«MIRADA GLOBAL»: La terrible “normalización”

En un trayecto abordo de un Uber pregunté al conductor cuáles eran las situaciones más difíciles a las que se había enfrentado ofreciendo este servicio. El chofer como de 40 años me dijo: “fíjese que el otro día me dio una tristeza terrible que una jovencita venía tan tomada que se quedó dormida en el coche.  Llegué a la dirección que me habían dado y estuve afuera tocando el timbre como una hora. Nunca me abrieron. Y yo pues muy preocupado porque con todo lo que ha ocurrido -casos de abusos y muerte de una joven en Puebla- imagínese en el problema en que me meto. Me tuve que esperar como unas 4 horas para que alguien abriera y la ayudara.  La chavita  se despertó como a las 10 de la mañana, vomitó. No sabía dónde estaba. Cuando le expliqué me dijo  -ahh… mil gracias- sacó la llave y se metió a su casa”.

Como madre de un joven de 21 años la historia me sobrecogió. Tal vez pensando sobre lo vulnerables que son aún y con sus desplantes de que ya dominan el mundo. El conductor del Uber me dijo que era el caso más preocupante que le había ocurrido, pero que era frecuente recoger a adolescentes completamente ahogados en alcohol. Quiénes sabemos de los excesos con la bebida no nos escandalizamos. Lo que sí es que al menos durante mi adolescencia eran casos aislados. Tal vez ahora sea más aceptado y visible que hombres y mujeres digan: “sí, bebo y me gusta ponerme hasta las chanclas”.

Recuerdo esto porque no me resulta sorprendente los datos que arrojó la última Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco: se ha duplicado en los últimos 5 años el consumo de alcohol entre las personas de 12 a 17 años. El porcentaje de mujeres que consumen aumentó un 105 por ciento. 7 de cada 10 mexicanos consumimos alcohol, 2 de cada 10 lo hace en exceso.

Con esos datos duros le pregunté a Arturo Sabines, Director de la Oficina Nacional de Control de Tabaco y Alcohol de la Comisión Nacional contra las adicciones (CONADIC) el porqué de este incremento en el consumo. Además de todos los problemas emocionales y biológicos que pueda tener una persona para desarrollar una adicción, hay – me dijo- una “normalización” para consumir alcohol y otras drogas. Me explicó que en los hogares se tolera más que ocurra esto. “Hay padres que dicen: “Hijo yo te voy a enseñar a beber”  o incluso quiénes comentan sin preocupación: “prefiero que mi hijo y sus amigos se vengan a tomar a casa porque aunque se caigan de borrachos los cuidamos”. Frases que efectivamente se escuchan con frecuencia.

Entre los jóvenes también “normalizan” esas situaciones. “Mamá porqué te preocupas que me haya puesto borracho. Tooodo mundo lo hace. Las ‘niñas’ también y sin problema. No pasa de una borrachera y cruda horrible”.

Tal vez sí y tal vez no, porque en qué momento se rompe el delgado hilo entre beber explosivamente y convertirlo en una adicción y un problema  se desconoce. Y así sucede con otras drogas. Lo que sí está muy claro científicamente es que mientras más joven se empieza a consumir cualquier tipo de droga es más fácil romperlo.

La palabra “normalización” es algo que debe preocupar porque hoy en día ¿qué es normal? Entre las histerias y los radicalismos la justa dimensión de las cosas es algo que nos cuesta trabajo dimensionar. ¿Hasta dónde y bajo qué parámetros?  El sentido común y la autocrítica son cosas que no fallan. ¿Será “normal” que la cifra de consumidores de alcohol haya pasado de 5.7 millones en 2011 a 8.4 millones en 2016?

Comentarios

comentarios