere exterminar a los “gringos” intervencionistas.

Ahora estamos hablando de un estudiante que por venganza quiso desquitarse y “arreglar” sus problemas a balazos. ¿No le parece indignante y penoso?

De esta forma, las condiciones mantienen condenada a la gente norteamericana a vivir con el terror en el alma gracias a sus gobernantes que no quieren ver ni quieren escuchar, con esa funesta y tradicional característica de seguir ciegos y sordos.

 

 


Atalo Mata Othón. Egresado de la escuela de periodismo Carlos Septién García. Tiene 19 años en el ejercicio del periodismo. Conduce noticiarios en Excélsior TV y es profesor universitario.

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