«ELLAS EN EL RETROVISOR»: La perversión religiosa de 2018

Extraño los días en que los políticos del PRI se desgarraban las vestiduras cuando Vicente Fox repartía bendiciones.

Y más extraño al escritor y cronista Carlos Monsiváis que sumaba a su alrededor a los defensores del Estado laico.

Pero 18 años después de la irrupción de aquel gobernador de Guanajuato que reclamaba su derecho al ejercicio libre de la religión, es evidente que el presidente Fox ganó la partida.

Porque aquellas provocaciones foxistas a los intelectuales y a la clase política con sus referencias católicas nunca cedieron.

Sin embargo, durante el gobierno del primer presidente del PAN nunca se frenó la agenda de la salud reproductiva y de género, complementarias e indisolubles.

Ello es así porque el derecho a decidir cuándo y cuántos hijos se desean tener, es una premisa del feminismo. Sin aquella libertad, no hay autonomía.

Recuerdo esta característica del sexenio de Fox, porque llegado el segundo gobierno del PAN, el de Felipe Calderón, sí hubo un freno a la despenalización de la interrupción del embarazo y a la salud reproductiva.

En contraste, para fortuna del Estado laico, los gobiernos del PRD en la CDMX tanto de Rosario Robles como de Marcelo Ebrard abrieron el camino a favor de las libertades democráticas.

Gracias a ambos jefes capitalinos nuestra Ciudad de México garantiza el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo y los matrimonios entre personas del mismo género.

La aportación del PRD como partido fue más allá de las políticas públicas. Porque las controvertidas legislaciones en materia de aborto y bodas gay llegaron hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación y sus ministros optaron por garantizarlos como derechos preservados por la Constitución.

Lamentablemente en el PRI, en el sexenio anterior la segunda fuerza política y ahora el partido en el poder, tomaron la ruta del conservadurismo panista.

Desde la dirigencia priista de Beatriz Paredes comenzó el retroceso con el apoyo a la penalización del aborto en congresos locales.

En este sexenio, el PRI hizo suya la agenda conservadora y religiosa del Partido Encuentro Social (PES) y frenó  en la  Cámara de Diputados el paquete legislativo contra la homofobia que el presidente Enrique Peña había presentado.

Después, ante la derrota electoral del 2016, muchos priistas se justificaron señalando que habían perdido por esa propuesta presidencial.

En tanto, el PAN siguió sin actualizar su doctrina, históricamente confesional y adversa a la decisión voluntaria de interrumpir el embarazo y a la diversidad sexual.

Para colmo de males, el PRD se debilitó políticamente y su fuerza parlamentaria disminuyó con la salida de Andrés Manuel López Obrador.

La derechización del espectro político se acentuó cuando el considerado principal líder de izquierda, AMLO, minimizó en la plataforma de Morena la agenda de las libertades democráticas.

Sabíamos que el puntero en las encuestas de las futuras elecciones presidenciales rechaza el término feminismo y que le huye al tema de la diversidad sexual.

Sabíamos que no contábamos con López Obrador para las batallas a favor de un Estado laico.

Pero la anexión del PES a la coalición encabezada por Morena va más allá de una postura conservadora, siempre respetable mientras ésta no imponga su credo como razón de Estado.

La anexión del PES al bloque electoral de AMLO implica que el candidato acepta que una fuerza política lo sea como tal para impulsar la religión como plataforma ideológica.

Se trata de una pésima noticia para las libertades democráticas.

¿Quién carajos les dijo a los presidenciales que ser mocho está de moda?

¿Quién le recomendó al candidato del PRI, José Antonio Meade, contar a la menor provocación que no perdona la misa dominical?

Ya sabemos que los estrategas de comunicación recomiendan a los aspirantes que cultivar el valor de la familia es lo más importante para el votante mexicano.

Pero, carajo: la familia no es un modelo único. Tenemos muchas formas de ser familia.

Al menos en la coalición Meade Ciudadano Por México cuentan con el partido Nueva Alianza, cuya defensa del Estado laico, esperamos, será fundamental para que el aspirante module sus actitudes confesionales.

Lo mismo sucede en la coalición PAN-PRD-MC Por México al Frente, donde los perredistas están obligados a contener las pulsiones conservadoras del presidenciable Ricardo Anaya.

Sin embargo en la coalición de AMLO Juntos haremos historia estamos fritos.

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