«ELLAS EN EL RETROVISOR»: ¡Panzonas inmensas!

Porque de lo que se trata es de atizar odios y profesar amores virtuales.

Que Elena Poniatowska fue ofensiva con las juchitecas. Sí. Ni duda cabe. Como lo somos cuando, en público y sin tacto, le otorgamos un peso negativo a una característica física.

Que los impugnadores de La Pony exageraron la oportunidad para descalificar a la escritora. Por supuesto. Y no porque seamos una sociedad quisquillosa con las expresiones excluyentes.

La descalificación hacia la autora de La noche de Tlatelolco y Hasta no verte Jesús mío, fue la evidencia semanal del ánimo confrontador que nos ronda en la víspera de la competencia electoral.

Acaso porque se trata de La Pony, una mujer famosa a la que se le conoce más por su apoyo acrítico, y en ocasiones fanático, hacia Andrés Manuel López Obrador que por su talento literario.

Y es que eso es lo que está sucediendo con nuestros artistas e intelectuales en el debate mediático. Lo que menos nos importan son sus obras. Porque de lo que se trata es de atizar odios y profesar amores virtuales.

Por eso resulta sencillo exagerar la plana y si La Pony dijo que las juchitecas ahora son panzonas e inmensas. por su alto consumo de cerveza, es más dramático contar que además de gordas las llamó mensas.

¿Importa el matiz? Claro. Porque la mentira siempre cuenta.. Y nos desnuda y exhibe cuando muchos, decenas, cientos, la hacen suya.

Pero esa falsedad, la de pretender que la escritora dijo mensas en vez de inmensas, tampoco disculpa ni suaviza ni diluye el hecho de que una de las grandes, la Poniatowska, se haya referido con desdén al sobrepeso de habitantes del Istmo de Tehuantepec, quienes en su mayoría encarnan la pobreza indígena.

Se trata, sin embargo, de una forma muy nuestra de dar por fea, mala y repugnante a la gordura, una conducta colectiva de la que ni siquiera La Pony logra escapar.

Y no es que estuviera en la sala de su casa tomando café con sus íntimas. No. Fue un desliz del lenguaje discriminatorio que nos une en plena exposición con estudiantes de bachillerato, en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO 2017).

Porque una cosa son las pinturas del colombiano Fernando Botero con personajes pasados de peso, y otra el relato de nuestra escritora recordando que a Tina Modotti le tocó fotografiar a las juchitecas cuando era flaquitas, como sinónimo de bonitas. Y no a las panzonas inmensas de hoy.

Así somos: aborrecemos la gordura porque la padecemos. Y en el caso de las mujeres, es una carga que margina.

La Pony se equivocó. Sí, Como lo hacemos cotidianamente todos al sumar a la descalificación el popular “esa pinche gorda”.

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