«CUARTO PISO»: Amar-te duele

Una buena relación comienza en casa.    

La violencia en el noviazgo es más grave de lo que pensamos y aumenta con gran velocidad en México. Muchos lo han subestimado, pero se trata de un problema que merece atención de manera urgente.

Uno de los principales obstáculos es que no se denuncia.

La Organización Mundial de la Salud reveló que, en el 2016, tres de cada 10 mexicanas entre 15 y 24 años, sufría de violencia en su relación de pareja.

En su más reciente reporte, el Instituto Mexicano de la Juventud señaló que el 41.6 por ciento de las mujeres de esas mismas edades han sido agredidas por su novio.

Lo preocupante es que los adolescentes lo entiendan como una conducta normal porque para muchos es parte de la relación de pareja. Y no, por supuesto que no es así.

Es inaudito creer que violencia sea algo normal en un noviazgo, cuando diario de alguna manera se lucha en contra de esta calamidad, no con el éxito que uno quisiera, pero si con una enorme concientización que “así, no”.

¿Por qué los jóvenes se han acostumbrado a relacionarse entre gritos, insultos, empujones y amenazas?

Para los especialistas, tiene mucho que ver la forma en la que actualmente se comunican los niños, adolescentes, hombres y mujeres. Porque en el día a día se han perdido el respeto. Se insultan, se dicen groserías, no tienen límites y lo ven como algo común en las parejas.

Con el tiempo, los insultos suben de tono, comienza la violencia psicológica, después la violencia física, los empujones, jalones de cabello y la relación entra en un círculo vicioso, difícil de salir.

El agresor, explican los especialistas, suele ofrecer disculpas y dice estar arrepentido de lo que hizo, algunos días será cariñoso, asegura que no volverá a ocurrir, que ella lo provocó, lleva flores, regalos y después de unos días vuelve a actuar con la misma violencia o más y la historia se repite.

Los padres en la mayoría de los casos no se enteran, están ajenos o lo saben cuando ocurrió algo más grave.

El comienzo es la violencia psicológica, se molestan por la forma de vestir de la pareja, prohíben amistades, la aíslan socialmente, hay celos excesivos, controlan el tiempo y las actividades cotidianas.

Después la violencia física que inicia con empujones, arañazos y jalones y continúa el maltrato físico considerado moderado, que son golpes, bofetadas, patadas hasta llegar en ocasiones al ahorcamiento incluso la muerte.

En los estudios del origen de la violencia en parejas casadas, se ha concluido que viene de una violencia más sutil e invisibilizada durante el noviazgo.

Además, porque se repiten patrones, un padre controlador, celoso y agresivo con su esposa, es muy probable que su hijo haga lo mismo con su pareja.

Ocurre en todos los niveles socioeconómicos, pero las adolescentes son las más vulnerables a la violencia en el noviazgo.

A los padres se les recomienda estar atentos para detectar relaciones violentas.

Las alertas son: que las hijas se aíslen, que ya no salgan con amigos, que dejen de vestirse de cierta manera, que no se maquillen o que estén tristes y deprimidas.

También, se advierte, que los padres detecten actitudes violentas de los hijos.

Una pareja agresiva es muy probable que tenga antecedentes de violencia en su familia y su conducta no cambiará fácilmente, habrá que trabajar en ello.

La violencia en el noviazgo es más común que la ejerzan los hombres, sin embargo, las mujeres también utilizan formas de control como la manipulación y el chantaje.

Como padres, seamos responsables, fomentemos los valores en nuestros hijos, a respetarse y respetar a los demás, esta tarea no caduca.

Una buena relación comienza en casa.

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