«ELLAS EN EL RETROVISOR»: Claudia, la candidata

Claudia Sheinbaum ha sido designada como la futura candidata de Morena al gobierno capitalino.

Aunque habrá competencia electoral intensa en los comicios del 2018, la intención de voto le otorga una ventaja significativa al partido de Andrés Manuel López Obrador.

De manera que la actual delegada de Tlalpan es una candidata con muchas probabilidades de convertirse en la segunda gobernante capitalina y en la primera electa, ya que Rosario Robles ocupó el cargo cuando Cuauhtémoc Cárdenas se fue a la campaña presidencial.

A menos que hiciera una campaña pésima… A menos que alguno de sus contrincantes del PRI, PAN, PRD o de un eventual frente amplio electoral resulte ser un fenómeno que sorprenda y entusiasme a los habitantes de la CDMX.

A menos que a ambos factores se sume una campaña insípida y un adversario espectacular, Claudia Sheinbaum será la jefa de nuestra gran ciudad.

¿Es buena? ¿Vas con ella? ¿Vale la pena? Esas preguntas se vienen reiterando desde el jueves 24 de agosto, día en que la dirigencia de Morena informó que la delegada salió ganadora en la encuesta sobre quién tenía mejor imagen y más potencial para representar a ese partido.

Vaya que es buena, respondo en seguida. Tiene una historia política desde su juventud, cuando destacó como líder del Consejo Estudiantil Universitario (CEU).

Pertenezco a esa generación y nunca olvidaré que Claudia Sheinbaum fue la oradora principal del mitin que, frente a rectoría, pidió a mano alzada votar a favor de la huelga que en 1987 lograría frenar la eliminación del pase automático y el alza de cobro de cuotas.

Sé que tiene una formación académica sólida y que sabe de la importancia del sustento científico y tecnológico para encontrar respuestas a los desafíos de la Ciudad. Pero no tengo evidencias de que se trate de una política proclive al consenso, a la construcción de acuerdos y al reconocimiento de la pluralidad.

Y la forma en que fue procesada su designación en Morena, mediante una supuesta encuesta de la que sólo se supo cuatro días después, me hace dudar de si ese partido representa la democracia que demanda una ciudad tan diversa como la nuestra.

¿Vale la pena? Híjole. No me atrevería a contestar esa pregunta ahora.

Tengo dudas importantes sobre la visión de la política y el ejercicio del poder por parte de una representante de Morena, partido donde la disciplina acrítica hacia Andrés Manuel López Obrador es un requisito básico para lucir y escalar.

Pero por supuesto que le doy el beneficio de la duda porque se trata de una mujer inteligente, talentosa, dispuesta al trabajo y aglutinadora de apoyos diversos.

Sin embargo, por lo pronto, su manejo del tema de género resulta insuficiente y sesgado. Porque en sintonía con AMLO nunca ha reivindicado al feminismo como una mirada para entender la inequidad en nuestra sociedad.

Recuerden que López Obrador se negó a reconocerse feminista cuando el periodista Jorge Ramos le preguntó si lo era. Y el presidenciable de Morena respondió: “Las mujeres merecen el cielo”.

Pero en contraste a la ausencia del enfoque de género en su discurso político, Claudia recurrió al argumento de que había misoginia en su contra, al ser cuestionada sobre la falta de transparencia en la encuesta de la que salió ganadora. El alegato de la ya precandidata al gobierno capitalino fue que se hablaba de dedazo a su favor sólo porque era mujer.

De entrada, con esa posición, Claudia desaprovechó una oportunidad de oro para hablarle a los inconformes con ese resultado de su partido. Y, en seguida, echó a perder la defensa siempre necesaria para las candidatas frente a la innegable violencia política de género.

Es todavía muy pronto para definir el voto del verano de 2018. Y Claudia tendrá 10 largos meses para capitalizar la dorada circunstancia de ganarse la confianza de los habitantes de la ciudad más liberal y menos autoritaria de la República.

Sí: porque tendremos muchos baches y déficit. Pero en nuestra convivencia cotidiana y declaraciones aspiracionales, somos habitantes de una CDMX plural, tolerante, diversa, exigente y moderna. 

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