«DOLCE ÁLTER EGO»: Uvas para dar “Gracias”

Despedir la “nochevieja” comiendo las “doce uvas de la suerte” a la medianoche del 31 de diciembre, es quizá el más socorrido de nuestros rituales de Año Nuevo. Se dice que cada una de las 12 uvas representa un deseo o meta por cumplir durante los 12 meses del año entrante.

Independientemente de los ritos familiares de fin de año, lo más seguro es que a la hora del brindis ninguno de nosotros escape del balance personal. Consciente o inconscientemente, unos minutos antes de las 12, cual película en retroceso, por nuestra mente pasan tanto las metas que sí cumplimos como las que no. Y, por supuesto, también los momentos más felices o difíciles del año.

Antes de la media noche del 31, daré las gracias por estar viva y completa. No sólo sobreviví a la violencia y delincuencia citadina, también al terremoto. Pude alimentarme y alimentar de sobra a los míos. Disfruté infinidad de delicias callejeras, caseras y de altos vuelos. Compartí muchas celebraciones en torno a mesas bien dispuestas y con abundantes viandas. No puedo ni debo quejarme de nada.

Tras este violento y trágico 2017, en lugar de invocar deseos, con las 12 uvas voy a conmemorar y agradecer los mejores momentos gastronómicos vividos en este año:

Febrero de “Pozole rojo estilo Michoacán”. A fines del mes nos reunimos en familia con motivo del cumpleaños de mi suegra. Como en casi todas las celebraciones de mi familia política, el plato especial fue el pozole. En esa ocasión preparado por mis cuñadas con base en la receta tradicional de su madre. Un delicioso caldo espeso, con tiernos granos de maíz y picor sutil.

Fue el último pozole que disfrutamos en compañía de mi suegra. Al siguiente mes, ella nos dejó. Pero el sabor inigualable de su “plato estrella”, el mismo que preparó por años para infinidad cumpleaños y fiestas familiares, se quedará por siempre en mi memoria culinaria. Muchas Gracias Elena por habernos brindado tantos platos de felicidad.

Marzo de “Mole de olla de doña Martha”. Una señora que por años tuvo un comedor dentro de la Central de Abastos, me enseñó a preparar este plato el mes de marzo. Con toda su generosidad y paciencia, esta gran cocinera me explicó el paso a paso y los mejores tips de su propia receta. Mientras asábamos los chiles y picábamos las verduras, me platicó de sus aventuras en el mercado más grande de la CDMX, en la época en que servía más de cien comidas diarias en su fonda. Disfruté a morir de sus anécdotas, del sabor de los chiles ahumados y de la acidez que el xoconostle le brindó al caldo. Más que agradecida con Martha por sus secretos y gran sazón.

Mayo en el Nudo negro. Para celebrar mi maternidad, mi familia me llevó a Nudo negro, un restaurante de “culto a los ingredientes mexicanos, las especias de Medio Oriente, las técnicas japonesas y los encurtidos coreanos”, propiedad del chef Daniel Ovadía. Su “Chamorro glaseado con miel y cardamomo, zanahoria y betabel a la sal, eneldo, cebolla de cambray sobre cama de puré de papa” aún me hace soñar por la sedosidad de su carne y los fuertes matices de cardamomo en la salsa. Un lugar para volver una y otra vez.

Agosto: Chiles en Nogada por mi cumple. Con motivo de mi cumpleaños, cada mes de agosto mi gozo culinario tiene un solo destino: los deliciosos Chiles en Nogada. Este año, en compañía de grandes anfitriones, gocé de todas las bellezas y delicias de la ciudad cuna de mi plato favorito. Puebla me maravilló con su Museo del Barroco, la pirámide e iglesias de Cholula, la Talavera, las flores de Atlixco y el mole rosa de piñón. Mi comida de celebración tuvo lugar en “El mural de los poblanos”. Los Chiles en Nogada de este lugar son la marca de la casa. Un manjar de dioses que disfruté aderezado por la plática de un experto y el maridaje de mi vino favorito: el 3v de Casa Madero.

Octubre en la Roma-Condesa: Tras los sismos de septiembre, aún asustada y con el ánimo por el suelo, decidí apoyar la convocatoria de los restauranteros del corredor Roma-Condesa, quienes unidos durante la emergencia para alimentar a los damnificados y rescatistas del S19, en octubre llamaron urgentemente a la reactivación de la zona con el movimiento #SeguimosDePie. Algunos crearon un menú especial, donando un porcentaje de sus ventas para la reconstrucción. Mi elección fue el restaurante Cedrón, donde desayuné unos “Huevos con machaca” traída de Chihuahua, servidos con un sope de hoja santa y nopales asados. En el transcurso del año descubrí varios y buenos cafés en estas colonias. Vale la pena recorrer sus calles y tomarse un espresso o capuccino en #CasaNegraGourmet, #CafeToscano y en #Bunacafé, lugares todos que, en su momento, me hicieron la mañana o la tarde.

Diciembre de “Bacalao Martín”. Como cada fin de año desde hace una década, en diciembre disfruto del delicioso bacalao preparado por mi cuñado. Con toda paciencia y cariño, él se toma su tiempo para comprar los mejores ingredientes y elaborar su famoso “Bacalao a la vizcaína”. Es el plato con el que en su casa reciben a la familia y a muchos amigos. Lo disfrutamos con baguettes recién horneadas de La Esperanza y vino espumoso. Brindamos por estar… y estar en familia, un año más.

No sin antes agradecer su lectura a esta colaboración semanal, les deseo una reunión de fin de año feliz y memorable. También un 2018 lleno de experiencias nuevas y placenteras. ¡Salud!

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