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«POLÍTICA DE LO COTIDIANO»: Nuestra pobre educación sentimental

14 febrero, 2018

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Para Paola, Joshua, Blanca, Yohualli,
Tania, Pablo, Iris, Victoria, Fer y toda/os la/os
jóvenes que están tratando de construir
relaciones más equitativas y respetuosas

 

A partir de la campaña #MeToo, a la que se han ido sumando un gran número de actrices de Estados Unidos para denunciar el acoso y abuso sexual en Hollywood y la industria de espectáculo en general, un grupo de más de cien actrices e intelectuales francesas respondió con un Manifiesto contra esta campaña. Éste no deja de condenar la violación y el abuso sexual, pero puso sobre la mesa temas que surgen alrededor de la condena al acoso que tocan fronteras poco claras para muchos, y para quienes los cuestionamientos de las francesas les hizo mucho sentido y lo aplaudieron, especialmente porque éstas tratan de rescatar el coqueteo y la galantería como comportamientos que no deben ser repudiados, considerando que quien los condena en realidad lo hace desde un puritanismo.

Para mí el manifiesto tiene reflexiones atendibles (por ejemplo, el linchamiento indiscriminado en redes sociales y medios de comunicación); mezcla diferentes niveles de argumentos, y hace algunas afirmaciones francamente peligrosas en términos del entendimiento, visibilización y condena del abuso y el acoso sexual. Me referiré particularmente a estas últimas para los fines de esta columna, cito:

  • El coqueteo insistente o torpe no es un crimen, ni la galantería es una agresión machista.
  • Defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual.
  • Somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el coqueteo torpe con el ataque sexual.
  • [La mujer puede] no sentirse traumatizada para siempre por un manoseador en el metro, incluso si se considera un delito.

Lo que están diciendo estas actrices e intelectuales es que no consideremos un crimen esa “libertad de importunar” porque estaríamos prohibiendo y satanizando toda un área de las relaciones personales, el juego sexual, la galantería, el coqueteo, y con eso seríamos puritanos. A lo que muchos hombres y mujeres (los y las escuché por escrito y en persona) dijeron “¡Claro!”, se pasan las del #MeToo.

Sin duda hay una línea muy delgada entre el coqueteo y el acoso, sin embargo, esa línea se vuelve muy clara si integramos a nuestra cultura la idea del consentimiento. Sobre esta idea se finca la campaña #NoEsNo que trata justamente de explicar y repetir la idea de cuando un no significa ¡No! Y que para mi gusto es una respuesta a las declaraciones del citado Manifiesto. Porque la parte de la “insistencia” del coqueteo torpe, debería parar al primer “no” de quien lo recibe; lo mismo el atrevimiento de quien importuna, o galantea o aborda o toca una rodilla (como dice el texto de las francesas).

Y es que hasta suena medio tonto por qué hay que explicar que “no es no”. ¿Por qué “no” no siempre significa “no”? Pues por nuestra pobre educación sentimental. Alrededor de la educación sobre el galanteo, el coqueteo, la conquista y el enamoramiento, la cultura dominante transmite ideas que incluyen la confusión, el doble mensaje, la manipulación, el engaño y la mentira como parte de ese juego. Muchas canciones (desde Álvaro Carrillo, Arjona, Alejandra Guzmán, hasta Maluma), telenovelas y películas recogen, reproducen y refuerzan el juego de “decir que no queriendo decir que sí”.

Y a partir de ello, enseñarles en la educación tradicional a las mujeres a que “se hagan las difíciles”, que “no digan que sí a la primera”, porque se verían “fáciles”; y a la contraparte masculina entonces, que no se crean “el no”, si te dicen que no, es que quieren decir que sí. Este juego ha terminado siendo un juego peligroso, cuando no criminal. Porque hemos oído declaraciones de acosadores, abusadores y violadores que dicen que sí escucharon que la mujer se negaba, pero que ellos estaban seguros de que ella sí quería. ¿Por qué? Porque nuestra educación sentimental predominante y pobre, incluye un entrenamiento enloquecedor, manipulador y aprovechado por los acosadores para afirmar que cuando una mujer dice que no, quiere decir que sí. Por eso -Señora Deneuve-, aunque nosotras no confundamos el coqueteo con la agresión sexual, como para denunciarlo, los agresores sexuales sí.

Es indispensable construir una cultura alrededor del romance y del juego sexual que incluya cualquier cosa que las personas involucradas consientan, esto es toda la libertad que defienden las francesas, pero también todo el consentimiento, que implica el respeto literal de la palabra de quien al decir sí dice que sí y de quien al decir no dice que no. No necesitamos esperar a saber qué quiso decir el o la otra “realmente”, ejerzamos cada una/o la libertad y la creatividad sexual que se nos antoje con el único límite de respetar literalmente y a la primera la negativa del o la otra.

 

 


Adriana Segovia. Socióloga por la UNAM y terapeuta familiar por el ILEF.

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