«EL ARCÓN DE HIPATIA» #LadyDoritos: la inclusión de género no es una botana

Hombres y mujeres no son iguales ni siquiera a la hora de comer Doritos. Al menos eso piensa su fabricante.

A los primeros les encanta lamerse los dedos tras engullir los totopos y gustan de echarse los trocitos y migas sobrantes directamente de la bolsa a la boca. “A las mujeres les encantaría hacer lo mismo, pero no es así. No les gusta crujir demasiado fuerte en público”, declaró, CEO de PepsiCo, empresa que elabora esas frituras.

En una entrevista publicada el 31 de enero pasado por el sitio Freakonomics, la ejecutiva adelantó que su compañía “se estaba preparando para lanzar algunos Doritos diseñados exclusivamente para mujeres, que ellas podrían llevar en sus bolsos.”

Esta declaración desató una serie de burlas y críticas en las redes sociales con el hashtag #LadyDoritos. El tono de las mismas fue desde el enojo por el reforzamiento de estereotipos, hasta la vieja discusión sobre las diferencias e inequidades entre el hombre y la mujer. La controversia hizo que la compañía negara que estuviera preparando esa edición especial de su popular producto.

“El argumento que subyace bajo gran parte de la ira en torno a la mítica Lady Doritos se basa en la idea de que las mujeres comen Doritos de la misma manera que los hombres, y sugerir lo contrario es todo estereotipo y nada de sustancia”, expuso el diario The Washington Post, que a la vez concede que los estudios de mercado de la compañía pueden haber indicado la necesidad de crear otro tipo de papitas.

¿Existen mujeres que no gusten de manchar sus bolsos, lamerse los dedos o masticar con ruido? Sin duda. En lo personal, no tolero ensuciarme los dedos, pero no adjudico esto a mi condición de mujer, sino a una consecuencia propia de haber sido educada en un hogar con obsesión por esos detalles. Por eso, todos en mi familia, sin distinción de género, lo preferimos.

El tema va más allá de simples predilecciones, sino de los estereotipos y el desconocimiento total de lo que es y debe ser una política de inclusión.

Nooyi es la ejecutiva más poderosa del mundo, según la revista Fortune. Es india, presidenta y directora ejecutiva de Pepsico, una potencia multinacional con ventas de miles de millones de dólares al año. Su caso significa una extraña excepción en el universo empresarial norteamericano. Primero, por ser mujer, y segundo, porque es la primera ejecutiva nacida fuera de Estados Unidos en comandar esa trasnacional.

¿Qué motivó a Indra Nooyi, una mujer que dista mucho del rol tradicional, a hacer semejante declaración?

En alguna entrevista, Indra comentó cómo su madre las había motivado a su hermana y a ella a soñar más allá de los límites de un rol. No tenía por qué marginar su vida personal por la laboral, sino que tenía la capacidad de conquistar ambas.

No estamos ante una mujer que no crea en el empoderamiento de su género, sino en el de una mujer que, pese a haber vencido los obstáculos de un mundo “de hombres”, no ha logrado vencer estereotipos y prejuicios.

El comentario debe dimensionarse en el impacto de su alcance: la discriminación se sustenta en gran parte en torno a los estereotipos sobre el “deber ser”, el cómo se espera que se comporten hombres y mujeres, las labores que deben desempeñar en la familia y la pareja, e incluso en cómo deben relacionarse entre si.

El que hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades de acceder a las oportunidades laborales y a participar en la vida política no es aún sinónimo de  plena igualdad. Vivimos en una sociedad donde el rosa y el azul siguen determinando agenda.

La realidad es que aún queda mucho por lograr y demostrar, y mucho trabajo de hombres y mujeres por conseguirlo. De parte de todos, incluso de aquellos que nos creemos progres. Hay que tomar en serio la equidad y la inclusión, no como si fueran botana.

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