«FICCIONES Y SUBVERSIONES»: Amor y matrimonio en tiempos modernos

14 febrero, 2018

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La verdad es que las pretensiones de Juvenal Urbino no habían sido nunca planteadas en términos de amor, y era por lo menos curioso que un militante católico como él sólo le ofreciera bienes terrenales: la seguridad, el orden, la felicidad, cifras inmediatas que una vez sumadas podrían tal vez parecerse al amor: casi el amor” (García, 1985: 274-275)

 

La sociedad ha evolucionado, y con ello las concepciones y funciones sociales del amor, la sexualidad y el matrimonio.

Los matrimonios para toda la vida se avenían con circunstancias que les permitían proyectarse hasta el fin de sus días, permanecer durante sus vidas en la promesa nupcial, proyectar ahí el porvenir profesional, económico, el lugar de residencia, la creación de una familia.

El matrimonio aparece en la historia como un marco institucional, sin un interés en el amor, la convivencia se va cosiendo a través de intereses reconocidos. El matrimonio se basaba en la conveniencia, que aun cuando no convenía a los individuos, convenía al sistema estatutario. Los individuos poco tenían que decir, pues aún no se había asentado la noción del individuo que fue perfilada con nitidez durante el siglo de las luces.

Al ser la conveniencia la regla de la unión, el amor no tenía valor, tenía una nula estimación social, se consideraba que era transitorio y por lo tanto se colocaba al margen de lo instituido. Conllevando a la infidelidad, relaciones sin atadura, con gran velocidad y con amor.

Con la modernidad, la aparición del Estado Moderno, el liberalismo; va provocando una conciencia del Yo en el amor, una conciencia sobre el hecho de que uno ama y es amado, el amor se dirige a un Yo y a un Tú. Viene una etapa de la elevación de los sentimientos, la conquista del otro, de entrega, de disfrute, del esplendor del amor pasional, del amor para toda la vida, ¿con la infidelidad incluida?

Con el apasionamiento del amor, la relación sexual adquiere nuevos matices, se le asigna un rol social y por lo tanto se le institucionaliza. El amor se convierte en el fundamento de la sexualidad, y por lo tanto del matrimonio. Provocando que la relación sexual sea cercana y limitada solo a la pareja. La relación sexual que quede al margen de lo institucional, debe quedar fuera de la vista, no se podrá mostrar, ni individualizar, pero cumple sus funciones sociales.

Mientras que en los matrimonios de conveniencia la infidelidad era tácitamente consentida, en el matrimonio por amor la infidelidad contribuye a su muerte. Pero entonces, ¿qué decir de los amores contemporáneos que persiguen el matrimonio?

El fantasma de la infidelidad llevo al amor pasional a ser encajonado en códigos jurídicos, contratos matrimoniales de carácter racional, siendo el amor irracional.

Algunos teóricos de la sociología aseveran que la irracionalidad de la pasión amorosa hace improbable que dos personas caigan simultáneamente en un mismo tiempo de amor reciproco. Y quien ama no tendría derecho a exigir amor. El amor, la pasión, el deseo acaba por destruirse a sí mismo, perderá las cualidades que le dieron las alas de la imaginación. Evocar códigos de deberes y derechos significa incurrir en códigos que regulan el matrimonio, no así al amor pasional.

Es decir, no hay quien pueda regular la conducta del amor, más que el amor, elevado por algunos poetas a la categoría de Dios, y es este Dios quien en un ataque de furia puede llevar a los amantes al matrimonio y después arrastrarlos a la decadencia.

 

 


García, Márquez Gabriel (1985). Amor en tiempos de Cólera. Ed. Diana. México.

Mayra Rojas. Docente en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores Monterrey (Campus Estado de México) y en la Universidad Iberoamericana (CDMX). Doctora en Ciencias Sociales y Políticas (Universidad Iberoamericana).

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