«EL RING DE LOS DEBATES»: La mujer que hizo a Nixon cancelar su suscripción a The Washington Post

Katherine fue educada para ser un personaje secundario, inseguro y ninguneado. Eugene Meyer, su padre, compró The Washington Post en una subasta pública en 1933, cuando el diario estaba en bancarrota, y lo utilizó como instrumento para adquirir poder en el ámbito político y apoyar la carrera de ciertos candidatos.

La joven se graduó en 1938 de sus estudios de Periodismo en la Universidad de Chicago y se incorporó al periódico San Francisco News, para el que cubrió la fuente laboral. Un año después, ingresó a Post.

Sin embargo, le fueron asignadas las secciones menos atractivas. Redactó artículos sobre canciones populares que inspiraban a las tropas, las movilizaciones de las mujeres, perfiles de personajes como la bibliotecaria del Congreso y también se encargó de revisar las cartas al editor. En 1939 cubrió su primera rueda de prensa en el Despacho Oval, ocupado por Franklin Roosevelt.

En 1940 se casó con Philip Graham. Poco después de la boda, Eugene lo nombró editor del periódico. En sus memorias, Katherine escribió: “Siempre era él quien decidía (…) Creo que disfruté con el papel de esposa felpudo. Por alguna razón, me gustaba ser dominada y llevar a cabo sus elecciones”.

Philip le fue infiel en varias ocasiones, además de que sufría de episodios maníaco-depresivos. Pese a eso, el suegro le entregó un tercio de las acciones del periódico. “Según me explicó mi padre, ningún hombre debía estar en la posición de trabajar para su mujer. Curiosamente, no solo cumplí con ello sino que estaba totalmente de acuerdo”.

Sumido en la depresión, amagó varias veces con el divorcio. Philip le decía a Katherine que la dejaría por su amante. Finalmente, el hombre se suicidó de un disparo. Fue así como la periodista asumió las riendas de The Washington Post. Y lo hizo en serio. Se deshizo de “los mediocres, los racistas y los aburridos” y contrató al mejor talento nacional para elevar la calidad de las publicaciones, entre ellos a Ben Bradlee, quien trabajaba para Newsweek.

La más reciente producción de Steven Spielberg, The Post (“Los oscuros secretos del Pentágono”), se centra en el episodio que marcaría la vida de Katherine, de su diario, del periodismo estadounidense y del rol de la mujer en ese país.

No seré spoiler así que no le contaré la trama. Sólo diré que ella se enfrentó al dilema de publicar los Pentagon Papers, documentos que cuestionaron la guerra en Vietnam.

La historia ampliamente documentada y dirigida con el oficio característico de Spielberg, narra la trama de una mujer en una posición directiva en un mundo profundamente masculino y misógino.

Retrata la transformación de Katherine de una mujer tradicional, reservada y sumisa, características de quienes eran parte de la clase alta norteamericana, en una lideresa que encabezó la transición del Post de un medio meramente provinciano a una empresa influyente, enormemente exitosa y con influencia más allá de las fronteras de ese país.

Tras la publicación de los documentos filtrados, la embestida del poder fue brutal. Nixon emprendió una cruzada contra el periódico. Le dio exclusivas a la competencia. Incluso amenazó con perjudicar el negocio de las licencias de radiotelevisión que gestionaba la familia.

Pero Graham no se amedrentó. Cuando Carl Bernstein y Bob Woodward le entregaron la información sobre el espionaje contra el Partido Demócrata, la editora los apoyó durante la investigación y defendió al periódico hasta el final. Aunque la Casa Blanca siempre negó las acusaciones, el escándalo Watergate obligó a Nixon a renunciar a la presidencia de ese país.

Es difícil saber quién fue la primera mujer periodista en México, pues por muchos años usaron seudónimos. Algunos identifican a Leona Vicario como una de las precursoras al registrar y escribir las noticias durante el periodo independentista.

De hecho, también se forjó un periodismo femenino con la creación del semanario Las Hijas del Anáhuac (1873-1874), surgido de la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres, que tenía entre sus asignaturas el de imprenta.

Durante la Revolución, Juana Gutiérrez de Mendoza, del periódico Vésper, y Elisa Rosete, usaron la prensa para luchar contra el gobierno de Porfirio Díaz.

Al paso de las décadas, las mujeres hemos demostrado que podemos trabajar la noticia y hacer escuela. Más y más mujeres optamos por pasar más horas frente a una máquina de escribir que a la de coser para bordar párrafos e ideas, antes que vestidos o delantales.

Por eso, no puedo dejar de emocionarme al ver Los oscuros secretos del Pentágono. Una cinta homenaje a Katherine Graham quien gracias a su persecución de la verdad, hizo que Nixon cancelara en dos ocasiones su suscripción a The Washington Post.

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