«ELLAS EN EL RETROVISOR»: Julia Carabias, universitaria y política

La entrega de la medalla Belisario Domínguez a Julia Carabias es una de las mejores noticias legislativas del año. Porque significa que en medio de la trifulca electoral aún hay espacio para el acuerdo a favor de lo correcto.

Sé que muchos querían que el máximo reconocimiento del parlamento mexicano recayera en la maestra Ifigenia Martínez, quien sin duda fue una artífice clave del PRD, un partido al que no podemos regatearle sus aportaciones a la defensa de las libertades democráticas.

Pero en la lista de los constructores de la democracia figuran decenas junto a la ex priísta y ahora morenista.

El hecho que ayer miércoles 6 de diciembre el galardón haya recaído en la investigadora universitaria cobra mayor valor porque el debate de su entrega estuvo precedido por una de esas malévolas y ofensivas ocurrencias que suelen tener nuestros políticos.

Sí, por supuesto que me refiero a la patética propuesta de que la Belisario Domínguez, la medalla a la valentía y la entrega a las causas de la nación, se le asignara a esa vergüenza de género que representa el discurso de mujer empoderada de Kate del Castillo.

Así que después de tan truculento episodio, propio de los tiempos de frivolidad y cinismo que ahora atestiguamos, resultó muy grato saber que la comisión que presidió el culto y destacado senador Zoé Robledo se decantó por una trayectoria femenina ejemplar en sus resultados.

Porque Julia Carabias representa más que la historia de una mujer destacada. Se trata de una pionera en el impulso de la agenda ecológica, de la sustentabilidad ambiental de la mano del desarrollo, de la defensa de nuestros recursos sin clichés ni poses.

Se trata de una académica que enorgullece a sus pares y a la comunidad universitaria de la UNAM, porque salió de las aulas para convertirse en la primera secretaria federal del ramo, en el sexenio de Ernesto Zedillo, y lo hizo sin estridencias y con eficacia.

Pero hay más: Julia Carabias hizo lo que casi nadie hace cuando incursiona en la administración pública y la vida política. Ella volvió a su ámbito de investigadora a generar, cultivar el conocimiento y su difusión.

En vez de embelesarse con la parafernalia del poder, convirtió su fuerza en una plataforma para emprender proyectos de preservación de nuestros recursos naturales en Chiapas.

Personalmente siempre he admirado esa consistencia en su manejo público, su capacidad de comunicación y esa mesura propia de una mujer culta, formada en los valores más profundos del conocimiento científico.

Cuando era secretaria de Medio Ambiente siempre me conmovió su actitud sencilla e incluso parca, la misma que tenía cuando era académica de la UNAM y acudió al Congreso Universitario como representante de su sector.

La recuerdo en el debate de la evaluación universitaria, cuando hablar de ese tema era sinónimo de “defensor del régimen salinista”.

Carabias era desde entonces y, como ahora, una mujer que entiende el peso del conocimiento en la vida democrática y de la importancia que aquel se traduzca en bienes colectivos. Por eso celebro que sea ella la destinataria de la Belisario Domínguez 2017.

Hay una razón más por la que disfruto este reconocimiento: porque Julia Carabias representa a una generación comprometida con la política institucional, una generación que fue capaz de romper con el discurso radical anti sistema y que supo construir puentes entre la supuesta pureza del quehacer académico y las soluciones para la vida real.

PD: Tengo más de dos décadas escuchando el mismo comentario insulso sobre el aspecto físico de nuestra galardonada, ajena al estereotipo de la funcionaria maquillada y a la última moda.

Y ayer como entonces sólo diré: de eso se trata también la inteligencia, de darse el lujo de ser fiel a sí mismo, de trascender los aspectos superficiales de la vida pública, a cambio de centrarse en la posibilidad de cambiarla.

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