«MIRADA GLOBAL»: Perder el asombro ante el horror

Tenía 28 años cuando Magdalena Aguilar Romero buscando a sus hijos encontró la muerte. La última vez que se le vio con vida fue el 13 de enero. Dio sus últimas consultas como nutrióloga, en el Centro de Salud de Taxco, Guerrero. Nueve días después su cuerpo desmembrado se encontró congelado en varias ollas, listo para ser cocinado en un local de su ex esposo, César Gómez, el principal sospechoso del asesinato. Todo este horror, de acuerdo con las autoridades, ocurrió en presencia de sus hijos y con la participación de la suegra que hoy es la única detenida.

El crimen, uno de los más brutales dentro de la brutalidad de la violencia en la que estamos inmersos en todas direcciones ya no sorprende ni indigna a la sociedad que parece estarse acostumbrando a los interminables y cada vez más horrendos asesinatos. Sí, una cosa es el crimen organizado, otra los homicidios dolosos, otros los feminicidios. Pero todo a final de cuentas es violencia, porque esta tiene múltiples expresiones. Que no se nos olvide.

José Ignacio Cortaza tenía 28 años cuando cayó muerto, junto a otra persona, por las balas de un comando armado  que irrumpió en el antro La Bartola, en Xalapa, Veracruz. La madrugada del sábado fue la última vez que “Pepe Cortaza” tocó el trombón en la orquesta de salsa Mayabe. Era de Minatitlán, estudiaba música en la Universidad Veracruzana. Otros de los músicos resultaron heridos. Todo apunta, hasta el momento, que a Pepe le tocó la desgracia del fuego cruzado. De estar en el lugar en la maldita hora equivocada.

No voy a dar cifras del INEGI ni de organismos no gubernamentales – que coinciden en el repunte de actos delictivos y que se pueden consultar en internet- porque a fin de cuentas los números se pierden en la espiral diaria de decapitados, desmembrados, fosas clandestinas, asaltos, secuestros, feminicidios, excesos policiacos, violencia de género, violencia intrafamiliar.

Violencia, sí la maldita violencia que no cede. Hasta hoy no hemos escuchado una sola propuesta concreta y creíble para frenarla -que no sea la estupidez de la amnistía a los narcos- por parte de quienes aspiran a gobernar este país. No nos acostumbremos al horror. No digamos pero si yo estoy bien. No caigamos es mejor ver el vaso medio lleno que medio vacío. No caigamos en la indolencia. #TodosSomosMagdalena,  #TodosSomosJoséIgnacio, y preguntemos ¿Qué estamos haciendo como sociedad?

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