«ELLAS EN EL RETROVISOR» ¿Y la pequeña Lulú?

En ocasión de la ceremonia del 5 de febrero en Querétaro, la senadora Martha Tagle subió a su cuenta de Twitter la imagen del acto encabezado por el presidente Enrique Peña y escribió: “Esta foto representa que en México siguen gobernando un grupo de hombres, igual que cuando se promulgó la #ConstituciónDe1917. Las mujeres y otros grupos, como indígenas, no tenemos poder real #ParidadYa”.

Desconozco las razones de la ausencia de la única mujer gobernadora, la sonorense Claudia Pavlovich. Lo cierto es que el comentario de la legisladora de Movimiento Ciudadano era irrefutable.  Y al verlo, en seguida lo hice mío con un RT, señalando que me daba urticaria ese Club de Toby.

Los comentarios que consideraron exagerado el señalamiento no se hicieron esperar. Te recuerdo, nos dijo Fernández de Córdova, que los integrantes de la foto son gobernadores. Y efectivamente entre los 33 retratatados, estaban ellos e integrantes del gabinete.

A la senadora Tagle también le refutaron con preguntas como “¿y a quién ponemos, a Elba Esther o a Rosario?”.

Hubo quien argumentó ser partícipe de la igualdad de género, pero contrario a la idea de repartir los cargos a las mujeres sólo por el hecho de serlo.

La discusión tuitera me recordó las dificultades que todavía tenemos para entender y explicar que en un mundo en el que durante siglos se ha considerado que la conducción corresponde a los varones, resulta “natural” para hombres y mujeres que esto suceda.

Nos cuesta exponer y comprender que esa foto es resultado de una cultura milenaria que en muchas regiones del planeta sigue casi incuestionable cuando el destino de las vidas femeninas sigue siendo decidido por sus padres, esposos y hermanos.

Y si bien en México estamos lejos de las tristes luchas en contra de la mutilación del clitoris, el establecimiento del derecho de acudir a la universidad, quitarse un velo, manejar un coche o poner fin al asesinado a pedradas por adulterio, el rezago persiste y es enorme en la representación política.

Se nos dirá que aquí contamos con una ley que obliga a los partidos políticos a garantizar la paridad en las elecciones al Senado, Cámara, congresos locales y alcaldías. Y sí. A pesar de los corajes que ahora mismo están haciendo centenares de priistas, panistas, perredistas, emecistas, morenistas y todos los señores de la política, ya contamos con esa garantía.

También se ha ido ganando terreno para que las candidatas no sean enviadas únicamente a los distritos perdedores y para evitar el patético tiempo de Las Juanitas.

Sin embargo, a la hora del poder ejecutivo, donde no existe la garantía de la paridad, los nombres femeninos se reducen a la mínima expresión.

Y de las nueve gubernaturas que habrán de disputarse el próximo primero de julio, sólo en dos entidades existes prospectos, mujeres con altas posibilidades de convertirse en mandatarias estatales: en Puebla y en la CDMX.

En el resto, sólo habrá varones disputando la titularidad de los gobiernos de Chiapas, Guanajuato, Morelos, Jalisco, Veracruz, Tabasco y Yucatán.

El caso de la ciudad de México enorgullece a quienes aquí vivimos en tanto las dos principales candidatas de la contienda son reflejo de una sociedad cada vez más igualitaria en materia de género. Y tal y como están las tendencias ahora, a menos que sucediera un milagro, el gobierno de los chilangos quedará en manos o de Claudia Sheinbaum, abanderada de Morena, o de Alejandra Barrales, de la coalición del PAN-PRD-MC.

También en Puebla es muy probable que la candidata de esa misma coalición, Martha Erika Alonso, de una dura pelea por la gubernatura con Miguel Barbosa de Morena.

Así que al menos una o dos de las tres postuladas a gobernadoras en este 2018 podrán acudir el próximo 5 de febrero de 2019 al aniversario de la Constitución y romper esa terrible imagen del Club de Toby.

Ya no será Claudia Pavlovich la única pequeña Lulú de esta historia.

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