«EL RING DE LOS DEBATES»: No somos un bulto que camina atrás del hombre

El pasado 8 de noviembre, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó  los criterios para que los partidos políticos o coaliciones garanticen los principios de paridad entre géneros, inclusión e igualdad política al asignar las candidaturas federales a diputaciones y senadurías.

El consejero Benito Nacif, presidente de la Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos, reconoció que no puede haber democracia sin igualdad de oportunidades. “Las mujeres y grupos indígenas en el país son los sectores más sub-representados”, comentó al apuntar que dicho acuerdo establece “medidas compensatorias, acciones afirmativas”, que plantean revertir la desigualdad hacia las mujeres.

Y es que nuestra democracia, además de incipiente, es machista. Las cifras no mienten.  En el Senado, por ejemplo, la desproporción entre hombres y mujeres es histórica. La LVIII Legislatura que concluirá con las elecciones de este año, está conformada por 86 hombres y 42 mujeres. La que estuvo vigente de 2006-2012 tuvo 106 senadores y 22 senadoras. Mientras que en la Legislatura anterior, de 2000 a 2006, hubo 108 hombres y 20 mujeres.

Por eso, el acuerdo aprobado establece que, para el caso de las senadurías por el principio de mayoría relativa, la primera fórmula de la lista de candidatas y candidatos por cada entidad federativa, deberá ser de género distinto a la segunda, y de la totalidad de las listas, el 50 por ciento deberá estar encabezada por mujeres y el resto por hombres.

Pese a esta determinación, sólo una mujer (acaso dos si María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, alcanza las 866 mil 593 firmas de respaldo indispensables), aparecerá en la boleta para competir por la Presidencia de la República, ella y la ex Primera Dama, Margarita Zavala.

Es de destacar que no tenemos mucho que presumir. En la historia política del país, sólo cinco mujeres han competido para llegar a la Residencia Oficial de Los Pinos. La primera fue Rosario Ibarra de Piedra en 1982, bajo las siglas del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

En la sucesión presidencial de 1994, hubo dos competidoras: Cecilia Soto González,  postulada por el Partido del Trabajo (PT); y Marcela Lombardo Otero, abanderada del Partido Popular Socialista (PPS).

En 2006, Patricia Mercado fue la candidata del Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina; y por último, Josefina Vázquez Mota abanderó al PAN en 2012.

Y es casi un hecho que la Ciudad de México será gobernada por una mujer de 2018 a 2024, a menos de que las dos futuras candidatas cometan un error que les quite la sobrada ventaja que hoy tienen sobre el priista Mikel Arriola.

 

Una ciudad con aroma de mujer

Las riendas de la capital del país serán seguramente conducidas por Alejandra Barrales o por Claudia Sheinbaum. La primera como abanderada de la coalición Por la CDMX al Frente que integran (PAN, PRD y MC) y la segunda por Morena.

Barrales Magdaleno proviene del movimiento sindical; ha sido diputada federal, senadora, lideresa nacional del PRD y funcionaria en las administraciones de Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera.

Sheinbaum Pardo inició sus actividades políticas en la UNAM. Fue parte de la dirigencia del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) y tras dedicarse a la academia, fue designada secretaria del Medio Ambiente en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Ambas han estado en el ojo del huracán. Barrales por los inmuebles que posee: un departamento de 14 millones de pesos en Miami y una casa en las Lomas de Chapultepec con valor de 13 millones 300 mil pesos. Ella asegura que ambas propiedades están declaradas en su 3de3 y que son producto de 30 años de trabajo.

Como funcionaria del gobierno capitalino, Sheinbaum impulsó proyectos como el segundo piso vehicular gratuito del Periférico, obra que fue señalada por su opacidad pues nunca se transparentó su costo definitivo.

Además, tras el terremoto del 19 de septiembre del año pasado, se descubrieron una serie de irregularidades en el colegio Rébsamen, donde murieron 19 niños y varias de ellas apuntan a la entonces jefa delegacional en Tlalpan.

Como quiera que sea, la elección de cualquiera de las dos será un avance en la participación política de las mujeres en el país y en la construcción de esa democracia 50/50. Como ciudadanos estaremos pendientes de su desempeño, así como de las que lleguen a los congresos federales y locales.

Confío en que seremos capaces de demostrar que las mujeres comunicamos de manera distinta, escuchamos, promovemos el diálogo y le apostamos al consenso; que somos más colaborativas, inclusivas y orientadas al trabajo en equipo. Y que, por ende, podemos gobernar y legislar de manera más efectiva. Que así sea.

Apuntes para cerrar: No necesitamos que nos hagan el favor, no queremos ser suplentes, sino titulares, no somos el sexo débil. Basta de ver a la mujer como un bulto que camina atrás del hombre.

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