«COLUMNA INVITADA»: Ni Apocalipsis ni invasión zombie

Como si fueran pocas las escenas que nos llevamos a la cama sobre la devastación y caos que causó el huracán Irma en las costas del Caribe, los mexicanos fuimos interrumpidos en nuestro sueño por un temblor de magnitudes altísimas: 8.2 grados… Entre alarma sísmica, noticias, chistes en las redes sociales, rumores sobre una réplica aún peor, el tema de conversación por mucho ha sido el temblor que de Chiapas se extendió a varias partes de la República Mexicana. 

Y no por sentir que somos el centro del mundo, pero es que la historia de otros temblores, especialmente el del 57 y el del 85, ya nos tiene con los nervios a flor de piel, como si uno de los principales adjetivos que describen la ciudad más sofisticada y fantástica del mundo fueran inmediatamente después de “Caótica” y “Sísmica”.

En donde sea que se haya originado el temblor, aquí lo sentimos siempre. Para colmo, los capitalinos tenemos el hábito de ver todo como algo personal; además que aquí somos, en una gran proporción, asfalto y estructuras que, como si no supiéramos en dónde se acentó la ciudad, seguimos y seguimos construyendo, jugándole al valiente y poniendo el grito en el cielo cada que tiembla porque sabemos el riesgo inminente de vivir sobre la falla de San Andrés y en edificios altísimos construidos sobre lo que antes fueran canales y ríos.

Pocos minutos después del sismo de anoche, empezaron a circular por las redes sociales los famosos memes. Es la manera que ahora los cibernéticos habitantes de este país encontramos para desahogar nuestro estrés y ponerle un poco de picardía, como lo hemos hecho siempre a todas y cada una de las situaciones que nos acontecen.

También circulan como pólvora los rumores sobre un inminente fin del mundo. Personas que seguramente tienen línea privada con el creador, aseguran que el tiempo del Apocalipsis ya llegó. Estoy de acuerdo que ha sido una semana muy complicada, los huracanes han sido terribles y nos han dejado como secuelas fuertes lluvias e inundaciones aun a los que no vivimos cerca de las costas.

Hay personas que aseguran que la naturaleza está enojada con nosotros, que el universo nos está castigando; llaman a la unidad para arrepentirnos antes de que sea demasiado tarde para prevenir la furia de las fuerzas supremas sobre nosotros.

De todo esto, lo único que creo que hemos hecho mal ha sido talar árboles deliberadamente, destruir arrecifes para construir hoteles y embarcaderos y levantar edificios sobre espacios que, ya sabemos, son de alto riesgo por su ubicación geográfica, tirar basura y no hacernos responsables por todos los desechos que salen de nuestras casas y lugares de trabajo.

El resto no es más que el proceso natural de la Tierra. Que conste que sí soy una persona religiosa, por eso sé que antes de habitar nosotros los humanos el planeta Tierra, pasaron millones de años de su formación y se ha ido acomodando poco a poco; que los movimientos telúricos, tornados, huracanes, tsunamis y demás eventos no son más que movimientos propios de un planeta que está vivo

Nosotros somos de la Tierra, no la Tierra nuestra. ¿En qué momento pensamos que la podíamos someter? Como antes dije, el error es nuestro, por asentarnos en las orillas de los ríos y a los pies de las barrancas, o por a pesar de conocer las características del suelo, seguir explotándolo indiscriminadamente, por tirar basura sin importarnos que ésta tape las alcantarillas y no pueda correr el agua de las lluvias que año con año bañaban de vida los campos de nuestros antepasados.

No digo que no sea buena la oración y la unidad, pero lo que debemos es pedir por lucidez, por objetividad para saber qué hacer en el momento adecuado.

Los procesos naturales no se pueden detener y no son jamás un castigo. La tierra no nos odia ni nos quita; la tierra nos da, nos alimenta, nos vio nacer y nos provee de belleza; no se enoja, mucho menos busca lastimarnos. El día que dejemos de ver las cosas como agresión y entendamos que somos uno mismo con ella y que debemos cuidarla, vamos a aprender a vivir con responsabilidad y sin miedo.

No es un asunto de zombis ni de profecías. Las cosas pasan estemos en paz con nuestra conciencia o no.

Planta un árbol, ocúpate de tu basura, piensa bien en dónde fincar, invierte en buenos materiales de construcción, asume las consecuencias de tus propios actos e infórmate sobre los riesgos de cada territorio. Recuerda tus clases de ciencias naturales o échale una ojeada a los libros de tus hijos y hazle un favor a las personas que divulgan falsas teorías compartiéndoles información fidedigna y científica. La paranoia nos daña y empeora cualquier temor.

Espero que la noche nos encuentre en paz y tranquilos. No es cuestión de preocuparse, sino de estar alertas para actuar con prudencia y solidaridad. Estos son los riesgos de crecer; crecer duele –dicen– y este país ya creció.

Bárbara Lejtik. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, queretana naturalizada en Coyoacán. Me gusta expresar mis puntos de vista desde mi posición como mujer, empresaria, madre y ciudadana de a pie. @barlejtik

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