«POTENCIAL»: Millenials, me retracto

20 octubre, 2017

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Tras el despliegue de fuerza social de las dos semanas posteriores al sismo del 19 de septiembre, muchos pensamos que nos habíamos equivocado, al menos en parte, al calificar a los millenials. No hablo de lo más visto: quienes fueron los primeros en sacar escombros, o a los bikers, a quienes trabajaron frenéticamente en los centros de acopio o formaron colas en la Cruz Roja para relevar turnos.

Me interesan más las experiencias que hablan de su centro: una computadora.

Elena Villaseñor, con su lap top ordenó el caos de datos del colegio Rebsamen y logró establecer una lista confiables de las víctimas. Fue ella la que con certeza dijo que no había ningunos padres buscando a Frida Sofía y que en la lista escolar no aparecía. Empezó con unas cartulinas y acabó sistematizando la información y dando certeza en la desgracia.

Griselda Pérez de Acha, con otros jóvenes de un colectivo necesario Verificado S19, que operó desde el Centro Horizontal,  en la Roma, y puso al servicio de la sociedad sus habilidades informáticas y de organización para ordenar en lo posible la emergencia. El resultado de esta experiencia los colocó como referencia del gobierno y de Google.

Rodolfo Concepción, estudiante de ingeniería industrial de Tecnológico de Monterrey, pasó dos semanas organizando la logística de la ayuda humanitaria en Morelos y defendiendo del saqueo del gobierno local los centros de acopio de Jojutla y sus alrededores. Su arma de batalla un celular desde donde coordinó la logística de toneladas de ayuda.

Benjamín Villa, entrenador de atletismo y quien a toda velocidad está fundando una asociación para la reconstrucción y opera la Red Nacional S21,  Su experiencia es emblemática de lo que viene: detuvo su frenética entrega de víveres, cuando vio crecer sin control las toneladas de ayuda en el zócalo Tlaltizapan y luego a un partido político adueñarse de ellas. Regresó al Estado de México y tomó su computadora para detener y ordenar la ayuda que venía de Monterrey y evitar así que fuera también robada por las autoridades de Morelos. Se prepara par reconstruir las primeras casa con el patrocinio de una empresa.

Me interesan personas como Alejandra López, voluntaria del derrumbe de Álvaro Obregón, quien con un liderazgo claro pudo coordinar a los voluntarios, ser par de los oficiales del ejército y apoyar a los rescatistas internacionales. Está muy lejos de quienes se resguardan en la tradición y en el espacio de lo privado. Ya era profesionista independiente, después del sismo ¿a dónde llevará lo aprendido?

De nuevo como en el 85 las autoridades le quedaron chicas a la sociedad civil, el gran reto es la continuidad y la permanencia del empuje social del sismo. En las Universidades ya se está tejiendo la estrategia de que nuestro saber se convierta en acción social efectiva. Se están tejiendo las redes entre nuestras instituciones, las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales,  y los miles de voluntarios que quieren entrarle a la reconstrucción. Con una condición: no queremos al gobierno.

Hubo un sector minoritario de princesas y mireyes que consideraron que no tenían nada que hacer, el mismo día del terremoto estaban tomando cerveza en los bares de la Roma, se fueron de fin de semana a sus casas a Cuernavaca. La gran prueba está por venir, la siguiente carrera es de fondo. Acompañar la reconstrucción para que el gobierno no se robe el dinero; pedir cuentas a las asociaciones que fueron las grandes beneficiarias de los donativos internacionales y cuando sea necesario  dedicar los fines de semana a hacer adobes nuevos. Esa es la siguiente prueba de los millenias.

 

Genoveva Flores. Periodista y catedrática del Tec de Monterrey.

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