«EL RING DE LOS DEBATES»: El ADN del feminicidio en México

La mañana del pasado 13 de enero, Magdalena salió de su casa para dar una consulta en el Centro de Salud de Taxco, Guerrero, donde trabajaba. Alrededor de las 17:30 horas, la nutrióloga se comunicó con su madre, María, a quien le dijo que iría por sus hijos quienes se encontraban con su padre, César López Arciniega, de quien estaba separada.

En esa llamada acordaron verse más tarde en la iglesia para asistir a la misa de su abuela, quien falleció hacía un año. Magdalena nunca llegó. Ese mismo sábado fue reportada como desaparecida. Durante nueve días no se supo nada de ella, hasta el lunes 22 de enero cuando fue encontrada. Lo que hallaron era indescriptible.

Su cuerpo estaba en un local comercial que pertenece a su ex esposo en el centro de Taxco. Estaba desmembrado y colocado dentro de cazuelas, bolsas y en el interior de un refrigerador.

En el establecimiento de tres metros de ancho, con un portón sin razón social que funcionaba como “centro botanero”, se descubrió una olla de peltre con las extremidades superiores e inferiores de Magdalena, cocidas. En el piso había una bolsa negra de plástico que contenía la pelvis, también cocida. Finalmente, adentro del refri se encontró el tronco del cuerpo y el cráneo semicongelados.

Cientos de personas salieron a las calles de esa ciudad turística para exigir justicia por el brutal crimen y para despedir a Magdalena Aguilar Romero. Además, se realizó una misa de cuerpo presente en la iglesia de Santa Prisca; luego, sus restos fueron sepultados en el panteón municipal.

El año pasado, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en Guerrero se registraron 2 mil 529 homicidios dolosos; de ellos, 219 fueron contra mujeres. Sin embargo, la Fiscalía General del Estado (FGE) sólo clasificó a 13 como feminicidios.

La tendencia de muerte contra las mujeres en Guerrero en este 2018 es similar o peor. En los primeros 23 días de este 2018, han sido asesinadas 20 mujeres. La más reciente, Magdalena.

Las mismas cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública reconocen que 2017 fue el año con más violencia en la historia reciente del país, pues se registraron 29 mil 168 homicidios dolosos; de ellos, 671 fueron feminicidios, la mayoría (32) se cometieron en Culiacán, Sinaloa.

Sin embargo, el año pasado no es más que el reflejo de una inercia letal para las mujeres. Una violencia que se disparó en el último trienio: entre 2015 y 2017 se registraron mil 640 feminicidios, lo que representa un incremento de 72 en comparación con los 389 feminicidios contabilizados en 2015.

En anteriores entregas se había señalado la falta de información oficial sobre feminicidios. Estos datos que dio a conocer el Secretariado Ejecutivo son el primer reporte de incidencia delictiva con perspectiva de género, elaborado con información de las procuradurías y fiscalías estatales.

Así, se detalla que en 2015 se abrieron 389 carpetas de investigación por feminicidio; 580 en 2016; 671 en 2017, lo que da un total de mil 640. Sinaloa encabeza la lista con 82 feminicidios el año pasado, el más letal para las mujeres; después siguen Veracruz, con 79; Oaxaca, 58; Estado de México, 57; Nuevo León, 43; Ciudad de México, 37; Sonora, 32; Chiapas, 29; Tabasco, 28, Jalisco, 27, Morelos, 27, y Puebla, 27.

Los 10 municipios con el mayor número de feminicidios en ese lapso son: Culiacán, con 32; Mazatlán,15; Cajeme, Sonora, 13; Veracruz, 13; Navolato, 10; Xalapa, 10; Centro, Tabasco, 10, Ahome, Sinaloa, ocho, Acapulco, ocho, y Cárdenas, Tabasco, siete.

Esas estadísticas son importantes pues permiten dar una dimensión real al tamaño del problema. Tener un diagnóstico más preciso dará, a su vez, herramientas para diseñar las políticas públicas que permitan combatir el fenómeno con mayor eficacia.

Saber qué estados y qué municipios son los más letales para las mujeres e, incluso, los meses en los que más se comenten esos crímenes, permitirán establecer medidas para prevenirlos.

¿Qué sigue? Tipificar a los responsables: identificar si en la mayoría de los casos son los esposos, familiares, amigos o gente del primer círculo de la víctima; compañeros de trabajo o de estudios, o ajenos. Y de ahí pasar a estudiar las causas de los crímenes.

Todo esto se convertiría en un trabajo de inteligencia sobre el feminicidio en México. Crear un ADN de este fenómeno. Sería un documento valiosísimo para evitar más casos como el de Magdalena. Y así, cerrar las puertas a mentes enfermas como la de César López Arciniega. Ojalá, se pongan a trabajar.

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