«POTENCIAL»: La dote, educación y un blog

Cada vez que leo la palabra dote en un texto de historia, serie o en una narración periodística tengo la certeza de que las cosas irán mal para las protagonistas. El  significado que se sigue dando en las economías empobrecidas de Asia, África y aún de América Latina es de una compensación, como si el valor de la mujer en el matrimonio fuera menor y por eso fuera necesario hacer atractiva la unión.

 

En países como la India, Pakistán, Bangladesh, pero no exclusivamente, la dote es algo que maldicen los padres tradicionales desde el nacimiento de las niñas, y en el caso extremo da lugar a abortos selectivos (en la India) y es sin duda alguna un obstáculo para el desarrollo de las niñas a las que se les niega la educación para reunir la dote.

 

Cuando Muhammad Yunus fundó el Banco de los pobres en Bangladesh, descubrió la increíble fuerza económica de las mujeres de su país, su gran calidad como administradora de los precarios recursos familiares y su capacidad de apropiarse de los microcréditos y hacer de ellos su apuesta al futuro.

 

El centro de sus proyectos de desarrollo fueron las mujeres más pobres de uno de los países más pobres. Había que librarlas de varios obstáculos que les imponía la cultura fuertemente patriarcal: la dote y la prohibición de hablar con varones.

 

El balazo que puso en peligro la vida de Malala, Premio Nobel de la paz en 2014, es la evidencia de otro de los grandes obstáculos de las sociedades patriarcales y radicales del “Islam”: la prohibición hacia las mujeres de acceder a la educación que imponen grupos radicales como los talibanes.

 

Siendo una adolescente, Malala mantenía un blog donde defendía su derecho a la educación, a un futuro y a elegir el rumbo de su vida. Un documental la puso en la mira de quien pretendió asesinarla, porque sostener que las niñas tenían derecho a educación y a un futuro, era atentar contra una de las piedras angulares de los grupos totalitarias islamistas: la subordinación total de las mujeres.

 

Boko Haram secuestró 230 niñas que estudiaban para “regresarlas” a su papel tradicional tener hijos y cuidar maridos, y para asegurarse las violaron. El delito de la guerra más generalizado contra la población femenina que además de la violencia impone la condición de una maternidad forzada. La traducción del nombre del grupo nos regresa de nuevo a la prohibición de la que hablamos: la educación Occidental es un pecado, no es que no secuestren niños, pero ellos son la minoría, su estrategia está centrada en las niñas y jóvenes.

 

El mensaje de Malala, su activismo, lo que escribía en su blog, su liderazgo apoyado por la ONU significa mucho más de lo que podamos dimensionar en México, para millones de mujeres que viven bajo la sombra de sistemas culturales de opresión masculina, es en sí mismo un mensaje rebelde, que reclama la libertad de decidir el destino de nuestras vidas, el futuro de nuestros sueños.

 

En México no se reconoce la dote como algo que sujeta a las jóvenes indígenas a condiciones indignantes de matrimonio, pero existe y representa un obstáculo al desarrollo y educación en México, como en Pakistán.

 

Bienvenido el mensaje de Malala, pues hay todavía mucho que hablar sobre las limitaciones de la educación para los pobres y en particular para las mujeres pobres.

 

Genoveva Flores. Periodista y catedrática del Tec de Monterrey.

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