«DOLCE ÁLTER EGO»: Sólo cinco ingredientes y amor

Hace años, el canal Food Network transmitía la serie “Sólo 5 ingredientes” y yo era muy feliz de verla porque aligeraba mis tardes de mamá –siempre atareada– con hijos pequeños.

Conducida por una guapa cocinera californiana que mostraba cómo cocinar platos salados o dulces, casi en “un dos por tres”, la serie fue muy éxitosa debido –en gran parte– al carisma de su anfitriona. Todo lo que Claire preparaba constaba de sólo 5 ingredientes. Sus explicaciones claras y la precavida elección de algunos alimentos preelaborados, hacían ver muy fáciles sus recetas, especialmente las de los postres.

Aunque fueron pocas las veces que repliqué sus platillos, gracias a Claire aprendí que un plato no es más bueno o más sabroso por el número de ingredientes o por su método de elaboración. Entendí que lo más importante es: la calidad de los ingredientes, la cocción justa y saber destacar un sabor en particular.

El “pero” de sus propuestas era que, la mayoría de las veces, incluía ingredientes costosos o comprados ex profeso para su elaboración. Por ejemplo, aunque su “Ensalada ácida y crujiente” compuesta de filete de atún fresco, uvas rojas, nueces, limón y yogurt griego bajo en grasa, parecía algo fenomenal, el solo hecho de comprar el ingrediente principal representaba un gasto oneroso.

Y a falta de presupuesto o tiempo para emular sus creaciones, gracias a ella al menos adopté el hábito de preparar algo delicioso con sólo 5 o menos ingredientes ya existentes en mi despensa.

De manera que, si un domingo por la tarde ya no había casi nada en el refri y sí mucha flojera para ir al súper, de inmediato se activaba en mi cocina el mantra de “Sólo 5 ingredientes” y la imaginación.

Un sábado de invierno que en mi refri sólo había una lechuga y en mi canasta muchas mandarinas, naranjas y toronjas, recordé una bolsita de arándanos olvidada en la alacena y ¡voilá! Surgió mi “Ensalada de la casa”. Hoy favorita de mis hijos y los amigos de mis hijos.

También mi “Pasta Alfredo con Pollo” pero sin pasta, surgió un domingo en que, al darme cuenta de que no tenía fettuccine, se me ocurrió sustituirlo con tres enormes y frescas calabazas disponibles en el refri. Cuando la preparo (pollo, calabazas ralladas, crema, queso parmesano y ajo) desaparece en un dos por tres.

Las cenas son las comidas más susceptibles para echar mano de la alacena y el mantra de Claire. Las mamás mexicanas y latinas de mi generación no veían a Claire, pero sabían muy bien cómo estirar el gasto familiar preparando meriendas con sólo cinco ingredientes… y amor.

¿Quién no recuerda las cenas familiares a base de quesadillas, sincronizadas, molletes (bolillo, frijoles, jitomate, cebolla y chile), tacos dorados, arroz con leche (arroz, leche, azúcar, canela y pasas), pan tostado con mermelada, sopa de fideo con pollo o enchiladas con queso?

Una amiga me compartió la merienda preferida de su infancia: gordas dulces de harina con manteca (estilo Tampico) cubiertas de mantequilla y mermelada de fresa. Su mamá preparaba la masa por la tarde y, justo antes de la cena, les daba forma a las gorditas y las cocinaba al comal para que llegaran recién hechas a la mesa. Puedo imaginar cuánta dulzura.

También yo tengo recuerdos de los 5 ingredientes en mis cenas salvadoreñas: plátanos fritos con frijoles, crema y queso fresco. “Chancletas” (chayotes con queso, crema y pan molido al horno), torta de huevo con ejotes y crema. Carne molida con jitomate y col.

Imaginen por un momento que participan en un reallity show gourmet en el que les dan una charola con 5 ingredientes para preparar “algo” en determinado tiempo. Quizá los que no cocinan entrarían en pánico; sin embargo, les aseguro que por pura sobrevivencia, tal y como hacían nuestras madres con lo único que había en la alacena, de inmediato su memoria culinaria vendría a salvarlos, activando en su mente todo el bagaje gastronómico de su cultura, brindándoles varias posibilidades ante el fogón.

Mi cena más reciente con sólo 5 ingredientes y bajo costo fue inspirada por las “chancletas” de mi infancia. En mi refri había dos chayotes, media barra de mantequilla, algo de queso panela y crema. En la alacena, una chapata del día anterior.

Entonces, cocí la verdura al dente (parando la cocción con agua fría). Rallé el queso, freí trocitos de pan en mantequilla y cuando todo estaba listo tomé un lindo platón blanco sobre el que dispuse el chayote, la crema, el queso rallado y por encima el pan con mantequilla.

¡Sólo 5 ingredientes y mucho amor!

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