«A LO QUE VOY»: ¡Déjenlos ir!

Prevenir es vivir. 

Los mexicanos ya tenemos la suficiente edad y experiencia como para seguir sufriendo las consecuencias por los sismos. Parecería que desde el terremoto de 1985 aún quedaron lecciones por aprender en materia de Protección Civil, pero que nos negamos a asumir.

Me refiero a darle poca importancia a los desastres naturales como en los movimientos telúricos de los pasados 7 y 19 de septiembre. El 19 de septiembre por la mañana, muchos empleados de empresas y oficinas “disfrutaron” el simulacro porque son minutos valiosísimos que se pierden para poder ir a la tienda, platicar con el de al lado o de plano echarse el cigarrito. Pero a la hora del temblor, el “chacoteo” se cambió por rezos y gritos.

Lo de menos es esto que le platico. En el caso del edificio colapsado en la esquina de Medellín y San Luis Potosí, colonia Roma, ocurrió algo que nadie hubiera imaginado. Al momento en que los empleados evacuaron el inmueble, permanecieron 50 minutos afuera y al regresar se les vino todo encima, luego de hacer caso omiso a las advertencias del vigilante Ignacio Soto Montes, quien les decía que “por su seguridad ya no pueden volver a entrar”, sin embargo, las víctimas tenían la urgencia de recoger unos documentos “muy importantes”.

Durante el tiempo que hemos venido recabando más información respecto a los daños por el terremoto, más historias vamos conociendo. Funcionarios de la delegación Cuauhtémoc me narraban, realmente consternados, cómo una señora de la tercera edad prácticamente postrada en su cama por una enfermedad que le aquejaba, sintió el presentimiento de la desgracia.

El edificio donde vivía tenía siete niveles, su departamento se ubicaba en el quinto. Le estoy hablando del número 149 de la calle Sonora, colonia Condesa, muy cerca del Parque México. La señora se encontraba con su hija Flor, a quien después del sismo su mamá le exigió que la dejara sola y se fuera con su hija pequeña: “tú salva tu vida, vete de aquí!”, le dijo la anciana a su hija, quien no entendía completamente la actitud molesta de su madre. Al salir, segundos después, el quinto piso se desplomó aplastando a la señora en el interior, en la cama donde se encontraba por años.

Estos casos que le cuento pueden servir de enseñanza para que en algún momento dado tomemos las precauciones debidas y no jugarle al valiente. ¿Pero qué hay del otro lado?, porque por lo visto poco se aprendió del temblor del 85’, ¿dónde están las campañas informativas, la difusión de prevención, la advertencia?

Ahora ya todos se preocupan, desde el gobierno federal y capitalino, quieren ir cocinando un protocolo que obligue a las empresas y negocios a prohibir el reingreso de su personal a las instalaciones hasta que se cuente con un peritaje profesional que avale la seguridad del inmueble en cuestión.

En este país como siempre, tiene que haber muertos y demás saldo rojo para que nos pongamos a pensar en crear medidas de certidumbre y seguridad para las personas que viven en zonas vulnerables. Incluso para nosotros mismos en lo particular, en el seno familiar.

Nada más un tip, por si lo desconocía: ¿usted debe saber que se encuentra protegido jurídicamente si decide faltar a su trabajo? Patrones y contratistas no pueden poner faltas o descontar sueldo en caso de ausentismo. La propia Secretaría del Trabajo y Previsión Social en su cuenta de Twitter publicó el 20 de septiembre a las 13 horas que “los centros de trabajo deberán suspender sus actividades hasta verificar y restablecer las condiciones de seguridad, #PrevenirEsVivir #Sismo”. 

Por favor, seamos sensibles a las causas. 

Atalo Mata Othón. Egresado de la escuela de periodismo Carlos Septién García. Tiene 19 años en el ejercicio del periodismo. Conduce noticiarios en Excélsior TV y es profesor universitario.

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