«EL ARCÓN DE HIPATIA»: Cuando el sexismo no da risa

En el acto “Ciudades seguras para las mujeres, acciones contra la violencia de género”, Miguel Ángel Osorio Chong, titular de la Segob, comparó al huracán “Katia” con una mujer que “viene firme, dura y con mucha agua”.

El secretario ya se había declarado feminista en un encuentro con estudiantes el año pasado en San Luis Potosí, donde afirmó: “soy feminista, veo por las mujeres, por lo mejor que tenemos”.

El comentario del pasado jueves desató una serie de críticas en redes sociales, desde memes hasta reclamos de la aspirante presidencial Margarita Zavala. Activistas lo cuestionaron, mientras que la prensa internacional movió la frase a la categoría del escándalo.

La presión motivó que Osorio Chong expresara sus disculpas a través de su cuenta de Twitter: “Siempre he sostenido que la mujer mexicana es fuerte, firme y decidida. Si a alguien ofendió este malentendido, ofrezco una disculpa”, publicó el funcionario en su perfil @osoriochong.

En el noticiero En Punto, de Televisa, se destacó que para evitar que los daños provocados por los huracanes sean relacionados con mujeres, desde 1979 la organización meteorológica mundial decidió añadir nombres masculinos a la lista empleada para nombrar a estos fenómenos de la naturaleza.

No pienso que el secretario de Gobernación haya pretendido ser despectivo en su metáfora, sino que más bien quiso expresarla con humor, tratando de ser empático con su auditorio. Por más buena que haya sido su intención, terminó cayendo en las bromas en las que se compara la fuerza destructiva de los huracanes con nombre de mujer (Katrina, Wilma, Paulina, Irma, Katia) con el carácter (y otros defectos) de las mujeres. Y sí, lamentablemente reforzó prejuicios y estereotipos de género que no son tan divertidos como hacer un chiste.

Casualmente, la polémica sobre Osorio surgió el mismo día que el conductor de radio Sergio Zurita desató la indignación durante el programa “Dispara Margot, Dispara” de MVS, en el que pretendió verse gracioso calificando de “golfas” y “estúpidas” –entre otros insultos– a las madres que visten ropa sexy cuando van a la escuela a recoger a sus hijos.

A diferencia del funcionario, que en el mejor de los casos quiso verse simpático, el locutor fue excesivamente agresivo. La molestia provocada por sus burlas lo orilló a ofrecer disculpas poco después.

¿Existe hoy día un límite ético a la hora de hacer humor sexista? Con esta pregunta se inició el conversatorio “Humor sexista: una mirada interdisciplinaria”, organizado por el Departamento de Expresión de la Facultad de Artes Liberales y la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile, y que tuvo lugar el día 7 de agosto en el Campus Viña del Mar. El profesor Felipe Valdivieso señaló que cuando nos introducimos en el tema del humor, nos encontramos con la ambivalencia entre lo expresivo y lo represivo. “Un chiste puede ser muy efectivo en cuando a hacernos reír, pero creando un estereotipo dañino”, explicó.

Si bien el humor es una parte esencial de nuestras vidas, al mismo tiempo tiene una función social. En palabras de Pierre Bourdieu, el humor sirve para difundir un habitus establecido por el poder. Dicho de otro modo, la mayoría de las veces el humor reproduce esquemas mentales establecidos por la cultura hegemónica.

En 2008 se presentaron en el Personality and Social Psychology Bulletin los resultados de una investigación sobre el humor. Dicho estudio consideró dos pruebas. Primero se demostró que aquellos hombres que eran expuestos a chistes sexistas se mostraban posteriormente menos propensos a apoyar causas femeninas. Segundo, se halló que hombres que observaban comedias sexistas mostraban una mayor intención a recortar más recursos de organizaciones de mujeres que de otro tipo. La conclusión del estudio es que los hombres con tendencia machista o misógina hacia la mujer redoblan esta animadversión si se exponen al humor sexista.

El humor permea nuestras relaciones sociales, impactando nuestro niveles de tolerancia a ciertos comportamientos que consideramos aceptables o inaceptables en el plano social.

Aclaro: no se trata de censurar el humor, un recurso vital tan necesario y en el cual debemos tener la capacidad incluso de saber reírnos de nosotros mismos. Pero debemos también estar conscientes de los prejuicios y estereotipos que se asoman entre las bromas que aparentan ser inocentes, como la del titular de Segob, y las que pretenden arrancar risas mediante la agresión frontal y el insulto abiertamente sexista, como las de Sergio Zurita.

Tenemos derecho a decidir de qué nos vamos a reír y qué estamos dispuestas a permitir. Pero la apuesta es mayor. No se trata simplemente de reaccionar furiosamente. Es hora de educar para que nuestro imaginario se cubra de igualdad y el denigrar no dé risa.

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