«LA HOGUERA DE LAS VANIDADES»: Entre harakiris e independientes fake

¿El repudio estará presente de aquí al 2018? 

En México, por los temblores del pasado septiembre, el del 8, pero en mayor medida el del 19, colapsaron muchas cosas en la Ciudad de México, no solo casas, estructuras, edificios, escuelas, fábricas, iglesias, tiendas de autoservicio, plazas comerciales, tiendas departamentales. También parece haber colapsado ahora sí la percepción de la ciudadanía sobre los gobiernos delegacionales de la ciudad, sobre los distintos gobiernos locales, sobre el federal y sobre los partidos políticos.

Los efectos de la corrupción desbordada debido a la connivencia vergonzosa entre las autoridades delegacionales con las constructoras, y entre éstos y el propio gobierno local, quedó al descubierto abierta y llanamente cruda, ya que cobró cientos de vidas y dejó miles de damnificados que se quedaron sin nada.

Que no vengan a decir que fue la intensidad del movimiento telúrico, ¡no!, no fue así. Fue por el abuso de acciones humanas que transgredieron las normas legales y los principios éticos, y que se dio a nivel administrativo y político con la mayor ligereza una y otra vez y por años, por integrantes de distintos partidos políticos, pero en mayor medida por los colores que han prevalecido en los últimos años en las delegaciones y en el otrora gobierno del Distrito Federal, amarillos y azules.

Han pasado varias semanas y no se ve ninguna intención real de los gobiernos delegacionales, ni de las autoridades de la Ciudad de México, tampoco del Gobierno Federal de tomar medidas correctivas fuertes, serias, compatibles, acordes con los daños provocados, aunque para vidas perdidas no hay reparación posible. ¿Pero ni siquiera renuncias? Nada.

En otros países en donde no sólo se toma en cuenta la responsabilidad de ser servidor público honesto, también el honor y la calidad moral son valores imperdibles.

Un ejemplo que debiera de avergonzar a más de un mal funcionario mexicano sucedió en Japón en mayo de 2007; el ministro de Agricultura, Toshikatsu Matsuoka, se suicidó, se ahorcó y no por un socavón, no por contratos multimillonarios entregados a cambio de sobornos, no por cientos de muertos y/o desaparecidos, no por muertos y damnificados, sino por sospechas de corrupción. El Señor Matsuoka se quitó la vida por el simple hecho de ser mencionado como presunto involucrado en un escándalo de supuesta corrupción y malversación de fondos públicos, y debía comparecer ante el Senado nipón.

El político japonés “fue acusado de aceptar donaciones por parte de empresarios a proyectos públicos dependientes de su departamento y de no dar una explicación clara de elevadas partidas presupuestarias de su Ministerio”.

Y antes de pasar la vergüenza de ser juzgado, se arropó en un ritual similar al harakiri (seppuku, la palabra harakiri es considerada vulgar en japonés), el cual legendariamente se llevaba a cabo por los samuráis para expiar un fallo al código de honor (cualidad moral que impulsa a una persona a actuar rectamente, cumpliendo su deber y de acuerdo con la moral) voluntariamente o por mandato de un tribunal; en caso de que un samurái cometiera un delito de asesinato, robo, corrupción, o alguna acción deshonrosa.

La idea del deshonor entre ellos era poco menos que impensable, por lo que buscaban la muerte autoinflingida como forma de terminar conservando el honor. En México se diría que bien bastarían renuncias en cascada, para amortiguar la deshonra.

¿Independientes Fake o políticos piratas?

Debido al desprestigio de los partidos políticos, que no es de gratis sino provocado por el abuso en exceso del poder y del malo uso de recursos públicos, ahora resulta que los profesionales de la política, esos que viven de saltar de un cargo a otro, quieren y buscan desesperadamente disfrazarse con el velo de independientes; esos ex integrantes de partidos buscan sólo desprenderse o limpiarse un poco la cara del desprestigio, o sólo porque ya no les conviene persiguen por cualquier medio eludir el repudio ciudadano, o hasta obtener ganancias personales.

Pero el repudio estará presente de aquí al 2018. No pasó un día después de la catástrofe del Sismo del 19 de septiembre, cuando los mexicanos al unísono exigieron: “Que los partidos políticos no reciban ningún dinero para campañas, no queremos ver espectaculares, ni propaganda política, queremos que el dinero se utilice para la reconstrucción de México”.

¿Será que la ciudadanía pedirá, exigirá que muchos de los que se hacen pasar por independientes y que de independientes no tienen nada, tampoco malgasten recursos que bien podrían usarse para la reconstrucción?

El beneficio de la duda difícilmente será un pasaporte para que los disfrazados de independientes se muevan a sus anchas, en un México dolido y devastado. 

Paloma Ruiz. Comunicóloga por la UNAM, con especialidad en Marketing por la Universidad de Berkeley. Ha combinado a lo largo de su vida profesional el análisis político en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales, con el diseño de estrategias de comunicación y las relaciones públicas. Amante del mar y el buceo. 

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