«CUARTO PISO»: Detección a tiempo. Vivir o morir

Es una amenaza latente contra la mujer. Silenciosa, agresiva, si te invade tu mundo cambia, tu aspecto físico, tu estado emocional, tus proyectos.

En México la primera causa de muerte en mujeres mayores de 20 años: el cáncer de mama.

Erika es una amiga entrañable. Está casada, es mamá de dos hijos, una mujer fuerte, optimista y alegre.

Una guerrera que enfrentó al cáncer y que, gracias a la detección a tiempo, y al deseo de vivir, tiene una extraordinaria historia de éxito que contar.

“Estaba muy tranquila, realmente por mi cabeza jamás pasó la idea de que pudiera ser algo malo, no había razón de ser, según yo, porque siempre me ha gustado hacer ejercicio, nunca había fumado, ni me gustaba el alcohol y además no había antecedentes de cáncer en mi familia”.

Era diciembre de 2008, habían pasado dos meses de la celebración de su cumpleaños número 35. Un dolor en el seno y en el brazo, la obligó a una revisión, en la que el primer diagnóstico fue “mastitis” y que, según el médico, siete días de antibiótico, terminarían con el problema.

Pero no fue así, la valoración médica falló. Semanas después un oncólogo le hizo una biopsia, porque para entonces, ya había una bolita en la areola.

“Esperamos dos semanas para los resultados y pues llegó el día que marcó mi vida para siempre, el diagnóstico cáncer, la simple palabra me paralizó, la palabra cáncer seguía retumbándome en la cabeza, fue una noche eterna, moría de miedo y angustia pensar en mis dos hijos que en ese momento tenían 11 y 4 años, por desconocimiento del tema, para mi cáncer era sinónimo de muerte”.

Fueron días de descontrol, de lágrimas, de incertidumbre, de impotencia, de decepción, de coraje y de tristeza. Hasta que dos preguntas que ella misma se hizo, la sacudieron: ¿y si me muero? ¿Qué va a pasar con mis hijos?

Entonces comenzaron las adversidades y pesadumbres, como ella lo narra: “el tratamiento fue muy agresivo y muy radical, ya que es justamente lo que necesitaba para seguir viva. En febrero de 2009 me sometí a una mastectomía radical, completa que incluyó sacar 16 ganglios axilares de los cuáles dos dieron positivos a cáncer”.

Le siguieron 30 sesiones de quimioterapia y 25 radioterapias, que terminaron en julio de 2010.  Han pasado siete años y cada vez se aleja más la probabilidad de que el cáncer regrese.

“Aunque estoy consciente de que esta enfermedad es como una moneda en el aire, sé que mi actitud y pensar siempre positivo es la clave para salir adelante, hoy disfruto de mi vida como nunca antes y me obligo a que nada, ni nadie me robe la alegría por vivir”.

Mañana 19 de octubre se conmemora el “Día Internacional de la Lucha Contra el Cáncer de Mama”. Lo instituyó la Organización Mundial de la Salud, para concientizar a las mujeres sobre la prevención y detección oportuna.

La incidencia de cáncer de mama va en aumento. Anualmente se diagnostican 23 mil nuevos casos nuevos y cada día 15 mexicanas mueren por este padecimiento.

Lamentablemente más del 60 por ciento de los casos de cáncer mamario se detectan en etapas avanzadas.

La cifra es preocupante, por eso desde hace unos años, octubre, es el mes rosa. Color que nos recuerda y obliga a explorarnos, tocarnos, ir al ginecólogo, realizarnos la mastografía y ultrasonido. A no tener miedo y atender a nuestro cuerpo.

Las campañas de prevención y atención a las mujeres deben intensificarse en los tres niveles de gobierno, federal estatal y municipal, pero sobre todo en este último, donde existen municipios aislados y en pobreza extrema, en los que las mujeres siguen muriendo, sin saber que su mal fue cáncer de mama.

La detección temprana, la información y sobre todo el apoyo, podrían revertir el pronóstico de la OMS, que proyecta para el 2030, que el número de mujeres diagnosticadas de cáncer de mama en América Latina crecerá en un 46 por ciento.

Algo tendremos que hacer, para que, como dice Erika, nada ni nadie, nos robe la alegría de vivir.

 

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